Ellos, un grupo de primitivos, ellos nuestros padres del ayer,
Era una era tan temprana que vivían desnudos; entonces, cuando el frío por las noches y las estrellas como colchón apenas si pensaban, eran como cualquier animal de aquella epoca,
Las relaciones sexuales daban igual. Con quienes fueran padres, con hijos y hermanos, con hermanos.
No importaba, pues ellos apenas podían pensar nada; si alguien caía enfermo, solo moría y nadie sabía qué hacer.
Pasaron muchos años. Un día, dos hermanos, chico y chica, solo se alejaron del grupo un poco, pues la comida eran bichillos, hormigas y cosas así.
Sus mentes no les daban más. Esta pareja caminaba buscando algo. De pronto, un rayo fugaz se estalló cerca de ellos en un gran árbol que quedó destruido, y con mucho fuego en sus entrañas. Ellos se acercaron y, viendo que aquello calentaba sus cuerpos del frío y la lluvia, despertaron un poco más.
Arrastraron aquellas ramas ardiendo hasta la gran familia que en una inmensa cueva se refugiaba de la lluvia.
Todos se quedaron sorprendidos de aquello, y se acercaron con temor, ya que aquello quemaba.
Al ver que aquello les calentaba sus cuerpos, todos se sentaron ante aquel fuego.
Pero sus mentes empezaban a desarrollarlas, y esta pareja dijo con señas que trajeran maderas de donde fuera, para que el fuego no se apagara nunca, y desde entonces, vigilaron el fuego entre todos.
Un niño había cogido un lagarto, que, ya muerto de un golpe, se lo iba a comer.
Pero se le cayó al fuego y, chillando por aquello, un mayor se lo sacó del fuego. Se había cocinado ricamente; su olor los despertó a todos y buscaron más lagartos y perros, como eran las hienas que los atacaban a ellos.
Así buscaron palos largos, y los afilaron en punta para cazar.
Pero no sabían hacerlo, pues solo restiles les era lo más sencillo.
La pareja esta, se fueron más para el río, cerca de donde explotó aquel árbol, y vieron. Que este rayo se estrelló también en una gran roca de mármol, la cual se rajó en mil pedazos.
Este chico cogió un trozo que estaba muy afilado, lo rozó contra aquel palo largo y lo peló a la perfección, dejando una punta tan fina como un alfiler. Solo tuvo que tocar la punta para darse cuenta de que aquello era un arma mortal, pues se pinchó y sangró un poco .
Se acercó al río y, viendo unos peces tremendos, se agachó en una piedra que en medio del río estaba. Cuando aquellos peces no vieron peligro, zaaa le clavó la lanza aquella y cazó bastantes peces.
Por primera vez, comían todos juntos y con mucha alegría.
Llamaremos Grinte a este chico y Flora a ella.
Cuando todos comieron, Grinte los sentó a todos frente a él y les habló en su entendimiento, entre palabras y gestos, que es como ellos se entendían, y les contó la forma de cómo podían pescar o cazar peces con sus lanzas.
Entonces esas mentes comenzaron a pensar.
Salieron a buscar esos perros, que ellos tanto temían, y en el camino ensayaban el tiro de lanza hasta perfeccionarlo, pero vieron otro animal, así como un tigre, e hicieron una emboscada y entre todos lo mataron.
Lo llevaron a la cueva; era muy grande, con estas piedras afiladas. Lo abrieron en canal, sacaron su carne,
Otros consiguieron matar algunas hienas y sus miedos desaparecieron; ya podrían enfrentarse a cualquier animal, por grande que fueran.
Cuando comían sus carnes, se esparcieron por la cueva sentándose en piedras, que allí tenían para eso. Otra chica se salió y, viendo aquella piel, decidió sentarse en ella, unnn su culito; se sintió muy bien.
Así ya hicieron muchas ropas para vestirse y se acabó pasar noches de frío; ya hicieron camas de pieles para dormir todos .
Cuando llegaba la noche, con la luz de su candela, uno a uno se sentaba frente a todos y contaba lo que había aprendido ese día y desde entonces esto sería todas las noches, además de pintarlo en la cueva, como sería todo.
Así el padre de aquella chica, se convirtió en el peletero, ya que era muy mañoso.
A las pocas semanas, sacó tiritas, finas de cuero, y, doblando una vara, hizo un arco; le dio con el dedo, y hasta sonaba un sonido peculiar que le agradó y sonrió; su mente cada vez se abría más.
Cogió otro palo, resto lo puso en medio de aquel arco y lo soltó, que casi pincha al de enfrente.
Con el paso de los años,
Otros comenzaron a secar carne en el fuego .
Llegó otra noche y el peletero contó sus logros en aquel día; sacando el arco y la flecha, lanzó una flecha y la clavó en la pared.
Eso sería maravilloso para cazar, así que fabricó para todos.
Otro contó lo de la carne ahumada, que duraría más tiempo para comérsela, y así iban aprendiendo muchas cosas.
Días más tarde, cortó tiras de pieles para hacerse cordones, y se hicieron zapatos, pues vino una con algo clavado en la planta del pie que le dolía mucho, así que el peletero también consiguió sacarle aquella espina, de unos acacios que por allí estaban.
De ahí ya empezaron a ayudarse unos con otros.
Más tarde amarró a aquella espina un cordón bastante largo, le puso un palo en la otra punta y llamó a Ggrite y le dijo:
Se fue y como que pescó muchos peces; ese día estaba resuelto para comer todos. En algunos años harían cosas que varios de siglos no habían hecho nada.
Más adelante, Grite y Flora decidieron hacerse una cueva con mucha madera cerca del río y vivirían juntos los dos, pero siempre regresaban los dos por las noches para contar sus logros y de ahí salieron pescadores también.
El peletero solía quedarse en la cueva con los pequeños y recordó aquel sonido e hizo arcos para que los niños se entretuvieran y de ahí empezó la música y, entre esos inventos, también fabricó una pandereta y más tarde un tambor y vaya que la lio con los pequeños allí; no había quien aguantara, y los mandó a todos a la calle .
Más adelante se le ocurrió a Grites con la corteza de un gran árbol que, viendo que en el agua flotaba, se hizo una barca fantástica; mas también se lo enseñó a todos .
Otras parejas decidieron hacerse otras cabañas para vivir en pareja, pues vieron que así se sentirían más tranquilos.
Un día el fuego se extinguió por descuidos de ellos.
Pero Grites, que era el más inteligente, cuando sacaba aquellas piedras cortantes, vio que al darles golpes para sacarlas, aquellas soltaban chispas y, frotando piedra con piedra, consiguió hacer fuego y de ahí el mechero, jajaja.
Más tarde, otro inventó la fricción entre dos palos que también dio resultados de fuego.
Y así fueron prosperando hasta el día de hoy
Enrique Nieto Rubio.
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