viernes, 9 de julio de 2021

**En la casa de la sombra. (cuentos)

 

En la casa de la sombra, de Enricostro,
Unos chicos “yotuvistas” que se dedicaban a grabar de todo y colgaban sus vídeos; ellos se atrevían con todo, hasta profanar panteones familiares en el cementerio.
Bueno, ¿qué pasó en esta casa? En una de estas sillas, justamente detrás, había como una sombra.
Uno de estos chicos golpeó esta silla, sin darse cuenta.
Y esta sombra salió aterrada, pues jamás se dio cuenta, durante cientos de años, de que su dueño, en tantos años de ruina, no se dio cuenta de que ya no tenía dueño. Se aterrorizó tanto que quedó en un rincón de esta casa. ¿Cómo pudo pasar y en qué momento?, se decía la sombra. La sombra no encontraba explicación, ni qué haría ahora.

Así que después de mucho pensarlo, se enfrentó a la sombra que lo había despertado, culpando a su dueño de todo cuanto le pasaba.

Las dos sombras, después de mucho discutir, acordaron pegarse a este chico, así que sería el único del mundo en tener dos sombras.
Desde entonces fue un problema para él, pues ya fuera en fotos o en vídeo, no saldría bien, y pareciera como si las tomas estuvieran movidas. Así que como el dueño de la sombra no estaba contento, dejó de salir de casa. Ya que las dos sombras seguían discutiendo,
La sombra de la casa volvió a la casa, a ver si conseguía recordar dónde y quién era su amo. Días y noches se tiró sentado en aquella silla y no consiguió recordar nada, solo que hubo un incendio muy grande una vez, pero no recordaba que allí murieron todos mientras comían. Un día por la ventana, sintió unos ladridos de un perro que estaba amarrado a una de las fincas de al lado. Salió y sigilosamente se acercó al perro; por detrás y buscando su sombra, vio que no era como la suya. salió corriendo sin entender nada.

Más adelante vio un ciervo, e hizo lo mismo y nada; una gallina en una granja cercana y tampoco; una tortuga, mucho menos.
Entonces recordó que la que más se parecía era la de aquel chico, aunque la suya era más grande y robusta; viajó por todo el mundo y todas las ciudades, probándose todas cuantas encontraba.
Un día de otoño se encontraba sentado en un banco del parque, porque lo cierto es que hacía mucho frío.
Y además estaba sumergido en una gran tristeza, pues aquello estaba desolado. Casas, más adelante, salió un anciano de un portal a pasito lento, y muy bien abrigado.
Este buen hombre anduvo por el parque, y como se cansaba, de vez en cuando se paraba y se sentaba un ratito en los bancos.
Al llegar a la altura donde estaba esta sombra, le tocó descansar.
¿La sombra pegadita a él se encontraba muy reconfortante? ¿Era como si hubiera estado en él toda su vida?
Así que le pidió permiso a su otra sombra; esta le dijo:
¡Sin problemas puedes quedarte con nosotros siempre que quieras, pues aunque no salimos mucho, todos los días damos un paseíto corto, por el solecito, que a mi amo eso le sienta muy bien!
¿Verás cómo nos divertimos las dos? ¡Sí, hay muchas gracias! Me siento tan calentito en este cuerpo que seré muy feliz aquí, ¡gracias!
Así este abuelito se levantó con algo más de fuerza, pues ya eran dos sombras las que lo sostenían. Ya pasaron tantos años que, aunque algunas personas no se explicaban cómo tenía dos sombras, tampoco parecían hacerles mucho caso y desde entonces las dos sombras fueron inseparables, para los restos de sus vidas.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
Cuentos.