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lunes, 17 de octubre de 2022

**Cuento en prosa de una hada. (para mayores).

 

En un bosque encantado, una hadita se perdió, y su cuerpo, ya cansado, en pelotas, se durmió.
Bajo un árbol grandísimo, allí su cuerpo descansó.
Mientras un duende malvado la acechaba sin razón.
Esperando estaba él a que ella se durmiera, para atraparla en una jaula y hacerla su compañera.
Con unos polvos mágicos, que en su rostro él le echó,
Ya no despertaría y con ganas se la llevó, que su baba se le caía.
Al ver que era un bombón.

Pobrecita de la hadita, en una torre que está rodeada de musarañas.
Que también la quieren probar.
Con cadenas esta la tiene, tirada en un rincón.
Con ese culito que tiene, y mirándola está el bribón.

Ella no quiere, no quiere que se le acerque este marranito.
Que el culito quiere comerle, aunque solo sea un poquito.
Ella gritaba, y gritaba, no paraba de gritar, y este duende malvado,
Se tuvo que retirar.
Llorando, ella quedó con su cuerpo desnudo.
Esperando que esté guarrón, quisiera verle el culo.
Un águila que pasaba, y la sintió sollozar, se asomó por la ventana.
Y la vio suplicar.
Que le echara una manita al águila le suplicó, con esa cara tan bella. El águila allí entró.
Con sus alitas abiertas, el águila la protegía, mientras rompía sus cadenas. Encima de él, ella se subía.
Agárrate, bella hada, no te vayas a soltar; te llevaré hasta tu casa, y allí descansarás.
El águila salió volando, y el duende que lo vio, una lanza le ha tirado. Y en un costado la clavó.
—Aguanta, águila —le decía—, vuela, vuela, ya no pares de volar, que mi casa queda cerca, y seguro llegarás.
Allí, en una cueva, el águila fue a caer. Y ella tiraba del águila, por si la pudieran ver.
En esa cueva tenía agua bendita del manantial.
Ella la tomó con su boca, y al águila se la quiso dar.
Ella le sacó la lanza, y en sus heridas, más agua le echó el águila moribunda, y casi muere de dolor.
Por fin se ha recuperado con el agua que le dio.
Y en hada se ha convertido, y con ella se casó, y vivieron muy felices. Para siempre, en su amor.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
Cuento.

**Saray una niña muy lista. (cuentos)

 

Saray era una niñita muy lista. Desde meses, su mamá le contaba dónde vivía su papá, pues él se marchó antes de que ella naciera.

Una traidora enfermedad contraída en ZIMBABUE, cuando regresaba de cartografiar toda aquella zona.

Además, él cartografiaba también todas las estrellas del cielo, y eran millones.
Así su mamá le contaba que su papá vivía en una de esas estrellas.
Y así ella llegó a obsesionarse con aquello.

Saray vivía en el campo con su mamá y sus abuelos; ella, lo cierto es que era muy feliz, iba al colegio, sacaba buenas notas y jugaba muchísimo.

Con su abuelo, se iban a pescar y lo cierto es que cogían muchos peces; más al atardecer, Saray se sentaba con su abuelo en el porche, y ella en su columpio no paraba de hacerle preguntas a su abuelo, que por la edad lo sabía todo, pero siempre que la niña sacaba el nombre de su hijo, que era su papá, no decía nada, se le hacía un nudo en la garganta y no conseguía sacar ni una sola frase.

Ella le decía: Abuelo, dice mi mamá que mi papá vive en una estrella, tú. Sabes cuál es, pues mamá señala hacia arriba, pero siempre le caen unas gotas de lluvia en los ojos, y no consigo que me diga cuál es.
Al abuelo le pasaba lo mismo, que se le llenaban los ojos de lluvia.

Así fue creciendo, y un día encontró un viejo libro de literatura, antiquísimo, debajo del porche de la casa, semienterrado en la arena. Nadie sabía de quién era, pues a saber, aquella casa llevaba construida cientos de años, incluso desde que los indios vivían en aquellas regiones.

Se sentó en el porche un domingo muy soleado; el sol brillaba muchísimo.

Ya comenzaba a entrar la primavera, así que cogió su libro, que no era muy grande ni gordo.
Y echando su espaldista sobre el poste del porche, con sus piernas encogidas, se puso a leerlo.

Este libro era maravilloso, hablaba de los dioses indios y de las estrellas y la reencarnación.

