sábado, 27 de diciembre de 2025

**Silvia un buen amor.

 Silvia, ella era mi buen amor.

Siempre en Navidad me entregaba lo mejor.

Besos y caricias a montones.

Susurros del corazón,

Ilusiones por vivir, siempre en noches de pasión.

*

Silvia, yo la llamaba y siempre vivía en mí. 

Me entregaba muchas horas y solo pensando en mí. 

*

Yo la vuelvo a recordar, para que siga aquí conmigo.

Aunque sea en recuerdo y no piense que la he perdido,

*

Ella, yo la deseo que viva en libertad. 

Qué mucho mal pasó por su cuerpo. 

Aquel que yo quería adorar,

*

Que sin querer se me fueron los años.

¿Y ahora dónde estará?

Supongo que viviendo el momento.

De esta feliz Navidad, que con ella yo deseo. 

*

Que la pueda disfrutar.

A R rodeada de los suyos. 

Que la quieren de verdad.

Que ella me dio lo más grande.

Amor y felicidad.

Para vivir en este mundo,

Lleno de calamidad.

*

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados. 

sábado, 6 de diciembre de 2025

**Virus mortal año 5000.(Plagas)

Primer plano de una rata en el laboratorio | Foto Gratis

Virus mortal, año 5000. (Plagas)

Año 5002: Se desata una gran plaga en un laboratorio.

en Francia de ratas infectadas.

Se han escapado matando a todos los científicos, por un error humano. Estas ratas están provocando infecciones a las personas, contaminando los silos de harina y el pan doméstico en los hornos de la ciudad, causando grandes enfermedades a las personas. 

Año 5005, en Francia, en secreto, para no tirar estas harinas contaminadas, las han puesto más baratas y las están vendiendo por todo el mundo: España, África y muchos más países de Europa y Estados Unidos.

Así, en muchos alimentos contaminados por los vómitos de las ratas, además de multiplicarse por millones, entran en barcos, aviones y toda clase de medios de locomoción...

Año 5010. Plagas, millones de ratas por todo el mundo, provocan él

 Caos en todos los países, atacando a pleno día a cuantos caminan por las calles.

Se han hecho tan fuertes que solo mueren si las matan con armas, palos o piedras...

No mueren con ninguna clase de venenos; al revés, las hace más fuertes.

Chernóbil: Millones de ratas viven en esta ciudad fantasma, infectándose con radioactividad, pero no mueren, aunque parecen ratas zombis...

Millones de ratas colapsan alcantarillados, bloqueando todos los residuos y saliendo por cualquier vía, incluso por los váteres de los domicilios, habiendo que tapar todo...

El mundo entero trabaja en cómo fabricar un virus o bacterias que las puedan matar.

Y siguen experimentando con ellas con protección científica, haciéndose aún más inteligentes.

Estados Unidos y Rusia con Japón, conjuntamente, forman en un laboratorio cómo esterilizarlas y parece que surte efecto...

Año 5012. Para que surta esto, tendrán que soltar miles de ratas más por todo el mundo; estas estarán sanas...

Con este peligro está el toque de queda en muchas ciudades. Pues son muy peligrosas, pues atacan la mayoría en bandadas...

Noviembre del 5013: Los bomberos las incendian en grandes desagües de los ríos, matando a miles de ellas...

Ya en todos los establecimientos se venden muy baratos, lanza llamas y toda la ciudadanía colabora en esta extinción.

Parece que están mermando en su cantidad en todos sitios.

Pero algo está pasando, que muchas mujeres se están quedando estériles.

Tres años más tarde, las plagas de ratas van decayendo, pero la natalidad también, aunque nadie lo relaciona. Después de los últimos partos de mujeres, no hay más mujeres embarazadas, y la natalidad en todo el mundo empieza a decaer.

En sus investigaciones creen que es debido a la esterilización de aquellas ratas...

Año 5020, el envejecimiento en todo el mundo es extremo; en muchos países de África, India y Rusia tienen que trabajar todos los hombres que puedan aguantar.

En África casi han desaparecido.

En España los mayores son mayoría y ya no se jubila nadie; todos a trabajar. Se acabaron las pensiones y toda clase de ayudas a las personas; todos a trabajar, da igual de dónde vengan...

Todos se dedican a matar a estas ratas, sea como sea...

Año 5022: Las ratas han sido exterminadas y la calma en todos los sitios empieza a tener sus frutos.

Pero les queda a los humanos muchas personas muriendo, mayores que no pueden más, aunque los estados no les exigen mucho esfuerzo, pero de todos modos es agotador...

Año 5025: Ya no se ven niños en ningún lado del mundo. 

Las mayorías son mayores de veinte años para arriba...

Los científicos están a destajo investigando cómo remitir este virus a las mujeres, pero solo algunas presas aceptan inyectarse las pruebas a cambio de sus libertades. 

Año 5050: Todos los varones de las prisiones quedarán en libertad con la confirmación de que trabajarán duro por sus países. Eso sí, con tobilleras y vigilados.   

Año 6000

Más de un tercio de los seres humanos ya han muerto de viejos y el mundo entero está en decadencia, pero eso sí, los alimentos ya sobran por todos lados. Pues salen casi gratis...

Y además, solo suelen vivir la mayoría en el campo y para el campo; muchas ciudades han sido abandonadas o dejadas por falta de personas...

Año 6001, día 15 de noviembre. En la prisión de Córdoba nace un bebé, por una vacuna que le pusieron, y ha quedado en libertad y, además, han vacunado a todas ellas, saliendo libres de la prisión.

 ...y quedando esta prisión cerrada completamente por falta de reos...

Esta vacuna andaluza ha surtido efecto y el mundo entero respira por fin... haciéndolo fiesta para todos...

Ya el mundo entero comenzará de cero en estas Navidades.

que serán sonoras para todos.

Poco a poco se restablecerá el orden en todo el mundo, y todo el mundo bendecirá a este primer niño con los mejores reyes; vendrán de todos los países a conocerlo y será como un profeta de la creación, ja, ja, ja...

Se fabricarán millones de dosis de esta vacuna para todo el mundo, echando la maquinaria a funcionar de toda la tierra.

Habiendo que empezar de nuevo y quizás con más amor y piedad por todos nosotros que casi nos cargamos a la humanidad entera.

Paz, amor y libertad para todos.  

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.

 Novela de ficción.  


**Mi querido diario Secreto de un Diario.



Mi querido diario,

Secreto de un diario, .cpl.1.

Querido diario, me he armado de valor y he decidido ir a verla.

Mas ella no me esperaba.
He llamado a su puerta y ha tardado en abrir.
He supuesto que estaba con otro.
Y así ha sido, pues nada más abrir, ha vuelto a cerrar la puerta de su dormitorio.
Le he preguntado: ¿Estás sola?
Ella me contestó: «¡No!».
Me marcho: ¿no espera?
Ha vuelto hacia la puerta, ha mirado y ha vuelto.
Dime, ¿qué quieres?
Te echo mucho de menos, ¿sabes lo mucho que te quiero?
Sí, como siempre, ¿solo para la cama y después te vas?
No, no, me iré, pero ¿y él?, le señalé mirando el dormitorio.
Bueno, eso es cosa mía, tú en mí no mandas, y a él jamás lo abandonaré.
Entonces hemos terminado, le contesté, di media vuelta y salí de allí sin mirar siquiera.
Pues no estaba dispuesto a compartirla con nadie.
Así paso yo, como siempre, con mi genio creyéndome el machito.
Ya ves, diario mío, sé que ahora, después de varios días, me doy cuenta de lo cretino que soy. Es cierto que aparecía solo cuando me convenía; hacíamos el amor locamente y ella me correspondía con locura.
Cierto es que es una mujer de banderas, alta, esbelta y muy elegante, pero estando casado no podía arriesgarme mucho, pues también engaño a mi esposa, pero es que me gusta tanto, que no puedo ni quiero evitarlo; la deseo con solo tocarla, me excito y me rompo de emoción, más como ella se mueve, no lo hace mi esposa. Claro, tú, mi lindo diario, serás el secreto de nuestro amor. Ya jamás iré a verla.
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Cuatro años han pasado y la he vuelto a ver en la ciudad, con un niño de cinco o seis años; le he saludado.
—Hola, ¿cómo estás? ¿Y este quién es?
¿Ya lo ves, mi hijo, aquel hombre que estaba en mi habitación el día en que tú te fuiste por última vez?
Vaya, corriste mucho, sí.
¿Pues si me deshice del mezquino de su padre, que además era un gilipollas? Bueno, y ahora me marcho lejos, al extranjero; ya no volveré por aquí. Chao y cuídate, y le das recuerdo a tu señora...
Al día siguiente de verla, me confirmó por teléfono que era hijo mío. Además de llamarme estúpido, supongo que me lo merecí.
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… Mi querido diario cpl.2.
Mi querido diario, hoy te vuelvo a relatar esta historia tan triste para mí.
Hace varios días que mi esposa se ha enterado de que tengo un hijo de seis años. Y no me lo ha perdonado, pues no sé cómo se ha enterado, pero me ha echado de casa.
Así que me veo en la calle durmiendo en mi coche, y me ha pedido el divorcio inmediato.
Así que mi vida está hundida.
He decidido enterarme de dónde está María con mi niño.
Y he decidido marchar a casa de su madre.
Pero muy enojada me ha dicho que se lo comunicará a su hija a ver qué le dice.
Que vaya este miércoles próximo.
Bueno, por ahora tendré que esperar, pues espero que me acoja; si no, no sé qué voy a hacer.
Bueno, me iré a un hostal, pues mi sueldo es normalito, y esperaré allí, después de una ducha que me hace mucha falta, pues este estrés me hace sudar mucho. Hasta la próxima... a ver qué me contesta, que lo veo muy difícil.
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Mi querido diario, el rechazo cpl. 3.
El rechazo. Querido diario, esta mañana he ido a casa de la madre de María.
Para que me dé su respuesta.
He llamado a la puerta, y la madre de María me ha dicho: ¡
Pasa, siéntate, ¿quieres tomar un café?
No, gracias, no se moleste.
Bueno, Enrique, ¿no son buenas noticias?, pues María no quiere ni verte, además de que tiene novio y me ha dicho que no y que no te diga dónde está.
A mí se me empañaron los ojos, sin saber qué decir.
Al volverme encima del taquillón de la entrada, vi las señas de ella y las memoricé.
Abrí la puerta sin más, pues aquella buena señora nada tenía que reprocharle.
Vive en Caracas, Venezuela.
Bueno, en el otro lado del mundo, madre mía, no sé qué voy a hacer.
El caso es que también me han despedido del trabajo y estoy tocado y hundido, así que terminaré en el paro con una pequeña liquidación de doce mil euros. Todo me ha salido mal, no sé qué voy a hacer.
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Mi querido diario: La partida .cpl.4
Mi querido diario, he decidido tomar un avión e irme a Caracas. Con todo el dinero que me han dado, ahora mi mujer no me ha pedido nada, pues dice que no quiere nada mío.
Cuando llegue, veré si puedo invertir mi dinero en algún negocio.
Pues quién sabe, a lo mejor se me da muy bien.
Yo he sido camarero, y quizás ponga un bar o cafetería; no sé todo; ahora es un sueño.
He pasado unos días muy malos, solo pensando en ella y en nuestro hijo; veré cómo le va.
En poco más de doce horas, he llegado a Caracas.
He buscado una pensión, pues he llegado agotado.
Hoy ya me encuentro mejor, y he decidido coger un taxi y me ha llevado hasta la misma puerta de su casa.
Son las siete y media de la mañana; la he visto salir del portal, la he seguido y, tres calles más arriba, ha entrado en un bar.
Yo he entrado a continuación, y me he sentado en una mesa, he pedido un desayuno completo, café y tostadas, mientras la vigilo.
Ha entrado dentro del bar, pues se ve que trabaja aquí.
Me ha traído el desayuno; bueno, no me ha reconocido, pues ahora tengo una barba bien recortada, y cierto es que me veo guapísimo.
Le he visto la cara, y está bastante demacrada, y parece que le han dado una gran golpiza.
Me he quedado sorprendido al verla.
La he esperado fuera; son las diez de la noche y ya sale.
Pero hay alguien que la espera.
Le ha pedido el dinero, y ella no se lo quiere dar; la está golpeando en el portal de la casa, y eso no lo puedo consentir.
Así que me he tirado encima y le he dado tantos puñetazos, que ha quedado reventado en el suelo, y perdí el juicio, pues no sé cuántas patadas y pisotones le he dado, que creo que lo he matado, pues también ha dado con la cabezota en el bordillo, así que ella ha salido corriendo para su casa; yo me he largado de allí.
He entrado en mi pensión, he comido y ahora estoy escribiendo lo que me ha pasado.
Estoy agotado y mañana será otro día.
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Mi querido diario, El encuentro, cpl. 5.

  Mi querido diario, hoy he decidido verla, pues para eso vine y no me iré hasta tener respuesta.
Me he afeitado para no asustarla; es domingo, ella está en casa.
Son las doce del mediodía, he llamado al timbre.
¿Quién es?
¡Soy yo, Enrique de Córdoba, me recuerdas, quiero hablar contigo!
Me ha abierto la puerta. He subido por el ascensor.
¿Pasa?, me ha dicho:
¿Cómo te has enterado de dónde vivo?
Tu madre no me lo quería decir, pero cuando salía, vi una carta tuya, y memoricé las señas. Espero y no te enojes; no quiero hacerte daño, ¿sabes?, pues aún te quiero mucho.
Bueno, tenía al chico en los brazos.
En broma le he dicho: "¿Este es tu amante, verdad?" Ella se ha echado a reír. Bueno, al menos me ha tratado bien.
Me ha contado que ayer golpearon abajo a su novio, que ya no quiere ni verlo, que le ha golpeado varias veces.
Yo le contesté: Sí fui yo; al ver que te golpeó, ¿cómo está?
Bueno, está en el hospital, con muchos huesos rotos, pero no es muy grave, ¡aunque la policía te busca!
Bueno, tú no dirás que he sido yo, ¿verdad?
¡No, me has hecho un favor, es un idiota!
¿Y tú, cómo estás?
¡Yo estoy bien, bueno, tirando!
¿Y este granuja cómo está? ¿Qué guapo es? ¿Puedo cogerlo?
¡Sí, claro, si eres su padre!
¿Cómo se llama?
¡Como su padre!
Qué bien que olía mi niño, daban ganas de comérselo.
Ella me preguntó: "¿Qué vas a hacer?".
¿Me gustaría quedarme contigo, si tú quieres, claro?
¡Vale, tengo un cuarto aquí, te vale!
¿Sí, gracias?
¡Pero mañana, me levantaré temprano para irme a trabajar; tú te harás cargo del niño, mientras!
Si no, no te preocupes, ¿no te arrepentirás?
Bueno, hoy lo he escrito desde mi nueva habitación; mañana iré a por mis cosas al hotel cuando esté mi chica.
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Mi querido diario, la sorpresa. cpl.6.

