jueves, 30 de abril de 2020

**Pensamientos de una mujer.

Felicidades por esta imagen; lo primero que se me ocurrió fue el título. Saludos. Concurso del castillo mágico del poeta.
Pensamientos de una mujer. 
¿Dónde estás, mi amor? ¿Qué tan lejos te siento en esta maldita guerra que nos separó?
¿Dónde estás, amor, que los días se me hacen noches, y las noches días, y este dolor tan grande, que no me deja vivir?
Vuelve ya, cariño mío, vuelve, que esta cruel guerra tiende a su fin, pero tú vuelve.
Desde el día que partiste, de este mismo muelle, vengo todos los días, y esta imagen de esta cruel guerra, que ya hace que terminó, aunque la tengo en mente, y no consigo olvidarla.
¿Dónde estás?, que a las olas les pregunto, y ellas no me quieren contestar.
¿Dónde, pues, buscarte? Ya hace años que no sé nada de ti, y esperando sigo, ¿hasta cuándo, mi amor?
Te busco entre la niebla, miro en las batallas, siento las bombas caer, pero tú no estás.
Cada noche, siento tus manos acariciarme, y tus labios me susurran que vendrás, y me despierto asustada, y otro día más.
Porque pensando en ti, la vida se me va.
FIN
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

sábado, 11 de abril de 2020

**Detención ilegal por el virus.

Confinamiento con un familiar con Alzheimer: actividades para ...
Detención ilegal por el virus de Enricostro.
Hoy sábado 11 4 2020, llevo ya casi dos meses en reclusión domiciliaria, condenado por un maldito juez llamado coronavirus, un ser tan insignificante como mal bicho.

Él me vigila por la ventana, me vigila al sacar la basura, no me deja que me acerque a nadie, pues no quiere que nadie me libere, y me tiene aquí preso.
Me acusa de destruir el medio ambiente, por derrochar, por ensuciar el aire.
Dice que soy destructor.

Me asomo por la ventana, pido ayuda, pero no hay nadie; el mundo parece vacío.

Solo veo muchos pájaros cantar, mientras sigo aquí sentado comiendo hamburguesas, salchichas y todo cuanto está a mi alrededor. Miro televisión, oigo la radio, hago de todo y de nada.
Esta es mi prisión en soledad, no tengo ganas de nada, me tengo que resetear, mas no sé qué hacer.

He pintado, arreglado cosas, he escrito, me acuesto, me levanto; ya todo es igual, esto es de locos.
Soy mi mismo carcelero por algo que no se ve; aun teniendo las llaves, abro la puerta, pero no consigo salir. Dicen que me moriré si lo hago. Y me siento.
Hoy he cambiado de silla, y me parece otro lugar, pues todo está cambiado, nada es igual. He visto otras cosas, otros paisajes, otra forma de pensar. Y estoy sonriendo, ya nada es igual; si me meto en la cocina, algo se me ocurre, y me pongo a organizar. Ufff, otro día he echado; me volveré a sentar.
Ya es de noche y mañana, Dios dirá.

Suena el reloj de la iglesia, son las seis de la mañana, nada más; en el silencio de la mañana, un gallo se oye cantar. Qué extraño, jamás se escuchó un gallo cantar.
Bueno, qué más da, ya es otro día y un cafecito me he de tomar.

Hoy viajaré al otro lado de la casa, que allí hay una puerta que hace años que ni se abre; de por sí, está llena de cosas, le llaman guardilla o trastero, qué cosa, verdad. Pues no sé qué es lo que hay allí.
Quizás sea una cueva de brujas o de fantasmas, no sé, pero hoy será un día muy largo, ya lo creo, y además de tristón, pues está nublado y tal vez hasta llueva.
Así que veré qué hay en esa cueva.

Lo sacaré todo, sí, así que me dispongo a trabajar duro. Veo muchos libros, los llevaré al otro lado de la casa: una mecedora, un espejo, muchas cajas de no sé qué serán, más cajas, un mueble de entrada... Uff, cuántas cosas.
Son las doce del mediodía y queda casi todo y sigo sacando; hay de todo, hasta joyas, sobre todo sartenes y paletas. ¿A qué les dije joyas? ¡No! "Eran ollas".

Pero es divertido, hay muchos recuerdos de familia, hasta una cunita, una palangana, persianas, un reloj de pared, y es muy grandote, otro de cuco, qué gracioso, que a lo mejor hasta funciona, un gran televisor de esos grandísimos, que tiene un culo ancho, ufff, cómo pesa.
Cinco álbumes de fotos.
Me he sentado a ver las fotos, y me lo estoy pasando muy bien.

Todo lo que hay, ya son las nueve de la noche; se me fue el día y no me di ni cuenta. Así que comeré algo y me iré a la cama, pues estoy agotado.