Ella leyó que si conseguía llenar la botella de estrellas, sin que ninguna se le escapara, entonces podría coger a sus seres queridos y devolverlos a la vida, y eso es lo que Saray se dispuso a hacer.

Claro que como en aquel libro no decía cuáles tenía que coger, pues ella empezó por las más grandes.

¿Qué pasaba? Que en aquel bote cabían millones de estrellas, que jamás conseguiría llenarlo, pero ella no era consciente de eso, pues quien escribió aquel libro era muy listo y, claro, él no se equivocaba nunca de esta manera, pues así no mentía y su tribu iba creciendo y haciéndose mayor, sin conseguir llenarla, mientras con el tiempo sus penas se iban pasando y olvidando.

Bueno, a lo que vamos, con nuestra querida Saray.
Ella se propuso coger estrellas y cada noche cogía cientos. Y además todos los días volvía a leer aquel libro que parecía mágico.

Pasaban los días y los meses, (y mientras) su mamá conocía a un señor apuesto y muy guapo.

Con el tiempo, este señor se fue metiendo cada día más en su vida y también conversaba mucho con ella en el porche y el abuelo al anochecer.

Ella llegó a hacer una buenísima amistad con él, pues ella veía que su mamá era muy feliz.
Su mamá, al atardecer, salía al porche y les llevaba a todos unos refrescos, y entre la luz de aquella casa, se veía muy esplendorosa, y aquel novio le decía cuánto la amaba.

Saray los miraba con mucho amor a los dos, pues se sentía muy feliz.

Así pasó algún tiempo, y cuando creyó que la botella ya estaba llena, entraba su nuevo papá por la puerta, diciéndole: "¿Dónde está mi niñita bella que me la como a besos?".

Y se abrazaron fuertemente, mas la botella se le cayó, rompiéndose en un millón de pedazos, saliendo hacia el cielo millones de estrellas que iluminaron todo aquel precioso bosque.

Y desde todo el mundo, vieron nacer millones de estrellas nuevas, y hasta estos tiempos, hoy siguen brillando.

Pero para verlas realmente, hay que irse muy lejos en el campo, donde no haya luz alguna, de viviendas ni farolas.
FIN.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.

domingo, 16 de octubre de 2022

**Samanta y su biblia. (cuentos).

 

Samanta fue una niña muy inteligente en el colegio, pero eran tiempos de guerra, tiempos malos y tristes.

Allí, en la Cochinchina, ella vivió toda la miseria junta, de un mundo podrido, por la avaricia y la destrucción.

Los cosacos, aquellos, eran despiadados con todos, y prohibieron todos los libros.

Samanta tenía una biblia preciosa de la que no quiso deshacerse, pues era antiquísima, de sus bisabuelos o más en la familia.

En la plaza del pueblo, allí una gran montaña de libros dispuestos a ser quemados.

Más todo el que tuviera un libro en casa, serían quemados todos con la casa.

Así Samanta decidió hacerse unas zapatillas con aquella biblia, aprovechando cada contexto, cada frase, cada lágrima por todos, y vestida de mendiga, decidió pasarse por la plaza aquella, que ardía tremendamente.

Ella dio muchas vueltas alrededor de la candela y, como esa biblia parecía tener poderes, en cada vuelta alrededor de la candela, todos los libros parecían arder, pero ninguno se quemaba.

La guardia, al ver las llamas de más de diez metros de altura, decidió retirarse, pues aquello no habría quien lo parara ya.

Todo el pueblo rodeó aquel infierno, obligados por los soldados. Pero con el frío que hacía allí se fueron acercando, más y más, a los libros.

Ese fuego no quemaba nada, mientras nuestra amiga saltaba más y más, alrededor de todos.

Ya que vieron que se podían coger los libros.

Un monje que allí estaba con todos gritó:

¿Debemos de coger todos los libros y enterrarlos en la cueva del olvido?

Era una cueva en la ladera de un río seco, que nadie se atrevía a entrar, porque allí se escuchaban lamentos que nadie entendía.

y con el temor de que los cosacos exterminaran a todos, creyendo que ellos apagaron el fuego,

Así se atrevieron todos en fila, una fila larguísima de personas en las que todas colaboraron y los introdujeron en lo más hondo.

Conforme entraban, había una paz tremenda.

Mientras nuestra querida amiga seguía en la entrada de la cueva.

Así decidieron todos, llevar hasta la plaza cantidad de madera que seguiría ardiendo.