Mi querido diario, hoy me he levantado muy temprano, pues mi chica se marcha a trabajar a la cafetería. Me he tirado todo el día con mi chico jugando, me lo he llevado al parque y lo he disfrutado como nunca.
Al mediodía viene mi querida novia y saldremos a cenar si ella tiene ganas, claro.
Ya sube el ascensor y es ella; bueno, lo cierto es que viene agotada.
Se ha sentado en el sofá.
¿Cómo estás?
¡Uff, muy cansada!
¿Tienes hambre?
¡Sí, sí, alguna!
Pues te tengo una sorpresa.
Le he hecho una paella buenísima, pues cuando en mis tiempos de perolero hacíamos paellas todos los domingos, en la peña, los boliches, yo era el ayudante del metre y con él lo aprendí todo.
Pues era fantástico el tío.
Bueno, cielo, siéntate a la mesa; el niño está comido y cambiado, como ves, duerme la siesta ya.
Bueno, cuando ha visto esta paella, hasta las lágrimas se le han saltado, pero cuando ha probado este gazpacho andaluz fresquito, ya sí que ha llorado.
Me dice que ha sido el día más hermoso de su vida.
Sobre las cinco, hemos salido a dar un paseo y es un día fantástico; ya sobre las siete, ha empezado a refrescar, pues se está nublando, y parece que va a llover.
María había pensado llevarte a cenar, pero veo que el día no es muy bueno, sobre todo para el niño, ¿verdad? ¿Tú qué opinas?
Bueno, yo creo que en casa lo pasaremos muy bien, los tres, pues jamás olvidaré este día.
Bueno, entonces, te prometo que los restantes días que vengan tampoco los vas a olvidar, te lo prometo.
Le he dicho que prepararé la cena y ella encantada.
Hemos pasado una velada maravillosa, hemos visto un par de horas la televisión y ya es tarde.
Nos hemos despedido hasta mañana, ¡sí, buenas noches!
Ya en mi cuarto y todo apagado,
María ha entrado en mi dormitorio como la madre la trajo al mundo, se ha metido entre mis sábanas y, madre mía, su piel era tersa y suave y, ¿cómo olía, Dios?, nos hemos acariciado, besado y de todo lo que se pudiera hacer entre dos amores.
Unnnnn, vaya noche más maravillosa y así hemos amanecido.
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Mi querido diario, el conflicto.  cpl.7.

Mi querido diario, como te he escrito, los problemas no vienen solos; he visto al novio de María en la esquina del bloque. No me fío mucho de él, pues hay varios tipos más por la calle, y muy forzudos. Me da que vienen a por mí, o a por ella. Y estoy algo asustado, no por mí, sino por María y el niño.
No voy a esperar que pase lo peor.
Soy cinturón negro, aprendido en el ejército, fuerzas especiales de infantería, en el Cuartel de LEPANTO 2. ¿En secreto?, creado por el teniente coronel La Portilla.
Solo éramos unos treinta, de la misma compañía, y estos no saben con quién se la juegan.
He salido por la puerta del patio del bloque; lo he tomado por la espalda con una llave que no se puede ni mover.
Le he dicho: ¿Qué haces aquí? Sé que estáis tres y te digo que, si me provocáis, o me entero de que te acercas a Mari, os mando al hospital y después tendrás un billete a la morgue".
¿Quieres probarlo? Sí, tienes cojones, llámalos. Mira, te suelto y me pongo en medio.
¿Vamos, valiente?
Alzó la mano para que vinieran, y de un salto le rompí el brazo, seguro que por tres sitios.
Chillaba en el suelo, como un cochino; los otros sacaron unas pistolas, así que cogí a este y lo puse frente a mí: Venga, dispara, él caerá y lo habréis matado ustedes.
O nos liamos a hostias y veremos quién gana, sí.
Así soltaron las pistolas en el suelo y nos liamos a golpes. Yo me llevé unos pocos, pero mi cuerpo estaba entrenado para aguantar esos y muchos más.
Bueno, se llevaron la paliza del siglo, quedando todos en el suelo: ¿ves, te lo dije? Ahora, ¿qué, te mato para que nos dejes en paz?
¿O te dejo lisiado para el resto de tu vida?
Él me suplicó que no, que nos dejaría en paz, para siempre.
Ya jamás volvieron a molestarnos.
El jefe de María, como es muy mayor, va a poner el bar en venta.
María, como lo conoce muy bien, pues él siempre la respetó y la trató como a una hija, nos ha traspasado el bar, así que trabajaremos codo con codo, y meteremos a alguien más para estar nosotros más sueltos y pasear con nuestro niño.
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Mi querido diario, todo va bien. cpl.8.

Mi querido diario, todo va bien.
Después de aclarar las cosas con este indeseable,
Me he marchado al bar, donde mi querida novia está a punto de salir.
Así que nos hemos ido a dar un paseo y a por el niño, que está con una cuidadora encantadora, que hemos contratado.
Todo marcha maravillosamente; hemos dado un paseo y le hemos dicho a la chica que se llama Marilú que si podría quedarse un poco más de tiempo, y nos ha dicho que sí.
Así que nos hemos ido al cine.
Bueno, la película era bastante picante, pues había sexo y drogas a montones.
Así que nos hemos salido a la mitad de la película.
Pues María y yo nos hemos puesto muy tiernitos, jajajá.
Yo no paraba de meterle mano, pues estaba muy cachondo.
Ya en casa, la chica se ha quedado dormida con mi niño, así que, como es muy tarde, la hemos dejado dormir.
Ha sido una noche hermosa de placeres y besos.
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Mi querido diario, el gran susto. cpl.9.

Mi querido diario, esta mañana se ha despertado Marilú muy temprano; yo no me acordaba de que se quedó anoche en casa.

Me levanté muy temprano al baño y, ¿cuál fue mi sorpresa? Que yo me siento a hacer pis y, cuando miro al frente, la ducha goteaba un buen chorro, pero como no escuché nada, levanté la cortina, pues sentí el agua caer, y allí estaba Marilú, toda desnuda. Ella gritó y yo también.
Salí de allí corriendo del susto.
Ufffff, ya no recordaba un cuerpo como el suyo, pues es muy joven.
Ella se ha duchado y ha salido asustada; yo le he pedido perdón, que no pensé que fuera ella.
Ella roja como un tomate, toda afeitada, ufff, hasta frío tengo.
Después de los perdones, decía que se tenía que marchar.
Ha salido Marilú y le ha dicho María:
¿Dónde vas tan temprano? Espérate y tómate un desayuno.
Yo tenía que irme al bar más temprano, pues me tocaba abrirlo a mí.
Más tarde llegó María al bar; dice que como vino de lejos no tenía donde quedarse y que la ha convencido para que se quede con nosotros a vivir, así que ahora está en casa con el niño.
No le ha contado nada de lo sucedido y yo no me atrevo a hacerlo.
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Mi querido diario, la cama cpl. 10.

Mi querido diario, desde la madrugada pasada no puedo ni dormir.
Esta chica me ha obsesionado, su precioso cuerpo, no me lo puedo quitar de la cabeza.
Aunque nos paseamos por la casa muy normal, ella guarda las distancias y siempre muy tapadita.
Cuando vemos la televisión, jamás me mira y eso me pone aún más inquieto.
Sin embargo, con María se lleva muy bien, guisan juntas y lo hacen todo entre las dos.
¿Será que soy invisible para ella?
El tiempo va pasando y todo marcha bien; ese sentir que cogí al ver su cuerpo desnudo ya se me ha pasado y la veo casi como a una hermana.
María desde el principio quiso que ella comiera con nosotros como una más.
Ya ha pasado algunos días de aquello, y ellas están en casa; bueno, es domingo por la mañana y apenas hay faena en el bar.
Y me ha llegado una inspección de Sanidad que me piden unos papeles con los sellos de la última vez, pero creo que están en casa. Se lo he dicho a la inspectora, que iría a por ellos en un momento, y me ha dicho que vale, que volverá en un rato.
Bueno, he llegado a casa y está todo en silencio; creí que estaba solo. He subido al dormitorio, donde están esos papeles, y cuál ha sido mi sorpresa, que las dos están juntas en la cama chupeteándose eso. Desnudas completamente.
Me he quedado de piedra; las dos me han mirado y se han tapado.
Joder, he cogido la carpeta de los papeles y he salido de la habitación sin decir nada.
Bueno, lo cierto es que me han puesto cachondo perdido.
La inspección ha pasado perfectamente.
Han llegado las dos y el niño al bar y, como si nada, María me ha preguntado por la inspección. Nada, todo ha salido bien.
Me ha alargado la mano acariciándome la cara como si nada.
Supongo que tendremos que hablar; no sé qué va a pasar, pues yo la quiero mucho.
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Mi querido diario, el deseo cpl. 11.

Mi querido diario, hoy, después de un duro día de trabajo, hemos llenado el bar de gente, como nunca ha estado, pues hoy había paella y gazpacho. Todo el mundo nos ha felicitado; hemos estado hasta las cinco de la tarde con la comida; ya los que han quedado eran para el postre, y se ha quedado Juan, que era el compañero de María; este echará el día.

Así que nos hemos ido a casa a descansar, pues
Ya son las cinco de la tarde; echaremos una orilla descansando.
Así ha sido, Marilú se ha marchado con el niño a dar un paseo y echaremos la tarde viendo la tele.
Ya es de noche y nos disponemos a acostarnos. Marilú, al levantarse, se le ha abierto la bata y no lleva nada dentro; parece que lo ha hecho a cosa hecha. No sé qué pretende, pero me excita un montón.
Así que nos hemos acostado, y con María he disfrutado una noche más de amor y placer.
Después de terminar de hacerlo, me ha propuesto.
¿De qué me parecía, si lo hacemos los tres?
Me he quedado tan pillado que no sabía qué responder.
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Mi querido diario, la broma cpl. 12
María ha llamado a la chica ya en el dormitorio.
Ha entrado desnuda y ya pensé que era cierto.
Pero Marilú me ha sacado de un empujón del dormitorio diciéndome: "¿Ni en tus mejores sueños?", así que me he marchado al otro cuarto sin más.
Vaya broma de mierda, dije yo, pero ellas sí lo hicieron real entre las dos.
Bueno, pensé que aquello sería pasajero, y solo dejé el tiempo correr sin más.
A los cuatro días, a solas, me confiesa que a ella también le gustaba, así que algunas veces lo hacía conmigo y muchas con ella.
Pero yo la quiero mucho, y no quiero perderla; el tiempo nos lo dirá a los dos.
Después decidió que yo saliera los sábados a divertirme, y ella saldría los domingos; bueno, supongo que sería Marilú, la promotora de todo. Aquello, estuvimos cinco meses así.
Un domingo vino sola; había encontrado a Marilú en los baños de la discoteca liada con otra chica y salieron de pelea, que llegó hasta arañada y con la ropa destrozada.
Me sentí triste por ella.
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Mi querido diario, la tristeza cpl. 13.

Ya hemos salido para Córdoba, nuestra tierra. Si todo va bien, mañana estaremos en casa. Bueno, en casa de su madre. Ella ya sabe lo nuestro, pues María habla todos los días con ella. Ya despega el avión y estamos muy nerviosos, y ella asustada a la vez. Pero también está muy animada, deseosa de ver a sus padres y que la madre vea a nuestro niño, lo grande que está ya. Así que se ha echado a descansar. En el aeropuerto he comprado unos regalos para sus padres, pues a María todo le ha llegado de sorpresa; ella descansa sobre mi hombro, y mi chico no para de asomarse por la ventana muy nervioso y no para de charlar por todo lo que está viendo. Ya son la una de la madrugada y se me ha quedado dormido, abrasado a mí. Ella duerme con esos labios carnosos, que no paro de besar. Bueno, ya veremos cuando aterricemos, que yo me estoy durmiendo también. Saludos, diario mío.
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Mi querido diario, la tristeza de cpl.14.

Ya, hoy la tristeza nos inunda; María está muy mal, tiene una depresión de caballo y no se quiere levantar.
Intento reconfortarla, y no me responde; me he echado a su lado y no para de llorar, me dice que la odia, que es muy mala.
Cierto es que Marilú no ha vuelto por aquí.
Así que del niño me encargo yo y del bar,
Han pasado varios días y sigue lo mismo.
Mas no sé qué puedo hacer.
Iré a hablar con el compañero Juan.
He llegado al bar, Juan, he pensado que, como María está muy mal de llevármela a España, a ver a sus padres, tú te harías cargo del negocio unos días.
Bueno, su respuesta ha sido sobrada, que sin problemas y que la chica nueva también le ayudaría.
Bueno, pues fantástico, Juan, iré a sacar tres billetes de avión, gracias, amigo.
He llegado a una agencia que está aquí al lado y ya tengo los billetes que salen esta tarde, a las siete y media.
No le diré nada a María hasta que lleguemos, y así no la estresaré más.
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Querido diario, el regreso con el 15.

