Don Anselmo era este buen hombre; hoy vive contento con una copa de brandy en sus manos y, de postre, su botella de vino. Ahora sí es feliz, pues así nadie lo persigue, y es su mejor disfraz.
Él vive ahora de las limosnas y una pequeña ayuda del Estado, que le ayudaron estos vecinos a arreglársela.
Ya volvió así a su pueblo, y en una casa en ruina que le prestó un vecino; ese es su domicilio.
Pero nadie sabe quién es, solo se llama Anselmo.
Él camina y pasea por donde quiere y lo respetan, pero jamás pasará cerca de un colegio.
Bueno, todos diréis a qué viene esta historia de un mendigo desapastroso.
Volveremos diez años atrás.
Don Anselmo era una eminencia muy respetada; se marchó a Cataluña.
Allí ejercía de maestro, en uno de los mejores colegios.
Todo fue bien durante algunos años.
Un día, en un nuevo curso, entró una adolescente; perdóneme por señalar, era muy mala, envidiaba a todos y además era de la familia más rica del país... tal.
Ella la tomó con don Anselmo y al salir le dijo: No me gustas, hueles mal y me repugnas.
Esto era mentira; él no olía mal, pues era una persona pulcra y excelente.
Así que se empicaron día a día; ella lo insultaba en público, lo humillaba y todo lo peor.
Más nadie la apoyaba porque todos sabían que era muy mala.
Como no conseguía hundirlo, pues sus padres de ella donaban una gran cantidad de dinero, y ni la molestaban siquiera.
Así que ella ideó una trampa a don Anselmo, se fue a su casa un domingo temprano con unas drogas en el bolsillo, entró por el sótano, y don Anselmo dormía, así que lo amarró y le dio esas drogas que eran bebidas; acto seguido, lo desnudó en la cama, quitándole toda su ropa, y seguidamente se desnudó ella completamente, puso su móvil en forma de grabar, se subió encima de él y se metió aquello dentro, pues esa droga también era un excitante; se grabó de todas las posturas posibles.
Cuando se hartó de esto, que hasta se excitó hasta culminar con su acto, se vistió, le soltó un brazo de su amarre y se largó como si nada.
El lunes en clase esperó a última hora, y a solas le puso el video, y le dijo: "O te largas o lo pondré diciendo que me has violado".
Don Anselmo se quedó blanco como la pared, pues él nunca fue consciente de aquel hecho.
Solo agachó la cabeza, recogió sus cosas y salió de allí como si de un zombi fuera.
Se dirigió a un puente muy grande, que estaba muy cerca; con su cartera se subió por su centro y se dejó caer.
Ella, que lo seguía de cerca, a ver qué hacía con esa cara de niña mala. Alber, que se tiró por el puente, en mitad de la carretera, empezó a saltar y aplaudir, disfrutando de esa escena, y saltando como loca.
Lo malo y sin percatarse de que un camión que pasaba pasó por encima de ella.
La llevaron al hospital, perdió piernas y manos, además de un ojo, y quedando toda desfigurada, ya jamás fue al colegio, ni nada, pues quedó lisiada para siempre.
A don Anselmo lo arrastró el río tres kilómetros, con toda clase de golpes, y la policía encontró su cartera del colegio, y lo dieron por muerto.
Unos campesinos lo encontraron y lo cuidaron; él se recuperó, pero jamás recordó quién era.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
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