Vaya otro día de confinamiento. Dios, ¿quién puso tantas cosas en el piso, que no se puede ni andar?
Off, ya ni me acordaba. Tomaré otro café; son las diez de la mañana, y me he propuesto averiguar el fondo de ese cuarto.

Así que seguiré sacando cosas: dos camas desmontadas, una lámpara de pie, sillas de playa, sombrillas, una pecera, un armario, y está lleno de todo. Abro la puerta y está lleno de fotos de boda, cámaras de video y de fotos, hasta una Polaroid en su caja. Madre de cosas, los cajones a reventar, mecheros, llaveros, más fotos; hay de todo, y unas colecciones de coches de época, chiquitos que de niño tenía. Qué bonitos que son.

Este trastero es una joya, pues tiene hermosos recuerdos de mi niñez, montones de fotos de los abuelos, que no entiendo por qué están aquí solas y no con los álbumes de fotos.
No sé, lo menos, doscientas fotos, así que con ellas tendré otro hermoso día para pasar.

Todo lo de los cajones lo clasificaré y lo dividiré en cajitas, y tendré más hermosos días.
Pues mi curiosidad es cada vez más grande, por ver el fin de este cuarto, así que sigo sacando y sacando, hoy, un diábolo, que quizás sería de mi hermanita.
ooooo, cuántas cosas hay en este mueble de coqueta; era de la abuelita, la pobre se quedó solita ya muy mayor, y mis padres se la trajeron a casa; era tan buena y se reía mucho con nosotros.
Pues, aunque no lo creáis, éramos diez, con papá y mamá.
¿Cuántos recuerdos hay aquí guardados? Con razón la puerta ya no se podía ni abrir.
He seguido sacando cosas: una aspiradora, rulos de pintura, un sillón donde el abuelo solía sentarse cuando venía a casa de visita; a él solo le gustaba este sillón, y recuerdo que cuando el abuelo venía, mis hermanos y yo nos quedábamos en este sillón todos sentados, haciéndonos los locos.
Y cuando el abuelo entraba al salón, con su bastón nos corría a palos, y todos nos cachondeábamos de él, corriendo por toda la casa, pero era maravilloso.
Él se sentaba, sacaba su pipa y se ponía a fumar como lo que era: un gran señor. Y cuando ya se marchaba por la tarde-noche, nos daba cinco duros a cada uno y qué contentos nos poníamos; era un abuelo maravilloso.
Bueno, ya me hizo caer una lágrima que hasta me pareció ver el sillón moverse.
Se me ha pasado el tiempo.
Ya es de noche y estoy viendo todas sus fotos; cuánto recuerdo se ve entre las fotos, aquella casa de ellos tan grande y hermosa en la que vivían en el casco viejo de la ciudad.
Hola a todos, ya por fin le vi el fondo a este cuarto de los recuerdos.
Y ya que está vacío, lo pintaré y se quedará precioso.
Esto me llevará dos días más, pero bueno, ya no me importa, no tengo prisa; total, nadie vendrá de visita. Ya que el mundo entero está recluido.
Buenos días a todos. Hoy me dispondré al arte de pintar, pues tengo pintura, rulos, brochas; sí, es divertido. ¡Ala, a pintar!

Se ha pasado todo el día, y ya está lista; ha quedado preciosa.
Ahora iré metiendo todo bien organizado.
Pero apartaré dos ordenadores de estos de torre; eran de mi hermano. Los limpiaré y los desmontaré, a ver si después funcionan; iré apartando todo cuanto quiero mirar, para arreglar, y los álbumes y fotos sueltas.

 Todo esto lo apartaré para organizarlo y los álbumes irán al salón, y colgaré algún reloj de estos y ya cambió toda la casa, ja, ja, ja.
Bueno, ya me paso días bien ocupado, en lo que hago y tengo que hacer.
Ya por fin he metido todo bien organizado y, aunque las cajas llegan al techo, he dejado media habitación vacía.
  Todo esto ha sido una gozada y, de último, meteré todos los juegos de mesa bien puestos, pues antes nos divertíamos mucho todos los hermanos, sí.

Un día más, hoy les toca a los álbumes de fotos, y estos álbumes de sellos, este era del abuelo, tienen sellos antiquísimos y son preciosos. Los miré con una lupa y lo bonitos que son; hay unos de caballería lindísimos, sí.

Bueno, estoy calculando las fotos por su edad, según veo en ellas.
Las organizaré y las pondré en el mueble del salón.
Bueno, me llevará todo el día, pues no tengo prisa.
Ya cuando termine con todo esto, habrán pasado algunos días y, si me quedan más días, desmontaré cuarto por cuarto y, ya que estoy liado, los iré pintando todos, y el salón para el final.
Más para entonces, espero ser liberado de esta prisión, que es mi hogar.
Saludos a todos.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados de autor.