Ya hemos salido para Córdoba, nuestra tierra.
Si todo va bien, mañana estaremos en casa.
Bueno, en casa de su madre.
Ella ya sabe lo nuestro, pues María habla todos los días con ella.
Ya despega el avión y estamos muy nerviosos, y ella asustada a la vez.
Pero también está muy animada, deseosa de ver a sus padres y que la madre vea a nuestro niño, lo grande que está ya.
Así que se ha echado a descansar.
En el aeropuerto he comprado unos regalos para sus padres.
Pues a María todo le ha llegado de sorpresa.
Ella descansa sobre mi hombro, y mi chico no para de asomarse por la ventana muy nervioso y no para de charlar por todo lo que está viendo.
Ya es la una de la madrugada y se me ha quedado dormido abrazado a mí.
Ella duerme con esos labios carnosos, que no paro de besar.
Bueno, ya veremos cuando aterricemos, que yo me estoy durmiendo también.
Saludos, diario mío.
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Mi querido diario. La partida. cpl. 16.

Querido diario, el regreso 
Llevamos 14 días aquí, en casa de mis suegros.
Así que mañana partiremos de regreso.
Bueno, María no quiere volver, pues dice que aquí está muy bien, y mi chico tampoco.
Pero se me ha emperrado y dice que no.
Así que no tengo más remedio que marcharme solo.
Y además, jodido.
Pues el negocio no puede quedarse solo más tiempo.
Me he embarcado en el avión bastante triste.
Pues ahora no sé qué voy a hacer.
Ya cuando llegue la llamaré para ver qué hacemos. Si vendemos todo y regreso o si ella vendrá más adelante.
Han pasado las horas y no he pegado ojo en toda la noche; así, cuando aterrice, que ya falta poco, cogeré el coche que se ha quedado aquí en el aeropuerto y me iré a casa a descansar.
Mañana me llegaré al bar para ver cómo va todo.
Sin otra cosa, hasta la próxima.
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Mi querido diario, el comienzo cpl. 17

Esta mañana he pasado por el bar; a las seis de la mañana he abierto muy temprano, pues he tenido una noche muy mala en soledad.
Ya hacía mucho que no estaba solo y me tendré que acostumbrar, claro.
He pensado que haré turnos completos para dar descanso a los trabajadores.
Me he pasado todo el día aquí.
Y ya es muy tarde.
El día se me pasó volando; todo ha ido muy bien.
Lo recaudado sobrepasa lo estimado por mí y les daré una gratificación a todos por el esfuerzo.
Son la una de la madrugada, y la compañera Rafi se ha quedado conmigo a cenar en el bar.
Pues ella quería saber cómo ha ido todo.
Ya sobre las dos y media la he llevado a su casa; es muy buena chica, y lo da todo.
Ya mañana será otro día.
Así que me he ido a la cama, pensando en ellos.
La he llamado antes de acostarme, pues allí ahora es de día.
Me dice que está muy animada y que me quiere mucho, y mi niño lo mismo.
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Mi querido diario: El bar CPL. 18.

Mi querido diario, están pasando los días y mi querida novia me dice que este año ya no vendrá.
Bueno, tendré que armarme de valor, pero será muy duro.
Todo marcha muy bien, el negocio va fantástico, y muchas noches salimos Rafi y yo; vamos al cine y al baile, pues ella no tiene novio, y lo pasamos muy bien. Yo cada noche se lo cuento todo a María.
Aunque dice que me entiende también, la noto algo desconfiada.
Esta noche precisamente se ha quedado viendo una película en casa; aunque la película era normal, tenía escenas de sexo y se nos ha ido de las manos. Hemos hecho el amor, sí, supongo que solo es eso, un folla-amigos, como se suele decir. Ahora me arrepiento de esto, pero anoche fue una cosa extraña, como si fuera un sueño; no lo sé.
Bueno, me temo que he metido la pata y esta noche me espera parda; creo que no me va a perdonar.
Bueno, es lo que me esperaba; le he dicho: "¿Que la quiero mucho y que fue solo un impulso sin darnos cuenta?", ¡y me ha dicho a la mierda, te vas tú y ella!, ¡y me ha colgado el teléfono!
Sigo llamándola, pero lo ha apagado.
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Mi querido diario, Mari no me coge el teléfono, cpl. 19.
Ya ha pasado más de un mes y solo ha hablado con Manuel, el encargado, y le ha dicho que vendrá a finales de año y que no quiere verme cuando venga.
Bueno, la comprendo, aunque ella hizo lo suyo con aquella chica de la que ya ni me acuerdo del nombre y yo jamás se lo recriminé.
No sé qué va a pasar, pero esperaré a que venga, pues quiero mucho a ella y a mi niño.
La esperaré, ya lo creo, quiero que me perdone, pues, en esto del amor, ufff, todo me puede.
¿Qué puedo hacer? Estoy muy apenado.
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Mi querido diario, el encuentro cpl.20.

Hoy temprano, he marchado para el bar, y cuando llegué, frente al bar, hay una confitería muy bonita y con un precioso escaparate, para los golosos del dulce, y me ha llamado la atención. Una señora, alta, esbelta y muy elegante, además de preciosa, con cabellos morenos y muy largos por detrás y recogidos a los lados junto a la puerta.

Así que, como me ha llamado tanto la atención, quise verla de cerca.
Llegué por detrás; tenía un vestido blanco con transparencias, y le hacía un culo maravilloso. Dándole el sol por detrás, se le notaba todo el tanga, pues era lo que llevaba.
Ella se volvió, cuando casi la tenía encima, y al verle la cara: "¿Silvia, eres tú?".
¡Enrique, eres tú! Uff, qué alegría, chico, ¿qué es de tu vida?
¿Bueno, trabajo aquí en el bar de enfrente?
Bien, ven, he bajado a comprar unos dulces para desayunar; vivo aquí arriba, ¿por qué no subes y charlamos un rato?
¡Sí, claro, qué alegría me has dado, chica!
Entramos en el ascensor y nos abrazamos fuertemente; ella olía maravillosamente a canela y vainilla. No sé si era ella o los dulces, pero de todos modos, ¡está para comérsela!
¿Te has casado?
¡No con el amigo Andrés, al final me harté de él y lo mandé bien lejos, era un cretino!
Pero tú, qué guapo estás, unnn, nos dimos otro fuerte abrazo, así, tierno y acogedor.
Bueno, charlamos todo el día, almorzamos y hasta cenamos, pues es buenísima cocinera, con unas manos grandes y suaves.
Bueno, ya te quedarás a dormir, ¿no?
Cierto es que con la penumbra de las farolas de la calle, no apetecía para nada salir, además de ese frío que hacía fuera.
Y que siempre la he deseado con locura y ella a mí también.
Fue un amor de la lejanía y cuánto nos quisimos; aunque el tiempo ha pasado, ella está aún más hermosa.
Ha sido una noche como ninguna; era nuestra noche. Jamás vi un cuerpo tan perfecto como el suyo. Esto ha sido lo más, así toda una noche de gran pasión, hasta quedar rendidos.
Ya ha amanecido y me he sentado en la descalzadora, contemplando ese cuerpo desnudo, tan bonito y suave, hasta que ella ha despertado.
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Mi querido diario, después de esta velada, .cpl. 21.

Después de esta entrañable noche, que nunca había soñado, he llamado a María, y me ha dicho, muy enojada, que por ahora no vendrá, que su padre está malito y que además no quiere ni verme.
Bueno, entonces no le diré nada de este desliz que repetiré en estos y otros días.
Sí, se lo he dicho a Silvia, todo lo que tengo con María y que tenemos un niño.
Me ha dicho: "Qué loco estás".
Pero bueno, así soy yo.
Nos hemos ido al cine a ver una de amor; bueno, más bien es un musical.
Cierto es que estamos maravillosamente bien.
Me ha contado tantas cosas al salir del cine, pues aunque la noche es fresca, paseando por el parque, se está maravillosamente.
Terminando en su casa, bueno, lo que vino a continuación, entre copas de vino y lo demás, es que ni se puede contar. Hasta la próxima.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

viernes, 14 de noviembre de 2025

**No hay cosa más grande.







No hay cosa más grande.
¿Qué siente tu corazón?
Muy pegadito al mío,
Y suspirando por ese amor.
*
Qué cosas tiene la vida.
Cuando me acuerdo de ti,
Son suspiros que suben al cielo.
Recordando tu sentir.
*
Si otra vida tuviera,
Para poderte alcanzar,
Buscaría las más bellas estrellas.
Para podértelas dar.
*
Y cuando pienso, te veo.
Como aquella primera vez,
¿En qué me decías "te quiero"?
Y yo ya te quería tener.
*
Que si besos tú me dieras,
Suspiros te daba yo.
Pues fuiste mi más hermosa.
de las estrellas,
Donde contigo quería vivir yo.
*
Que si en tu casa no estuve,
Contigo, yo soñé.
Y te veía durmiendo.
Y yo estando a tus pies.
*
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cosió Cámara.
YJ.YY.DODV.DD, CR.

viernes, 31 de octubre de 2025

**Hoy tengo ganas de ti.

 Hoy tengo ganas de ti. 

*

Que no me sienta solo.

Que tú estés conmigo. 

Que si yo no soy tu amante,

 Déjame, pues,

 Ser tu amigo. 

*

Hoy tengo ganas de ti.

 De ser tu fiel amigo, 

De desear, ese cuerpo tuyo. 

Y besarte hasta tu ombligo. 

*

Hoy tengo ganas de ti, amor. 

Y de ser tu hombro perdido, 

Que no te sientas sola.

 Que yo seré tu amigo.

Para darte mil sonrisas, 

Para darte mil suspiros, 

Y que pasemos, 

Esta noche, 

Abrasados junto a tu nido. 

*

Enrique Nieto Rubio. 

Derechos reservados. 

A.J.DOIV.C,OO.98.

miércoles, 22 de octubre de 2025

**Dos universos paralelos.

 



https://www.youtube.com/shorts/qQYab2tHFHg

 Dos universos paralelos

Uno naciente y el otro,

A punto de desfallecer.

Se junta como una estrella.

Para vivir juntos un nuevo amanecer.

*

Viven muy pegaditos, unidos en su pasión.

Viajando por la vida,

 Hasta que se apague su sol.

*

El uno lo vivirá todo; el otro ya lo vivió.

Y mientras caminara un mismo rumbo,

Hasta que los separe Dios.

*

El uno necesita de él.

 El otro brinda su protección.

Y mientras su música va sonando.

Y repartiendo todo su amor,

*

Y en ese amor que nos dejan,

Encienden nuestro corazón.

*

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.

Inspirado en anciano y chiquillo.

Compitiendo en una música de ilusión.

martes, 14 de octubre de 2025

**Hoy “La muerte no se guarda. La muerte camina.

 



Hoy “La muerte no se guarda. La muerte camina.
Aquí, en mi cementerio, hace un montón de años, mataron al guarda de este cementerio. A las 11 de la noche, varias personas que saltaron la muralla con unas escaleras le dieron tal paliza que lo dejaron muerto y en una fosa vacía. Allí lo tiraron, le echaron tierra simulando el fondo que por la mañana a primera hora. Lo enterraron y nadie se dio cuenta; han pasado los años y se ha muerto ahora la señora de aquel difunto que fue enterrado aquí. La han querido enterrar en la misma fosa que su esposo y, al sacarlo a él para meter a ella y después posar los huesos de él encima de la caja de ella, han descubierto que había otro cadáver. En la autoría han descubierto que fue el guarda del cementerio llamado don Antonio. Cuando lo han sacado, ha salido una ola de vapor como si de una nube fuera y a todos los que allí estaban sintieron un escalofrío que los dejó asustadísimos. Desde entonces han crecido las viviendas junto al cementerio, y hay vecinos asustados, pues muchas noches se ven ciertas luces extrañas y muy flácidas andando por aquellas calles del cementerio. Muchos vecinos sospechan que es el guarda y miran de reojo a través de las cortinas de las ventanas, y con mucho recelo. Pues ahora el fantasma del cementerio es don Antonio, guarda del cementerio. Y es seguro que nadie entrará a robar nada. En estos tiempos de cambios en todo el mundo, alguien del extranjero está pensando en volver a robar el cementerio. Pero es de seguro que una guadaña maldita rondará en el cementerio y si alguien cae, seguro desaparecerá.




Una noche de octubre, cuando el viento soplaba con fuerza y las hojas secas bailaban sobre las lápidas, llegó al pueblo un hombre de acento extraño. Decía llamarse Víctor, un investigador de fenómenos paranormales. Había oído hablar del caso del guarda don Antonio y quería comprobar por sí mismo si los rumores eran ciertos.

Víctor se instaló en una casa frente al cementerio, justo donde los vecinos decían que las luces se movían como almas errantes. Llevaba consigo aparatos extraños, cámaras térmicas, grabadoras de sonido y un cuaderno de cuero donde anotaba cada detalle. La primera noche no ocurrió nada. La segunda, escuchó pasos. La tercera vio una figura entre las tumbas, alta, encorvada, con una capa que parecía hecha de niebla.

Los vecinos, al enterarse de su presencia, le advirtieron: Aquí no se juega con los muertos. Don Antonio no perdona.” Pero Víctor no se detuvo. Al contrario, cavó más hondo en los archivos del pueblo, descubriendo que don Antonio había sido enterrado con una llave antigua, una que abriría una cripta olvidada bajo tierra, sellada desde hacía más de cien años.

Una madrugada, Víctor decidió entrar al cementerio con su linterna y su cuaderno. La niebla era espesa y el silencio, absoluto. Al llegar a la fosa donde habían encontrado el cuerpo del guarda, notó que la tierra estaba removida. Al tocarla, sintió un frío que le paralizó la mano. De pronto, la linterna se apagó. Y en la oscuridad, una voz ronca susurró su nombre.

Desde entonces, nadie ha vuelto a ver a Víctor. Su casa quedó vacía, sus aparatos intactos y su cuaderno abierto en la última página, donde solo se leía:

La guadaña no perdona. Don Antonio vigila.”

Años después de que Clara sellara la maldición, el cementerio volvió a ser un lugar tranquilo… hasta que llegó Elías, un joven arqueólogo obsesionado con los secretos ocultos bajo tierra. Había leído sobre la desaparición. Años después de que Clara sellara la maldición, el cementerio volvió a ser un lugar tranquilo… hasta que llegó Elías, un joven arqueólogo obsesionado con los secretos ocultos bajo tierra. Había leído sobre la desaparición de Víctor y la leyenda de don Antonio, y estaba convencido de que aún quedaba algo por descubrir.

Elías no creía en fantasmas, pero sí en reliquias. Su objetivo era encontrar la guadaña maldita, convencido de que era una pieza de poder ancestral. Una noche, armado con mapas antiguos y sensores de movimiento, entró al cementerio. Lo que no sabía era que Clara, ahora guardiana del lugar, lo observaba desde las sombras.

Al llegar a la cripta, Elías encontró la tumba vacía. La guadaña ya no estaba allí. En su lugar, una inscripción nueva había aparecido en la piedra:

“La muerte no se guarda. La muerte camina.”

De pronto, el suelo tembló. Las lápidas comenzaron a crujir. Y entre la niebla, una figura se alzó, más alta que cualquier hombre, con ojos como carbones encendidos. No era don Antonio. Era algo más antiguo. Algo que había estado esperando ser liberado.

Clara corrió hacia la cripta, gritando a Elías que saliera. Pero él, hipnotizado por la figura, no se movía. La criatura levantó una mano, y el aire se volvió hielo. Elías cayó al suelo, y la guadaña apareció flotando sobre su cuerpo.

Desde esa noche, el cementerio ya no tiene un solo guardián. Tiene dos. Y ambos vigilan que nadie vuelva a perturbar el descanso de los muertos.

Y la leyenda de don Antonio, y estaba convencido de que aún quedaba algo por descubrir.
Elías no creía en fantasmas, pero sí en reliquias. Su objetivo era encontrar la guadaña maldita, convencido de que era una pieza de poder ancestral. Una noche, armado con mapas antiguos y sensores de movimiento, entró al cementerio. Lo que no sabía era que Clara, ahora guardiana del lugar, lo observaba desde las sombras.

Al llegar a la cripta, Elías encontró la tumba vacía. La guadaña ya no estaba allí. En su lugar, una inscripción nueva había aparecido en la piedra:
De pronto, el suelo tembló. Las lápidas comenzaron a crujir. Y entre la niebla, una figura se alzó, más alta que cualquier hombre, con ojos como carbones encendidos. No era don Antonio. Era algo más antiguo. Algo que había estado esperando ser liberado.

Clara corrió hacia la cripta, gritando a Elías que saliera. Pero él, hipnotizado por la figura, no se movía. La criatura levantó una mano, y el aire se volvió hielo. Elías cayó al suelo, y la guadaña apareció flotando sobre su cuerpo.
Desde esa noche, el cementerio ya no tiene un solo guardián. Tiene dos. Y ambos vigilan que nadie vuelva a perturbar el descanso de los muertos.

Lo extraño y terrorífico es que uno de estos vigilantes ha abierto la reja del cementerio y ahora vigila desde afuera; se topa con los viandantes, aunque no ataca a nadie que no vea sospechoso. No parece hacer daño, pero este ser no anda, pues flota en el suelo y todo el que lo ve sale aterrado de aquella zona.

Las autoridades alertadas toman cartas en el asunto, pero ese ser no entiende nada; sus ojos color fuego aterran a todos.

El ayuntamiento forja a todo su alrededor una valla, dejando a este ser dentro y en este trance ha entrado otra vez en el cementerio y las puertas están selladas.

Enrique Nieto Rubio

Copilo T. i.a.

Reservados los derechos de autor.

miércoles, 24 de septiembre de 2025

**Declaración de Amor.1

 


Amada mía, que tu pasión me disloca,
 Y ya no sé quién soy.
Que en la senda de la vida,
Yo, sin ti, me pierdo y me vuelvo loco.

No te despegues de mí.
 Y envuélveme con tu infinito amor.
Y lléname de besos intensos...
Como siempre, llenos de gran pasión.

Que sin ti malo soy.
 Y teniéndote en mis brazos, 
Un corderito fiel seré.

Amada mía, siénteme en ti.
 Hazme el amor, mi señora. 
Hazme estremecer.
que solo con tus besos, 
La pena se irá de mí...

¡Sálvame, cariño mío!
Qué demonio soy,
 Y como ángel perdido,
 En tus brazos un hombre seré.
Hazme sentir mi vida.
 Que sin ti malo seré...
¡Ayúdame a que me crezcan alas!
Para un nuevo renacer, 
...y vivir contigo eternamente...
 Un hermoso atardecer.


Enrique Nieto Rubio
*Derechos reservados*
Colabora en imagen.
Silvia Regina Cossio Cámara.

**Dónde estarás cariño mío.

 



¿Dónde estarás?
 ¿Qué tanto pienso en ti?
Que sí, mucho amor tenía. 
Él se marchó de mí. 

¿Dónde estarás, pues?
 Que mi esperanza se nubló... 
Y si yo no te vuelvo a ver...
¿Qué será de mi pasión?


Un día decidiste alejarte...
Sin decirme ni un adiós, 
Y la amistad que teníamos,
 ¿Dónde, coño, se marchó? 
*
Que nunca me dejarías.
 Ese fue tu sentimiento. 
Ahora sé que todo fue mentira...
Que tu amor no era cierto.

Tantos años en que vivimos,
 Un amor apasionado. 
 Ahora me doy cuenta...
 Que tu amor todo era vano. 
*
Me decías que me querías.
  Que te morías por mí. 
Y al otro, que también lloraba,
 También le decías que sí. 

Qué lista fuiste, mujer...
 Jugando con dos amores... 
Dos amores a la vez.
 Y los dos te mandan flores. 
*
¿Acaso eran para mi entierro, no?
 O quizás para él, de él, ¿no? 
Pues debimos morirnos.
 Muchas flores te mandé.

¿Tú, yo y el hombre aquel?
¿Qué bonito era aquello? 
Un juego de amor que fue,
Pero solo jugabas tú.
Y nosotros, nosotros qué.
Aquellas lágrimas vertidas,
 Encima de aquel ayer; 
Están dentro de mí.
 Y por siempre en mi querer. 
Ya se ha pasado el tiempo.
 Y nada se puede hacer. 
Quizás fue que moriste.
 O te marchas con él... 

Así pues... no sufras por mí.
 Que sin ti yo viviré. 
¡Buscaré otro amor sincero!
 Y a ti... ¡Te olvidaré!

Enrique Nieto Rubio
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.    

miércoles, 17 de septiembre de 2025

**Benjamín Netanyahu, Cuando Jesús.

  Yo oro por la paz en El Salvador - Y JESÚS LLORÓ. Se narra en el Santo  Evangelio que en varias ocasiones Jesús llora. Ante la ruina espiritual de  Jerusalén, ante la


Cuando Jesús, hijo de Nazaret,

Mirando la tierra está.
Y en su casa, tierra santa,
Matándose continúan ya.
*
A la derecha de Dios Padre,
Él no para de llorar.
Sus lágrimas que derrama,
Es el agua que nos llueve.
Intentando que nos mojen,
Para calmar nuestras fiebres.
*
Fiebres de odio y riñas.
Fiebre del desamor.
Fiebres por estas guerras.
que causan tanto dolor.
*
Fiebres de ese odio,
Que no conseguimos aplacar.
Y él llora mucho.
Por lo que nos pueda pasar.
*
Pues su padre está muy enojado.
Por lo malo de este mundo,
Y discute con su hijo.
Quiere mandar otro diluvio.
O quizás algo peor.
Una piedra muy grande.
Que nos destruyan a todos.
*
O quizás un rayo fugaz.
Que venga de otra estrella.
que un día destruyó él
Por las malas personas que eran.
*
Y desde entonces, esa estrella desprende
Rayos mortales en todas direcciones.
Y quizás nos manden uno.
Para sembrar los horrores.
*
De vivir el mismo infierno,
delante de nuestros menores,
Que ninguna culpita tienen.
De que seamos unos cabrones...
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
*
No sé si es profecía,
o una mala intuición,
Pero si seguimos así.
Puede que lleve razón.

domingo, 31 de agosto de 2025

**Hotel (novela completa).

  Delante de un hermoso e imponente hotel, en el bordillo de enfrente, pasaba su tiempo libre sentado un chico llamado José.

Cada día, después de salir del colegio, comía el bocadillo que su madre le preparaba; luego salía corriendo y se acomodaba siempre en el mismo lugar.
Era un muchacho un poco retraído, y cuando sus amigos le llamaban, él simplemente los ignoraba. Nadie sabía por qué motivo a José le gustaba pasar su tiempo frente al hotel... Algunos decían que quizás disfrutaba viendo a los turistas entrar y salir.
Él jamás había trabajado; sin embargo, un día el conserje del hotel, quien lo conocía desde pequeño, lo llamó:
¡Eh, chico... ven!
Luego le preguntó... ¡Sabes qué labor desempeño en este hotel!
¡Sí! Claro que sí; tú estás para desempeñar el cuidado del hotel y muchas cosas más.
Estás en lo correcto, José, estoy para todo.
¿Quisieras ganarte un dinerito?
¡Sí, me encantaría!, contestó el chico.
¡Pues bien, hoy vienen unos turistas, y necesito que me ayudes a ingresar su equipaje!

El chico se sintió muy contento, y se sentó en el escalón del hotel a esperar; en ese momento él se sentía importante... Así pues, estaba impaciente y nervioso.
Después de esperar por unos minutos, frente al hotel se detuvo una limusina, y descendieron unas señoritas muy guapas, acompañadas de un señor muy elegante, de buen vestir.
José se levantó inmediatamente, a tiempo que el conserje le daba la orden de ir al coche y subir todo lo que le indicaran a la habitación.
José respondió, con voz tenue... ¡Como usted ordene, señor!
El chico realizó su trabajo maravillosamente, pero mientras iba y venía por las maletas, se percató de que las chicas se estaban desnudando, preparándose para darse una ducha.
José entraba mirando de reojo, mas nunca sin pararse un instante, y con la cabeza un poco agachada.
En una de sus idas y venidas, cuando el chico se disponía a salir para ir a recoger más equipaje... escuchó:
¡Hey, chico, chico... ven!
¿Cómo te llamas?
¡Mi nombre es José!
¿Podrías ayudarme a desabrocharme el sujetador, pues se me ha atorado?
José cumplió con la petición; sin embargo, se sintió morir cuando colocó sus manos en el cinto... junto a la espalda de la hermosa chica, pues percibía su belleza, su olor, la tersura de su piel... y la cercanía con su cuerpo.
Todo lo que estaba viviendo eran experiencias y sensaciones nuevas para él.
Así que el muchacho, con mucha delicadeza y casi sin tocarla, introdujo sus dedos y desabrochó el sostén; la chica, agarrándose el sujetador con una de sus manos, se volvió y le dio un beso, como gesto de agradecimiento.
La chica no era mayor que él... mas el pobre quedó paralizado... y de nuevo, con la vista al suelo, dio dos pasos atrás, en señal de respeto.
De pronto escuchó una voz varonil, preguntando:
¡Chico, ocurre algo!
José reaccionó y solamente respondió que estaba por retirarse, y así lo hizo... Se marchó para continuar sus labores.
Cuando subió todas las maletas, la última era la del señor que las acompañaba, quien agradeció su arduo trabajo como botones; mas no sin comentarle que había tenido que esperar, por mucho tiempo, por su equipaje.
El chico se disculpó por la tardanza, informando que solamente él estaba disponible para realizar dicha labor.
Cuando José se dio la vuelta para marcharse, el hombre se dirigió a él de nuevo, diciendo:
¡Chico, espera!
José se dirigió hacia él y se quedó parado.
¿Cómo te llamas? José, señor.
¡Buen trabajo, José, toma esto para ti; pero no se lo comentes a nadie!
La propina que recibió fue un buen fajo de billetes; José agradeció y se los guardó en el bolsillo, sin darle mayor importancia.
Este hombre lo percibió un chico maravilloso, pues fue testigo de la forma correcta en que se había comportado con la chica; así que le entregó diez dólares más... y le advirtió que si le preguntaban cuánto le había dado, mostrara únicamente la modesta propina.
José de nuevo agradeció modestamente, y luego se retiró, agregando que si necesitaba algo más, se encontraría sentado en el bordillo de enfrente del hotel.
El hombre quedó extrañado con la respuesta, pues no sabía que el chico no era empleado del hotel.
Minutos después, Antonio, que así se llamaba el huésped, se acercó a la ventana y se dio cuenta de que el chico se encontraba sentado enfrente del hotel, tal cual le había informado.
Intrigado, llamó al conserje por el teléfono y le dijo:
¿Podría enviarme a los botones de nuevo, por favor?
¿Perdón... a quién necesita?
A los botones... al chico que subió el equipaje.
Para ese momento ya eran las ocho de la noche, por lo que el chico se había marchado a casa... y volvería hasta el día siguiente, a eso de las cuatro de la tarde, luego de salir del colegio... pues esta era su rutina, día con día.
Siendo así, fue el conserje quien subió a la habitación.
Tocó a la puerta y preguntó:
Señor, ¿en qué puedo servirle?
Realmente no necesito nada, gracias. Solamente necesitaba hablar con el chico que subió las maletas.
El conserje, intrigado, preguntó: ¿Se ha perdido algo, señor?
¡No... no es nada de eso, no debe preocuparse!
¡Es bueno escuchar eso, señor; pues la verdad es que ese chico es tan solo un vecino de estos lares, y necesité pedirle su ayuda hoy por la tarde!
¡Si es así, no hay más que hablar! ¡Puede usted retirarse!
¡Gracias, señor; mas si necesita algo, por favor, no dude en llamarme!
Mientras tanto, llegaba a su casa; se dirigió a su dormitorio muy contento, y en una caja de zapatos, guardó su ostentosa propina... mas no le dio mayor importancia.
Se lavó las manos, bajó las escaleras y se fue a cenar en compañía de sus padres.
El papá no trabajaba desde hacía algún tiempo, pues estaba jubilado; pero económicamente vivían muy bien, ya que había sido un funcionario importante.
Los padres sabían que su chico estaba un poquito tocado, pero nada para alarmarse; pues el único problema era que tartamudeaba un poco cuando se ponía nervioso. Pero en general era un chico maravilloso, pues era buen estudiante, obediente y, sobre todo, poseía un gran corazón, y daba todo a quien le necesitara.
José, como todos los días, era muy puntual, así que el siguiente no fue la excepción; llegó frente al hotel a la hora acostumbrada y se sentó en su bordillo... tal cual hacía siempre.
El conserje, cuando lo vio, lo llamó:
¡José, José, ven, por favor!
¡Sí, dime... qué necesitas!
¡Ayer no te pagué por ayudarme en el trabajo, así que toma diez dólares! ¡Muchas gracias, señor!
Luego de nuevo, el muchacho se volvió a su bordillo, y así transcurrieron dos días más; en los cuales su corazón latía aprisa cuando veía a la chica salir del hotel... más ella nunca lo vio, ya que inmediatamente subían a la limusina y partían a trabajar.
Al tercer día, don Antonio llamó al conserje y le dijo: "¡Por favor, podría usted decirle al chico que está frente al hotel que suba un momento!". ¡Sí, señor, ahora mismo!
El conserje salió a la calle y lo llamó:
¡José! ¡José, ven!
¡Recuerdas la habitación a donde subiste las maletas!
¡Sí, señor! ¡Pues sube, que el hombre quiere hablar contigo!
El chico, emocionado, subió corriendo y llamó a la puerta. Don Antonio abrió, y le invitó a sentarse por un momento, y le dijo:
¡José, ¿sabes por qué este hotel se mantiene casi sin huéspedes? ¡Siendo precioso y está en un buen sitio!
El chico contestó: "¡No sabía... expresar porque lo único que me llamaba la atención es que, generalmente, los turistas que llegan, se van!"
Al siguiente día... y otros más el mismo día de su ingreso... ¡Más desconoce el motivo!

Don Antonio prosiguió:
¡Esto que te diré, te pido, no lo comentes con nadie; pero en realidad lo que sucede es que el servicio es pésimo! Solamente hay dos empleados: una mujer y el conserje. ¡Para que este hotel se desenvuelva correctamente, tendrían que contar con más personal, pues, como te comenté, el servicio es malo!
Nosotros nos marcharemos mañana, pues las chicas se quejan de que la comida es horrible; además, ¡se les ha perdido ropa! En lo personal, te comento que dejé mi cartera en la mesita, y me han sacado cien dólares; y esto me ha colmado la paciencia, pues es un hotel de ladrones.
El chico no sabía cómo responder, así que no dijo una sola palabra... Se encogió de hombros, aparentando que no le importaba. No obstante, el chico lamentaba profundamente la noticia, pues desde que conoció a la joven, que tan amable y cariñosa fue con él, no podía apartarla de su mente. Toda esperanza de encontrar la forma de llegar a ella había muerto.
Don Antonio se percató de que José no le estaba prestando atención... estaba ensimismado en sus pensamientos; así que le preguntó al chico si lo había escuchado:
¡José! José... ¿Te encuentras bien, o es que acaso tienes un problema?
—Lo siento, señor, no me sucede nada; solamente me distraje por un momento.
Bueno, como te decía: ¡nos vamos decepcionados del hotel, pero tú has sido el único que me ha demostrado ser un chico honesto; así que si estás disponible, espero estés mañana por la tarde presente, para ayudarnos...!
¿Estás de acuerdo?
José, sin dudarlo por un momento, categóricamente dijo que sería un honor trabajar de nuevo para él.
No creo al ciento por ciento que te agrade trabajar solamente para ver mi carota. ¡Ajájájájá!
Tú has conocido a algunas de mis chicas modelos; ellas quizás son un poco más jóvenes que tú... ¡Pero me preguntaba si te han parecido hermosas!
¡Ajájájá, señor! ¿Que si me parecen hermosas? ¡Claro que son preciosas, sobre todo Anita!
En ese preciso momento, salía una de las chicas del dormitorio, en ropa interior... quien, al ver a José, se sonrojó y volvió a su habitación para cubrirse con una linda blusa camisera; vestimenta que, si bien es cierto, cubría su torso, dejaba al descubierto la belleza de sus bronceadas y muy bien torneadas piernas.
Cuando la chica volvió a salir, exclamó:
¡Hombre, José! ¡Tú sí que eres un hombre escurridizo... pues estabas completamente desaparecido!
¿Cómo estás, amigo?
El chico apenas podía creer en su suerte... pues era Anita, la chica que con anterioridad le había dado dos besos, y por quien en las noches, difícilmente, se le hacía conciliar el sueño... La chica lucía maravillosa.
José, quien había perdido hasta el sentido por ella, nervioso respondió:
¡Muy bien, gracias... es un gusto volverte a ver!
Se sentía tan incómodo que, al saberse incapaz de continuar con la conversación... acto seguido, simplemente se despidió.
Cuando José bajó a la primera planta, el conserje le preguntó:
¡Qué te ha dicho don Antonio!
No me dijo nada importante, solamente que mañana se van y me pidieron que venga a ayudarles. Bueno, claro está... si es que tú no tienes inconveniente.
El conserje le dijo que no había problema, y que lo esperaba al día siguiente.
El chico salió del hotel y se fue al frente, para seguir sentado en su bordillo... Desde el arribo de don Antonio y las chicas, su necesidad de mantenerse en el lugar era mucho más fuerte.
Ese día se retiró más tarde de lo usual, con la esperanza de volver a ver a Anita salir; mas esto no sucedió.
Continuará...
Al día siguiente, José estaba puntual como siempre. Las chicas ya estaban listas para partir, por lo que inmediatamente comenzó a bajar las maletas.
Cuando terminó su trabajo, don Antonio, como propina, le entregó otro buen fajo de billetes, diciendo:
Amigo José, toma mi tarjeta personal y, si necesitas algo, por favor, nunca dudes en llamarme... ¡Sí!
¡Vale, señor... es usted muy amable, muchas gracias!
Más te pido que no lo hagas para que recomiende este hotel, porque espero que comprendas que eso no podría hacerlo.
Sí... lo sé, señor, es una lástima; aunque no puedo dejar de sentir tristeza, porque el edificio es único, pues a pesar de estar descuidado, es sencillamente majestuoso... Además, es mi pueblo y considero que es precioso. ¡Lo sé, José! ¡El hotel tiene potencial, el lugar y sus habitantes son afectuosos, la playa es hermosa; pero por esta región no hay hoteles que cumplan con la categoría a la cual tengo acostumbradas a mis chicas!
¡Sí, señor... así es; en eso usted tiene toda la razón!
¡Bueno, no les quito más su tiempo, ha sido un gusto conocerlos y haber podido servirles de ayuda!
¡Les deseo buen viaje!
¡Adiós, chico, cuídate mucho!
Anita, que ya estaba a bordo del automóvil, sacó la mano para despedirse de José, y le entregó un papel con su dirección, pidiéndole que le escribiera de vez en cuando.
José, sumamente emocionado, alzó la mano para despedirlos, prometiendo que pronto tendría noticias de él.
José continuó tal cual lo había hecho siempre; día con día iba frente al hotel y se sentaba en el mismo lugar, viendo con tristeza cómo el edificio se deterioraba cada vez más con el paso del tiempo.
Para esos días, el hotel no era más utilizado por los turistas... y si por suerte alguno ingresaba a recepción, al cabo de unos minutos, tomaban rumbo en otra dirección.
Un día domingo por la mañana, José amaneció triste y acongojado por el descuido en que estaba su tan querido hotel, y molesto les dijo a los empleados:
¡Ustedes son los únicos responsables de que el hotel haya caído en desgracia, pues el servicio que prestan es de mala calidad, su comida es de tercera y la higiene es nula! Agregó también que él
Cliente, a quien él había conocido, le había comentado lo mismo.
Al conserje poco le importó... y a los cuatro meses, se veía un letrero donde se informaba que el hotel estaba a la venta.
José, para ese entonces, ya tenía diecinueve años... así que marchó a casa de sus padres y les dijo que deseaba comprar el hotel del paseo.
¿Cómo... qué estás diciendo?
¡Sí lo quiero, pues siempre he estado enamorado de él; y no dejaré que nadie más lo compre!
¡Bueno, hijo, pero tú no sabes llevar un hotel; además, debe valer mucho dinero!
¡Pues es mi sueño, moveré cielo y tierra y lo compraré! ¡Me he informado y el precio es de once millones de pesetas!
¡Hijo, te quisiéramos apoyar, pero nosotros tenemos quizás cinco millones ahorrados y es el dinero de toda una vida!
José inclinó la cabeza y, abrumado, nuevamente enfatizó:
¡Pues yo lo quiero!
Estaba determinado a hacer lo que fuese necesario; así pues, se armó de valor y se marchó a una cabina telefónica... Llevaba consigo solamente sus sueños y la tarjeta que don Antonio le había dado.
Con las manos temblorosas, pero sin dudarlo, marcó el número y alguien contestó la llamada; ...
¡Buenas tardes... con quién desea hablar!
¡Buenas tardes, para usted también! ¡Por favor, comuníqueme con don Antonio!
¿¡De parte de quién!?
¡Dígale que soy José, el chico del bordillo de enfrente... él comprenderá!
La mujer que contestó el teléfono dijo: "¡Don Antonio, le llama alguien que dice ser el chico del bordillo de enfrente!" ¡Ajájájá!


El señor sabía de quién se trataba, así que tomó la llamada.
¡Hola... qué grata sorpresa! ¿Cómo estás, amigo?
¡Muy bien, don Antonio, más he abusado llamándole para pedirle un gran favor!
¿Qué quieres... dime, muchacho!
¡Quiero comprar el hotel, lo están vendiendo, mas usted sabe que desde pequeño he amado ese lugar, razón por la cual siempre pasaba mi tiempo libre allí!
¡Cuánto es el precio que están pidiendo por el hotel!
¡Es de once millones de pesetas, señor!
Después de un breve silencio, en el cual don Antonio meditó acerca de la propuesta, respondió:
¡José, debes saber que no tengo tiempo para dedicarme a otro negocio que no sea el que tengo ya; y en caso de que acepte ayudarte, será únicamente porque tengo la certeza de que, a pesar de tu corta edad, eres un hombre correcto!
¡Por supuesto, don Antonio, si usted me apoya... haré todo lo que esté en mis manos para que el hotel crezca!
¡José, estás consciente de que deberás trabajar arduamente... quizás de sol a sol!
¡Por supuesto, señor, al trabajo no le tengo miedo!
¡Eso precisamente es lo que deseaba escuchar, mi querido José!
Te ayudaré porque soy testigo del amor que profesas por ese lugar y sé que pronto lo levantarás. Por el momento, contacta al dueño para decirle que no lo ofrezca más; y dile que eres tú la persona interesada en el inmueble.
Por mi parte, no podré quedarme para apoyarte en la toma de decisiones; no obstante, puedes llamarme en el momento que consideres necesario, y estaré presto para asesorarte.
Deberás ser muy astuto e inteligente en el manejo de la administración del hotel, de forma tal que sea uno de los mejores de la ciudad.
Si acatas mis consejos y trabajas con esmero, seguro estoy de que este hotel se mantendrá lleno... y posiblemente muchos huéspedes se quedarán por tiempo prolongado; y, por supuesto, a mis modelos les encantará la idea de visitar más a menudo tu pueblo, pues con una estancia cómoda, ellas no tendrán reparos para trabajar.
José apenas podía creer lo que estaba escuchando, así que entusiasmado le expresó a su beneficiario su gratitud por la confianza depositada en él, prometiéndole que le haría sentir orgulloso, pues dicha empresa sería un éxito total.
Don Antonio se limitó a decir:
¡No me agradezcas nada... lo que deseo es que, con tu desempeño, me lo demuestres, y me hagas sentir que tomé la decisión acertada!
Continuará...
El señor se presentó el jueves, tal cual habían convenido... Se reunieron con los dueños del hotel y, sin mayores inconvenientes, después de unos cuantos regateos y de revisar que la documentación estuviese en regla, se dirigieron a la oficina del notario y se realizó la compraventa del inmueble.
Estando ya solos, don Antonio habló seriamente con José, diciendo:
¡José, esta inversión ha sido grande, y no es un juego de chicos, por lo que te asignaré un contable de mi confianza, para que te apoye en las finanzas! Pero el único responsable de la administración y toma de decisiones serás tú. Si quieres que todo marche bien, recuerda que las personas que tú contrates deben ser personas honestas y muy trabajadoras.
¡Tú ocuparás el puesto de gerente general, y solo sobre ti recaerá la responsabilidad de que este proyecto sea un éxito!
Don Antonio le extendió la mano, estrechando la de José, diciendo:
¡Con este apretón de manos, sellamos nuestro trato; y a partir del día de hoy! ¡Serás como un hijo para mí!
Luego le dijo que pronto regresaría a visitarlo, y que no solamente sería para conversar de negocios, sino que sería también placentero; pues Anita, la chica que le había dado un beso, le había confesado estar enamorada de él... y que vendría al pueblo para quedarse a vivir, exclamando:
¡Amigo mío, prepárate... pues te quieren echar la soga al cuello! ¡Ajájájá!
Luego se despidieron con un fuerte abrazo; don Antonio abordó su auto, asegurando que estaría de vuelta mucho antes de lo que él podría imaginar.

Inmediatamente después, José se dirigió al hotel; tomó las llaves y, puerta por puerta, fue ingresando a todos los salones; fue hasta entonces que se percató de lo inmenso que el edificio era. Fue investigando, he indagado cada rincón, y encontró artículos y objetos muy interesantes de los antiguos propietarios.

Encontró una habitación llena de monitores, que se usaban de forma inapropiada, pues servían para espiar a los clientes; esto le dio escalofríos... pues era un delito muy grave. También encontró cajones llenos de cartas realizadas para chantajear a clientes que frecuentaban el lugar con amantes, o bien para conversar de negocios fuera de la ley.

Después se asustó aún más cuando encontró cintas grabadas con el nombre de algunos huéspedes, etiquetadas como XXX..., por lo cual rápidamente las colocó en una caja; las llevó a casa para su custodia del material.

Al día siguiente volvió al hotel y se dirigió al ascensor; y observó que al margen izquierdo había una puerta cerrada en estado deplorable, la cual tenía pegada propaganda de anuncios.

Buscó entre el manojo de llaves que le habían sido entregadas, y la de esa puerta no estaba... Esto aumentó su curiosidad.

Intrigado por ello, decidió buscar la llave en todos los cajones de los despachos y, después de mucho batallar, por fin encontró una muy vieja y oxidada. La cogió y se dirigió hacia la misteriosa puerta; y esta encajó perfectamente, abriendo el lugar en el acto.

Todo estaba muy oscuro, así que buscó el encendido de la luz, encontrándose el interruptor a la derecha de la entrada.
Cuando las luces se encendieron, José quedó fascinado con el lugar... Estaba alucinando, pues era un teatro espectacular.

Era inmenso y majestuoso, con tres plantas, palcos para primera clase; el escenario era de ensueño, el cual contaba con unas hermosas cortinas color púrpura. Husmeando por aquí y por allá, encontró un botón, el cual, al pulsarlo, hacía subir una plataforma, que servía para que la orquesta subiera desde el primer nivel al escenario, de forma sensacional.

También encontró un sistema único, <para aquellos tiempos>, el cual servía para manejar las luces en diferentes direcciones, cambiar de color, así como para controlar la intensidad. Los camerinos para los artistas eran de lujo... en fin, el chico estaba más que impresionado con la belleza y modernidad del lugar.

Se encontraba tan emocionado que no pudo contenerse y llamó inmediatamente a su jefe... Don Antonio, pidiéndole que le visitara a la brevedad posible, pues quería comentarle sucesos importantes. Aprovechó para solicitarle a su jefe que lo visitara acompañado de su esposa y de Anita... pues se sentiría honrado de invitarles a cenar; y luego, de ser posible, presentarles a sus padres también.
Don Antonio, que para ese tiempo ya le profesaba especial cariño al chico, aceptó gustoso la invitación, y acordaron que llegaría el sábado por la tarde.
Don Antonio cumplió lo prometido, pues en punto de las tres de la tarde arribó al pueblo. ¡José se adelantó a recibirlos, mientras los padres del chico cuchicheaban dentro de su coche... expresando orgullosos!
¡Este muchacho ya no necesita de nosotros... es todo un hombre!
Cuando don Antonio salió de la limusina, iba acompañado de su esposa y Anita; así que los padres de José se bajaron de su auto también; y luego de las respectivas presentaciones, se otorgaron un fraternal beso y abrazo... todo fluyó casi de forma natural.

José no perdió el tiempo, se acercó a Anita para halagar su belleza:
¡Tal cual te recordaba! ¡Eres preciosa, mujer!
¡Y tú, José... no te quedas atrás! ¡Estás como para comerte hasta los huesos! ¡Ajájájá!
José solamente alcanzó a decir tímidamente... ¡Gracias!
¡Es broma, hombre... no te asustes! Ajájájá, solo quise decir que tú también te ves muy bien.
José los llevó a un restaurante de lujo; el lugar era agradable, pues estaba iluminado a la luz de velas; había música de fondo, la comida era exquisita; así pues, todo era propicio, una velada estupenda.
Terminada la cena, mientras los demás aún charlaban degustando una buena copa de vino, José le dijo a don Antonio que deseaba conversar con él en privado por unos minutos.

Don Antonio aceptó, disculpándose con los presentes, diciendo que pronto volverían, y se dirigieron a la barra del lugar.
Acomodados los dos, José exclamó sumamente emocionado: ¡Don Antonio, no me creerá lo que he descubierto en el hotel!
¡Habla ya, hijo!... ¡Que me estás poniendo ansioso!
¡He encontrado un teatro grandísimo, es precioso, todo forrado de terciopelo, con palco, luces especiales, etc., etc., es fantástico! He pensado que sería todo un éxito realizar pasarelas con sus modelos, y así exponer los bellos vestuarios que usted diseña.
¡Estoy seguro de que las mujeres de alta sociedad locales, así como de otros estados, asistirán a dichos eventos... pues el lugar es de primera categoría!
José estaba enfadadísimo, y no paraba de insistir...
Don Antonio, todo esto sería grandioso para su empresa, y al mismo tiempo el hotel se llenaría a reventar.

¡No vayas tan rápido, hijo, que bien sabes que debo cuidar mucho de la imagen de mi negocio! ¡Espera a que yo visite el lugar, y te diré si existe la posibilidad de hacer lo que propones!
¡Don Antonio, seguro estoy de que usted estará de acuerdo, y se emocionará tanto como yo, después de que conozca el lugar!
¡José, si todo lo que comentas es cierto, dime! ¿Por qué nunca antes se explotó tan esplendoroso potencial?
¡Señor, yo me cuestioné lo mismo, así que investigué al respecto! Me dirigí a la oficina principal del hotel y, por fortuna, buscando en el escritorio del dueño anterior, accidentalmente encontré un mecanismo que abría un cajón que contenía un doble fondo.
Encontré algunas fotografías, documentos... y también algunos recortes con reportajes de periódicos, de muchos años atrás. ¡Al leerlos me enteré de que el teatro fue cerrado, debido a un terrible accidente, en el cual murió un niño!

Dime, José, ¡¿qué fue eso tan terrible que sucedió?!
¡Lo que relatan es que la tragedia sucedió a causa del mal estado de uno de los escalones! Ese día, estando en medio de una función, un niño de diez años y su padre fueron invitados a subir al escenario... Por algún motivo, el niño tropezó con la saliente de la alfombra, que cubría el último escalón... cayendo de cabeza; el golpe le produjo una fractura de importancia en el cráneo... muriendo a las pocas horas de hospitalización.

La familia del pequeño era muy apreciada en la ciudad, y aunado a esto eran acaudalados; así pues, el dolor y la frustración los volcaron contra los dueños del hotel, jurando que nunca más nadie volvería a ingresar al teatro.
Los dueños del teatro, después de pagar los servicios de algunos abogados aprovechados e ineptos, quedaron en la bancarrota. El dueño cayó en depresión y, a los pocos meses después, murió de un infarto... y la esposa no deseó saber más del hotel.

Como nunca concibieron hijos, el inmueble pasó a manos de los sobrinos... y ellos jamás se ocuparon de él; simplemente contrataron a un hombre inescrupuloso, quien no reportaba las ganancias generadas por los huéspedes... y me imagino que así fue como llegó el hotel a estar en las condiciones que hoy se encuentra.

¡Bueno, hijo, qué historia más chunga! ¡Mejor seguimos conversando mañana... y ahora volvemos a la mesa!
Así lo hicieron... y para alegría y tranquilidad de José, todos seguían compartiendo en perfecta armonía.
Don Antonio y José regresaron a la mesa para seguir compartiendo con los demás. Al cabo de unos minutos, José, quien deseaba propiciar momentos de mayor cercanía con Anita, les propuso que fuesen a otro lugar a bailar.
¡Vamos, yo sé que nos divertiremos! ¡Qué les parece!
Los padres de José, casi al unísono, respondieron:
¡No, hijo... no abuses de tus invitados!

Don Antonio, la esposa y Anita expresaron que por ellos no había inconveniente y que les parecía buena idea.
Los padres de José se excusaron, diciendo que no estaban acostumbrados a desvelarse, y que para ese momento, lo mejor sería retirarse a casa; y para no echarles a perder la noche, se irían en taxi.
Don Antonio intervino:
Nada de eso, no les dejaré partir en taxi, y le dijo a José que fuese a dejar a sus padres tranquilos; y que ellos, mientras tanto, darían un paseo por la plaza.
—¡Está bien! —dijo José. ¡No tardaré nada!
—¡Perfecto! —contestó don Antonio, preguntando al chico. ¿Conoces la discoteca en la calle "López de Hoces"?
¡Sí, sé dónde se encuentra ubicada!
¡Entonces no se diga más, José, nos encontraremos allí!
José le preguntó a Anita si le gustaría acompañarlo a dejar a sus padres, y ella encantada aceptó.
Don Antonio y su esposa se despidieron de los padres de José... con la promesa de pronto volverse a encontrar... pues ambas parejas congeniaron perfectamente.
Durante el recorrido a casa de los padres de José, todos bromearon y conversaron a gusto. Los padres del chico quedaron encantados con la dulzura de Anita; y ella, feliz de haber congeniado de forma

Tan espectacular. Al llegar a casa, los padres bajaron del automóvil, les dieron la bendición a los chicos y estos, con un beso, se despidieron.

Presurosos regresaron al centro de la ciudad y al poco tiempo llegaron a la discoteca. El lugar era mágico; había tres grandes salones, cada uno con su respectiva pista de baile, todas acogedoras, pero cada una de ellas con diferente iluminación, música y decoración... de forma tal que todos los presentes contaran con diversas opciones para disfrutar.
Los chicos se decidieron por el salón del Romanticismo; ordenaron unas bebidas y, luego de charlar un rato, José invitó a Anita a bailar.
¡Anita, me encantas físicamente, y después de conocerte más, creo que eres una mujer única y sensacional!
Ella se sonrojó, y solamente se abrazó a él, y muy pegaditos comenzaron a bailar. —¡Qué bien hueles, Anita! ¡Susurraba José!
—¿Qué puedo decirte? —respondió Anita—. Solamente, que a mí también me encanta tu olor.
Entre copa y copa, susurros y expresiones propias de enamorados; los chicos continuaban embelesados, olvidándose de don Antonio y su mujer, quienes después de disfrutar unas dos horas en el lugar, buscaron a los chicos para despedirse, acordando encontrarse al día siguiente.
Los jóvenes gozaron toda la noche de su plática y compañía. Anita sentía que conocía a José desde siempre, al punto que en un momento se encontró besando el cuello de José.

Para ese momento ya eran cerca de las tres de la madrugada; José no deseaba más continuar en la pista de baile, pues estaba verraco perdido, y solo deseaba estar en la intimidad con Anita... quien le parecía tierna y dulce como las flores, pero también excitante y deseable.

Decidieron pasar la noche en el mismo hotel donde se encontraba la discoteca.

Ingresaron a la habitación apasionados al máximo... Anita lo alejó de su cuerpo por un momento... Se soltó el lazo que sujetaba su cabello; luego, seductoramente, poco a poco se despojó del vestido, dejándolo caer en medio de la entrada... quedando cubierta apenas por un body, el cual estaba compuesto solamente de tres tiras de encaje negro.


Se le veía radiante y deseosa de ser poseída... Pues coqueta comenzó a caminar, contoneando sus caderas de forma exquisita.

José la miraba asombrado; su corazón latía a mil por hora, pues nunca jamás había visto mujer tan hermosa en toda su vida. Se encontraba tan emocionado e inseguro a la vez... que no sabía cómo abordarla... Estaba totalmente paralizado.

Anita sutilmente le invitó a acercarse extendiendo su brazo... José así lo hizo... y sin cruzar palabra alguna, comenzó a besar con ternura su mano y luego cada uno de sus dedos... La ternura rápidamente quedó de lado, pues apasionado continuó subiendo hacia el cuello, hasta terminar besando casi con furia esos labios por tanto tiempo deseados.
Luego José la tomó en brazos gentilmente, la depositó sobre la cama... y ambos se tomaron el tiempo necesario para besar y acariciar cada centímetro de su piel... Se compenetraron tanto, que ambos respiraban al mismo compás, susurrándose cuánto habían anhelado ese momento.

Sin embargo, parecía que ambos querían prolongar al máximo sus ansias, porque las caricias y besos predominaron por mucho tiempo. José no era capaz de contenerse más; apartó el cabello del rostro de la chica y, mirándola a los ojos, hizo a un lado los encajes de su diminuta braga; y entró en ella... haciéndola suya, por instantes con ternura, y por otros con desenfreno... y de allí no quiso salir más, en toda la noche.

¿Cómo poder evitarlo...? Si Anita era maravillosa con sus labios y caricias, y José parecía no poder saciar la pasión que le consumía. Era la primera noche de entrega para ambos, y fue mucho más de lo que hubiesen podido soñar. Se amaron una, y otra, y otra vez... hasta la saciedad; quedando al final agotados y rendidos, durmiendo con sus extremidades entrelazadas.
Ya sobre las doce del mediodía, sonó el móvil de José... quien se despertó abruptamente, tratando de que su voz fuese lo más clara posible... respondió:

¡Buen día, don Antonio! ¡Cómo está!
¡Muy bien, chico! ¡Ustedes dónde se encuentran!
... Perdóneme por la tardanza. Deme, por favor, unos minutos, que ya vamos para allá.
Vale, chico, nos vemos en el hotel.
José presuroso despertó a Anita, quien se levantó de la cama, tal cual Dios la trajo al mundo... José estaba más que encantado, y exclamó:

¡Qué cuerpo tienes, cielo mío!
¡Gracias, qué bueno que te guste! ¡Me apresuraré; así pues, me voy a duchar!
¡Puedo ducharme contigo! ¡Así terminamos antes! ¡Ajájájá!
¡Qué tremendo eres!
Y como a cualquier pareja de enamorados le acontece, la ducha fue mucho más larga y placentera que lo usual.
Cuando terminaron de "ducharse", ambos comenzaron a vestirse, pero apenas comenzaba la chica a colocarse sus braguitas con esos encajes, que tanto excitaban a José, este le dijo:
¡Anita! Por el amor de Dios, ¿no te das cuenta de lo que haces? ¡Con esta ropa interior me vas a tener todo el día obsesionado!
Anda, no seas pesado, y apresúrate, que es muy tarde.

Salieron del hotel a toda velocidad, y para cuando llegaron, don Antonio les esperaba en la puerta.

¡Vamos, chico, que no tengo todo el día!
Sí, lo sé... y lo lamento, don Antonio, por favor, discúlpenos.
¡Sí, venga, que no hay problema, porque créeme que sí te entiendo, muchacho! ¡Ajájájájá!
Anita intervino diciendo: ¡Qué maluco que es usted!
¡Yo el malo! ¡Anda, joya, que tú eres el peligro para él, pues lo trastornas! ¡Jájájá!
Continuará...
Cuando José llegó al hotel, en la puerta estaba don Antonio esperándolo, pero lo primero que hizo José fue sentarse en el bordillo de enfrente; así, mirándolo y viendo a don Antonio junto a Anita, se le vinieron todos los recuerdos a la mente.
En ese lugar, había visto infinidad de personas ir y venir a lo largo de su vida; y fue en ese momento que recordó a un chico que ingresaba con pantalón granate, a media altura. Pensaba que quizás ese niño fue quien había muerto... Él estaba ensimismado en sus pensamientos cuando escuchó que Anita lo llamaba.
¡Sí... sí, ya voy! Contestó.
Se levantó y subió esos seis escalones del hotel; y le enseñó a don Antonio el teatro y todo cuanto le había comentado.
Es fantástico, exclamó... Esto es maravilloso; haremos restauraciones en donde haga falta, y lo arrendaremos también para cualquier evento que soliciten.
¡Sabes! ¡Serás el hombre más rico del país! Bueno, después de mí, ¡ajájájájá!
Tal cual tú recomendaste, José, haremos en este teatro el desfile de modelos; así pues, contrata el personal necesario, para que este lugar quede con brillo e inmaculado.
Merodeando por el lugar, don Antonio vio una puerta que le llamó la atención, así que preguntó:
¡Oye, chico, qué hay detrás de esa otra puerta!
¡Nada importante, solo trastos viejos! Esa era la habitación donde encontré también la cámara y los vídeos.
Está bien... creo que ya vi todo lo que me interesaba, así que me retiro.
Anita le dijo a don Antonio: ¡Espera! ¿Será que puedes llevarme a casa? ¡Necesito cambiarme y hacer algunas diligencias!
¡No faltaba más, chica! Será un gusto llevarte.
Anita le dijo a José que se marchaba, pero que lo vería por la tarde.
Sí, está bien. Yo te recogeré a las cinco para venir de nuevo al hotel, pues tenemos mucho que hacer.
¡Claro que sí, cuenta conmigo! Le dio un beso en la mejilla y se marchó con don Antonio.
Cuando José se quedó solo, entró en la habitación de las cintas y, buscando en todos los muebles, encontró más vídeos; por lo que decidió ver algunos, y así saber acerca de su contenido.
Eran tremendas y perversas, pues salían parejas teniendo relaciones, y muchas parecían ser de amantes, tanto de un sexo como del otro... Eran cintas que usualmente se utilizan solo en cines y exclusivamente para adultos.

José no sabía qué hacer con ese material, así que decidió dejarlo todo como estaba y pedir un permiso del juez para utilizar esos aparatos como cámaras de seguridad y de vigilancia, las cuales serían controladas por un hombre de seguridad, para así monitorear a los trabajadores o tener evidencias en caso de que ocurrieran robos o incluso se cometiera un crimen.
Asimismo, retiraría todas las cámaras de lugares privados, tal cual eran las alcobas, los baños.
Como sucedió la primera vez, se deshizo de todas las películas comprometidas; y las guardó en una caja fuerte que tenía el hotel junto con ellas... todas las cartas y documentos con los cuales se había chantajeado a cientos de personas.
Se le había hecho tarde, así que por ese día no trabajaría más... pues sabía que su dulcinea lo estaba esperando.
José deseaba consentir a Anita, por lo que después se fue a un exclusivo hotel y alquiló la suite nupcial... Subieron a la habitación, y lo primero que hizo Anita fue tumbarse en la cama y gritar:
¡Siiiiii! ¡Esto sí que es maravilloso!
¡Ven, mi torero bello, que te voy a hacer una manoletina! ¡Ajájájá!
¡Conque esas tenemos, jovencita!... ¡Ahora verás quién es el que la hace! ¡Ajájájá!
José se abalanzó hacia ella y empezaron a juguetear, haciéndose cosquillas... y entre risas y roces de sus cuerpos desnudos, terminaron e hicieron el amor apasionadamente... Al final, ambos exhaustos, quedaron boca arriba, mirando hacia el techo con sus manos entrelazadas.
Anita, mirando aquella hermosa lámpara que colgaba del techo, le preguntó:
¡José... tú me quieres!
¡Vaya pregunta! Yo te quiero con toda mi alma.
¡Dime si es así, cómo llevaremos nuestra relación y todo cuanto está aconteciendo!
Mi amor, si día a día, semana a semana... tú estás a mi lado, sé que seremos capaces de lograr las metas que nos propongamos... pues para mí, tú eres la luz de mi camino.
Anita feliz se volvió; tomando el rostro de José en sus manos, lo besó tiernamente diciéndole cuánto lo quería y lo mucho que deseaba a su lado compartir su vida.

Luego le preguntó: ¿Dónde viviremos?
Eso dímelo tú... ¿Dónde te gustaría?
¡Quizás en el hotel! ¡Te parece bien!
¡Jovencita, si eso es lo que quieres, te cobraré la estancia todos los días! ¡Ajájájá!
¡No se diga más, en este preciso momento te dará parte del primer pago, por adelantado! ¡Ajájájá!

Amigos, ¿para qué contarles lo que sucedió...? Solo diré, tal cual dice la canción, que hasta la sombra se besaron.
Durante tres meses trabajaron arduamente para levantar el hotel...

Contrató varias empresas especializadas en limpieza, así como otras para realizar algunas remodelaciones.

En el área de cocina, se cambiaron casi todos los electrodomésticos. A todo el hotel se le dio una manita de pintura, con colores sobrios pero cálidos; y los muebles que estaban en mal estado se barnizaron.
Asimismo, le dieron un aire de frescura cambiando las cortinas, tanto de los salones como de las habitaciones.

Se instaló una sala para los hombres de negocio, en donde podían realizar conferencias o reuniones; y al lado crearon otro espacio, donde contaban con computadoras y todo lo necesario para trabajar.
También se compraron algunas obras de arte, lámparas y esculturas, que le dieron mucha más clase al hotel.
El exterior no quedó exento de renovación... pues se cambió el azulejo celeste pálido de la piscina por otro de color azul... Se instalaron sillas para bronceado, hermosas mesas con sombrillas; se sembraron hermosas flores, frondosos follajes, palmeras... En fin, el resultado fue que le prodigaron un aire de frescura y ostentosidad al hotel... Estaba irreconocible.

El único lugar que se conservó tal cual estaba fue el teatro... pues como se cerró al poco tiempo de que este se abrió... butacas, alfombras, cortinas, etc., etc.; estaban en muy perfecto estado.

Anita era muy detallista, así que todos los trabajos realizados quedaron inmaculados... actitud que a José, en muchas ocasiones, le llevó casi al límite, pues los gastos día con día excedían del presupuesto inicial.
No obstante, el resultado final hizo que todos los dolores de cabeza valieran la pena... Ya que era él quien, después de invertir los ahorros de los papás, debió llamar constantemente a don Antonio para solicitarle más fondos para terminar con los trabajos... porque el costo total de las renovaciones fue de un poco más de ocho millones.
El trabajo de José en esas semanas fue contratar al personal calificado, contactó a los proveedores, contactó a personas importantes para la inauguración, etc., etc.

Cuando el hotel estaba en óptimas condiciones, llamaron a don Antonio para pedirle que llegara y así él les diese su opinión...

El señor, que para esos días tenía su agenda repleta de compromisos, se disculpó... y le dijo:
Por ahora me es imposible visitarlos, chicos; así que desde ahora apartaré unos días para cuando realicen la reinauguración... y espero que me sorprendan.
Los jóvenes, momentáneamente, se sintieron un poco entristecidos; sin embargo, después pensaron que sería mucho más gratificante para don Antonio visitar el hotel cuando estuviese en pleno esplendor.
Así pues, los chicos, a través de la radio y otros medios, publicitaron a lo grande la apertura del hotel.

Cuando el tan esperado día llegó, don Antonio y su señora fueron de los primeros invitados en arribar... Él sencillamente no podía creer lo maravilloso y espléndido que lucía el hotel, pues a donde quiera que dirigía la vista, la clase y el buen gusto quedaban de manifiesto.

Don Antonio se sentía tan eufórico, que en ese momento abrazó fuertemente a José, estampándole un beso en la mejilla; luego levantó a Anita en brazos y giró y giró... vitoreando y cantando lleno de alegría.
Cuando los asistentes comenzaron a llegar, se les invitó a degustar de fina champaña, caviar y algunos aperitivos más...

Cuando el reloj marcaba las diez de la noche, invitaron a los presentes a ingresar al salón donde se serviría el banquete... y mientras los comensales ingresaban, se podían escuchar las expresiones de asombro por la belleza del lugar.

Las mesas estaban elegantemente vestidas con manteles de fino encaje; los centros de mesa contenían delicadas flores color pastel; de la fuente colgaban bellos cristales Swarovski de color ámbar dorado... y como la iluminación era totalmente con velas, brillaban como en un cuento mágico de hadas.

Todos los asistentes gozaron de un delicioso banquete, acompañados del compás de una sublime música instrumental, interpretada por una reconocida orquesta.

Anita en secreto había contactado a sus amigas modelos, de tal forma que, terminado el banquete, para gran sorpresa de don Antonio, anunciaron que el momento por todos tan esperado había llegado.
Invitaron a todos los presentes a salir al frente del hotel y, al lado de la fuente, se realizó la pasarela con los mejores diseños de don Antonio.
Para cerrar el evento con broche de oro, el desfile culminó con hermosas explosiones de luces artificiales... ¡Todo fue de ensueño y espectacular!
Empresas y personas particulares solicitaban datos del diseñador; algunos para contratarlo para eventos de quince años, bodas, damas de honor... e inclusive días después recibió una llamada por parte de la Reina, quien escuchó de la belleza y calidad de sus diseños, citando al diseñador para que se presentara en el Palacio Real.

Muchos de los asistentes eran personas importantes, quienes provenían de diferentes partes del país; así que, al quedar tan complacidos, fueron promocionando el hotel de boca en boca... y así terminó siendo catalogado como un hotel de cinco estrellas.
Desde ese día las personas tenían que hacer reserva, con semanas de antelación... pues desde ese día, el hotel nunca más llegó a tener una habitación libre.

José apenas podía creer lo afortunado que era; todo iba en popa, pues su relación con Anita era excelente, y rápidamente consiguió una fortuna tremenda...
Y, por supuesto, don Antonio, de millonario, pasó a ser multimillonario, pues recibía ganancias del hotel y, al hacerse tan conocido, se volvió un diseñador internacional, realizando giras por Francia y después por toda Europa.
Continuará...
Para regocijo de los dueños del hotel, este llegó a ser reconocido en todo el país como uno de los mejores; y después su fama fue internacional.
Todos los habitantes de la región, a su vez, fueron beneficiados, puesto que el turismo se incrementó de forma inmensurable, dando lugar a nuevas fuentes de trabajo; y por ende la prosperidad reinaba en todos los hogares, motivo por el cual la pareja de jóvenes era muy apreciada por la población.

Con el transcurso de los meses, José y Anita contrataron a un gerente de operaciones, para así disponer de más tiempo para disfrutar de su amor; no obstante, continuaron viviendo en el hotel, para asegurarse de que la calidad de sus servicios siempre fuese óptima.

Un día en el que Anita se encontraba en la recepción, cuando de pronto se presentó un señor de buen vestir, preguntando por el dueño del hotel.

Más la chica se preocupó, porque se percató de que el hombre estaba
Nervioso y mantenía una de sus manos en el bolsillo... aparentemente portaba un arma.

Trató en la medida de lo posible de tranquilizarse, y amablemente le dijo:
Con gusto le informaré... solamente dígame su nombre para poderlo anunciar.
El hombre cortante y con el ceño fruncido respondió:
¡Dígale nada más que soy uno de sus antiguos clientes!

Anita fue en busca de José y alterada le dijo:
¡José! ¡José! Hay un hombre que está preguntando por ti; dice que es un viejo cliente.
Si es simplemente un cliente, ¿por qué te siento tan alterada?
¡Ay, mi amor! No sé si estoy equivocada... pero creo que el hombre no te busca para nada bueno y al parecer está armado.
Tranquila, mi cielo; si es así... llamaré a la policía; mientras tanto, dile que me espere en el vestíbulo.
Anita regresó, y de nuevo muy cortésmente le invitó a sentarse en el lobby, indicando que José bajaría pronto.
Mientras tanto, José llamó a la policía, quienes, en cuestión de diez minutos, se personaron en el lugar. Cuando ingresaron, le preguntaron a Anita quién era el hombre sospechoso, y ella señaló el lugar donde estaba sentado el hombre.

El individuo, quien se había percatado de la presencia de la policía, salió corriendo... pero otro agente que resguardaba el frente del hotel lo detuvo en acto.
La policía lo abordó y lo desarmó inmediatamente. Luego lo llevaron de vuelta hacia el hotel, y una vez allí, le pidieron la documentación que lo identificaba, así como la licencia para portar arma de fuego; y al revisar, todo estaba en regla, pues el sujeto había sido político en años anteriores.
No obstante, decidieron que se lo llevarían detenido, pues su conducta hacia Anita había sido intimidante, aunado al hecho de que no supo explicar el porqué había solicitado ver a José.

Cuando estaban a punto de llevárselo, José intervino diciendo:
Señores oficiales. ¡Podrían permitirme conversar a solas con el caballero un momento!
Como ya habían desarmado al sujeto, no tuvieron objeción para aceptar lo que José les pedía.
José condujo al hombre hasta su oficina y le preguntó:
¡Señor, podría decirme cómo se llama!
Con molestia respondió: ¡Mi nombre es Ricardo Bertrandt!
Pues si la memoria no me falla, no recuerdo haberle conocido en el pasado.
¿Podría decirme qué deseaba usted hacer con el arma?
¡Vine a matarte!
Si es así... ¡Podría al menos saber qué daño le he causado!
Hace año y medio, vine a su hotel con una chica y me filmaron.
Luego su gentuza comenzó a llamarme para pedirme una fuerte cantidad de dinero... y como me negué, lógico fue comprender que usted giró órdenes a esos rufianes para que divulgaran el vídeo.
¡Usted no tiene perdón de Dios, pues arruinó la vida de mi familia y destruyó la mía! José lo interrumpió diciendo:
Señor, me temo que la lógica, en esta oportunidad, le ha fallado por completo... Lamento mucho su desgracia; pero mucho más me afecta el que usted me crea el mísero gusano, responsable de tan abominable hecho.

Si usted duda de mi integridad, le exhorto a realizar las averiguaciones que considere necesarias; y todo residente de este lugar podrá confirmarle que el hotel fue vendido a mi persona tan solo unos meses atrás.

Siendo así, dígame usted. ¡Cómo podría haber girado instrucciones para filmarlo, luego chantajearlo, o en todo caso dar a conocer dicho vídeo!

El hombre, aun con el rostro desencajado por la rabia, preguntó:
¡Si no fue usted... entonces dígame quién fue!
Honestamente, no puedo servirle de mucha ayuda, porque actualmente no hay un solo trabajador que haya estado al servicio de la administración pasada.
Sin embargo, sé de lo que me está hablando. Estoy enterado de las cintas y las cartas de chantaje enviadas a diversos clientes, porque al comprar el hotel, personalmente revisé cada rincón.

En ese entonces, había una puerta para la cual no encontraba la llave; siendo así, me dediqué con especial afán a encontrarla.

Cuando al fin pude ingresar a esta habitación, encontré cámaras ocultas, vídeos y las cartas que eran enviadas para realizar las extorsiones. Solo hasta ese momento me enteré de la forma anómala y perversa en que personas sin escrúpulos estaban actuando.
Por lo delicado de la situación, y para no afectar a los huéspedes involucrados, determiné no informar a las autoridades; y decidí que lo más conveniente era guardar todos los documentos en una caja fuerte, a lo que, si a usted le parece, buscaremos esos documentos y cintas que se las entregaré con mucho gusto y usted hará lo que estime conveniente...
Después de escuchar el relato de José, el hombre se desmoronó, pues había estado a punto de cometer la peor estupidez de su vida.

José le preguntó:
¡Es consciente y cree todo cuanto le he dicho! Porque en realidad no es mi deseo meterlo preso por este lamentable incidente, pues considero que mucho ha pagado ya por el error cometido.
¡Sí... vale! Por favor, perdóneme. En realidad, no es mi forma natural de proceder; más cuando me enteré, a través de la prensa, que de nueva cuenta habían abierto las puertas del hotel, no pude controlar mi furia... y quise vengarme.

¡Venga, que no pasa nada! Creo que yo también me hubiera vuelto loco si por culpa de alguien pierdo a mi Anita querida.
Señor, honestamente considero que Dios también cree que mucho ha sufrido a causa de un error; pues a mi parecer, está claro que impidió que cometiera otro delito mayor.

Porque si usted hubiese cumplido con su cometido, el resto de sus días los hubiese vivido dentro de una prisión.
Imagino lo mal que lo debe de estar pasando; pero si usted tiene paciencia, seguro estoy de que con el tiempo su familia podrá perdonar su error... Y con un poquito de suerte y esmero de su parte, quizás serán mucho más felices de lo que eran... antes de que conocieran su falta.
El hombre, al escuchar las palabras de ánimo por parte de la persona a quien iba decidido a matar, se puso de pie y le brindó un fuerte abrazo a José, pues él había ingresado al hotel buscando a un enemigo y salió ganando un muy buen amigo.
José salió al vestíbulo y les informó a los agentes que todo lo sucedido había sido un malentendido y que el hombre solamente llevaba consigo el arma, tal cual lo hacía día con día.

Los policías, una vez más... no tuvieron inconveniente alguno en acatar los deseos de José. Solamente le informaron que tendría que presentarse en la estación correspondiente para retirar la denuncia.
Este suceso sería uno de los sustos más grandes que a lo largo de su vida experimentaría José...
El problema de la agresión trascendió a los diarios; pero como nadie confirmó el altercado, al final, los reporteros, que habían destinado una columna para cubrir la noticia, se quedaron sin nada para reportar en ese espacio...

Los dueños del diario decidieron aprovechar la oportunidad para destacar a José, calificándolo en el reportaje como un ciudadano joven y apuesto... pero sobre todo, ejemplo para miles de jóvenes, pues el chico, a su corta edad, era accionista de uno de los hoteles más famosos del mundo.
Continuará...
José, al día siguiente del "problema" que enfrentó con don Ricardo, antiguo huésped del hotel, debido al mal uso de las cámaras de vigilancia, convocó, con carácter de urgencia, a todos los trabajadores.

Dicha decisión la tomó para evitar que en el futuro se diera lugar a malas interpretaciones.

Cuando todo el personal se reunió frente al hotel, les informó que tenía algo de suma relevancia para comunicarles... diciendo: Señores, señoras y jóvenes en general, les he citado para informarles que el hotel está monitoreado por cámaras de seguridad las veinticuatro horas del día. Las grabaciones que se realizan sirven para proporcionar seguridad a nuestros huéspedes, así como la de nosotros mismos.
El equipo de vigilancia ya estaba instalado cuando se compró el hotel, y seguirá funcionando porque consideramos que son de invaluable apoyo en todo lo concerniente al tema de seguridad.
Dicho esto, deseo aprovechar la oportunidad para confesar que me siento orgulloso de todos ustedes, pues desde que el hotel abrió nuevamente sus puertas, han sido despedidos solamente dos trabajadores.
Uno de ellos era un guardia de seguridad, quien infringió las normas del puesto que desempeñaba; y la otra fue una señorita del departamento de limpieza, quien fue responsable de sustraer el reloj de un cliente.
Así mismo, deseo compartirles que, en su momento, nos encontramos con la penosa necesidad de desalojar a una huésped, quien ejerce la prostitución... mas su delito no fue su oficio, sino el de utilizar este hotel para desempeñar "sus labores".
Otro punto que deseo destacar, y que también me llena de orgullo y satisfacción, es que el personal que aquí labora goza de los mejores salarios y prestaciones en comparación con cualquier otro hotel; por lo tanto, considero que merecemos el mismo aprecio, respeto y lealtad por parte de cada uno de ustedes.
Les exhorto a que continúen trabajando honestamente, como lo han hecho hasta el día de hoy, y les aseguro que conservarán sus puestos...
Ahora bien, nadie está obligado a permanecer bajo estas condiciones, por lo tanto... si algunos de ustedes no están de acuerdo con lo anteriormente expuesto, este es el momento de decidir si continuarán a nuestro lado.
Por unos segundos el silencio fue total; pero pronto fue quebrantado por una ola de aplausos y gritos... vitoreando:
¡José, jefazo!... ¡Como usted, no hay nadie igual!
José agradeció el apoyo y las muestras de cariño y consideración, y les invitó a continuar con sus labores, mas no sin antes expresarles su apoyo incondicional... expresando:
Agradecería que, si en alguna situación específica alguno de ustedes tiene un problema, o hay algo que les incomoda en el hotel, no tengan temor de acercarse a Anita o a mi persona... y así tomar las medidas correspondientes para remediar lo que sea preciso.
¡En ese momento, una chica, tímidamente, alzó la mano y preguntó!:
¡Don José, solamente quería saber si también nos graban cuando nos cambiamos de ropa!
La respuesta de don José, para muchos, fue más que inesperada... pues respondió categóricamente:
¡No, señorita, en sus vestuarios la privacidad es absoluta, pues me encargo personalmente de revisar esos vídeos! ¡Además, podéis estar seguros de que con esto... no estamos yendo contra ninguna normativa, o quebrantando la ley!
Luego preguntó: Señorita, si no está de acuerdo, ¡me gustaría saber si acaso! ¿¡Tiene algo que ocultar!?
La chica se sonrojó... Era evidente su molestia, mas se limitó a guardar silencio.
Don José no pudo controlarse más, y comenzó a reír divertido por la expresión de todas las mujeres presentes. ¡Wájájájá!
¡Que es una broma, niña! Anda, ven y sube aquí... Al llegar cerca de él, la recibió con un fuerte abrazo. Desde ese momento, la chica y demás empleadas se sintieron más que protegidas.
Al presenciar esta broma, que fue como un gesto de compañerismo por parte de don José, de nueva cuenta, los empleados emocionados comenzaron a aplaudir... y José intervino alzando la voz:

¡Ya vale!... ¡Venga, que todos necesitamos ir a trabajar! ¡Sí!
Desde ese día, nunca más volvió a ocurrir otro incidente en el hotel, excepto que, de vez en cuando, se extraviaba una maleta en las afueras del hotel y algún que otro problema, pero nada concerniente a la seguridad.
Continuará...

La vida le sonreía a José y Anita; el hotel contaba con empleados profesionales, quienes cumplían sus labores a la perfección; por lo tanto, decidieron contratar a un gerente de operaciones y así disponer de más tiempo libre para disfrutar de su romance.

Anita era una mujer realmente especial; amaba con devoción a José y día con día lo sorprendía con nuevos detalles. José se sentía engrandecido y él le correspondía consintiendo sus pequeños caprichos.

Para ese momento, José tenía su vida resuelta y deseaba comenzar una familia al lado de su amada.



Decidió sorprenderla; así pues, la invitó a dar un paseo en avioneta... y para tremenda sorpresa de la chica, cuando volaban sobre un campo de golf, vio un mensaje realizado con rosas blancas, que decía:

Anita, te amo... ¿¡Quieres casarte conmigo!?
La joven, emocionada, no pudo contener el llanto, lo llenó de besos y abrazos, y le confesó que desde hacía mucho tiempo ella soñaba con ese momento.


Al día siguiente viajaron treinta kilómetros hacia la ciudad madrileña, Alcalá de Henares; pues allí vivían los padres de Anita.

José invitó a sus futuros suegros a almorzar, y les pidió la mano de su amada princesa; ellos accedieron inmediatamente, pues sabían que su hija lo amaba infinitamente.

Alcalá de Henares fue declarada Patrimonio de la Humanidad; así pues, después visitaron algunos de sus bellos parajes.

De vuelta al hotel, pasaron visitando a los padres de José, para darles la noticia, y ellos también les otorgaron su bendición; pues para ese entonces ya querían a Anita como a una hija... pues sabían que ella era una chica excepcional.

Es más, los padres de José siempre se cuestionaban si la presencia de la chica en la vida de su hijo había contribuido a que desapareciera el problema de tartamudeo que afectaba a José. Pues él nunca más tuvo trabas al conversar.

Acordaron que la ceremonia se realizaría en dos meses, tiempo en el cual, con suma ilusión, juntos compartieron la experiencia de organizar cada detalle de la boda.

Casi en todo concordaban, mas Anita deseaba casarse en la playa, y José en el teatro del hotel... Al final, ambos cumplieron su deseo.

La boda civil se celebró en la playa, un día viernes justo al atardecer. A este evento acudieron solamente las personas más cercanas a los chicos... A lo sumo serían cien. Entre ellos, don Ricardo con su esposa, quien logró el perdón de su familia, ya que después del incidente en el hotel, pasó a ser uno de los mejores amigos de José.
El lugar fue decorado de forma sencilla, pero con gusto exquisito.
Las sillas forradas de blanco, en medio una hermosa alfombra con pétalos de rosas, en esta oportunidad de color carmesí... Al fondo, en el lugar donde se encontrarían los chicos, una hermosa pérgola con telares al viento; como fondo, el hermoso azul del mar, que con su oleaje parecía rendirles tributo, con delicioso cantar. Y como guinda sobre el pastel, un majestuoso cielo se lucía, con hermosos colores pastel.
Después de la cena, presenciaron un espectáculo realizado por malabaristas de antorchas; al final terminaron cantando y danzando alrededor de una hoguera... casi hasta el amanecer.

Ese mismo día, a las seis de la tarde, se llevó a cabo la boda religiosa. Don Antonio y su señora fueron los padrinos de boda; y las modelos fueron las damas de honor.

La ceremonia se llevó a cabo en el teatro del hotel, y fue precedida por el sacerdote de la Parroquia de Jesús de Medinaceli.

¡El salón de espectáculos lucía más radiante que nunca... bla, bla, bla! ¡Imposible, mis amigos, relatar los detalles!

¡Porque sí, certero es que la fiesta de reinauguración fue por demás colosal... los chicos para este evento tiraron el hotel por la ventana! ¡Aájájájá!

¡En esta ocasión, mi relato termina como en todo cuento de hadas... pues comieron perdices y fueron felices para siempre!
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
-Fin-


Nota importante:
La imagen que se utilizó para acompañar esta narración de fantasía es la del hotel The Westin Palace Madrid.
Es ampliamente conocido por su hospitalidad desde 1912, y está ubicado en el centro de Madrid.

El objetivo de este escrito ha sido reprenderle, un pequeño homenaje, y llamar la atención de tan imponente majestuosidad.

Este icónico hotel está catalogado con cinco estrellas, y se encuentra entre uno de los diez hoteles más hermosos del mundo... Por lo tanto: ¡Orgullo para los españoles! Siiiiiii
. FIN.