Para hacer la montaña de cenizas, más o menos. Adecuada.

Mientras Samanta decidió ya marchar del pueblo con esa maravillosa Biblia.

Y así todo se calmó y ella volvería, para poderla a custodia en su casa familiar.

Provocando así el fin de esa sangrienta guerra.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor. 

**Nati y su osito. (cuento)

 

Nati era una niña muy buena, y buena en los estudios y en la escuela.
Pero vivía bastante lejos de la ciudad y por allí no, había amigos para jugar, así que los fines de semana, lo dedicaba a su viejo osito que nació con ella, y jamás se separaban.
Por las mañanas, le leía cuentos a su osito, pues en la cama era donde mejor estaba.
Y su mamá siempre le traía galletas.
Más cierto es que se lo pasaba maravillosamente,
Pues este cuento decía.
En un prado muy frondoso, corría un osito pequeño con una linda niña de trenzas doradas.
Saltaban, se revolcaban por la hierba e incluso comían miel de las colmenas.
Siempre Nati estaba riendo en su cuento, pues se metía tan adentro de él, que era vívido de verdad.
Cuando ya se cansaban, se sentaban a la orilla de un precioso arroyo de aguas cristalinas, y el osito atrevido se metía en el agua sigilosamente, mientras ella se tumbaba y descansaba.
Pero este oso nunca se cansaba, y con sus grandes manos, cogía el agua fuaaaa y la ponía chorreando.
Ella lo miró, diciendo: "¡Te vas a enterar, oso!". Saltando encima de él y terminaban los dos revolcándose en el agua y riéndose a montones.

Ya, cuando atardecía, el oso se sacudía y la completaba de mojar, jajajá, jajajaja.
Así ella se quitaba su ropita, y la ponía sobre unas piedras que la secaban muy pronto, pues esas piedras de tanto darles el sol hasta quemaban.
Ya cuando se secaba la ropita, se vestía y marchaban hasta su casita, donde estarían los dos, en su sillón, viendo la televisión.
Otro día, os contaré cuando Nati y su osito fueron a la feria y cómo lo pasaban, ¡síííí!
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

lunes, 3 de octubre de 2022

**El niño y el ganso.(cuento)

El niño y el ganso (cuento)
Érase, en una preciosa granja, donde vivía una familia que, con el abuelo, criaban de toda clase de animalitos, pero entre ellos el ganso y los patitos.
Un día, este chiquitín echó a andar, saliéndose de la vista de sus papás, así que el verdor de las plantas les impedía verlo.
Así pasaron algunos minutos, cuando sintieron un gran chapuzón en el lago, que aunque no estaba muy lejos, el niño cayó al agua.
De pronto, los padres del niño reaccionaron diciendo.
—El niño, el niño —salieron corriendo, y en ese mismo instante un ganso que en el tejado había, al sentir el chapuzón.
Saltó sobre el lago, metiéndose inmediatamente debajo del niño.
Y en segundo este subió hasta lo alto y los papás lo cogieron.
El ganso habría salvado la vida de este niño.
En días sucesivos, el ganso, siempre ya, vigilaría al niño desde su tejado.
Unos días más tarde, los papás decidieron hacer una prueba de fe a este ganso, con el niño.
Así dejaron salir al niño solito de la casa; efectivamente, este niño tiraría para el lago; ellos no saldrían, aunque estaban muy atentos, por si algo iba mal.
En ese momento, el ganso empezó fuertemente a cacarear, pero al ver que el niño estaba ya en peligro,
El ganso saltó y voló hasta ponerse delante del niño. Este saltó al agua, y el ganso se metió debajo, mientras el niño se agarró a su cuello, y el ganso, lo más contento, se fue más adentro con el niño.
Y los dos jugaron un buen rato en el agua.
Los padres, viendo aquello, supieron que ese ganso protegería al niño contra todo y contra todos. Desde entonces, siempre que salía el niño de casa, el ganso estaría a su lado, muy pegadito.
Y además, siempre que un desconocido aparecía cerca, gritaba como un condenado.
Así fue, un niño feliz con su amigo, el Ganso, que se harían inseparables hasta el final de sus vidas.
Cuando el niño se hizo mayor, y el ganso se hizo viejito, más cuando murió, lo enterraron, como si fuera de la familia; incluso a la entrada de la granja, mandaron hacerle una estatua en cada lado de la entrada, con un epitafio maravilloso que hablaba del ganso y el niño. Fin.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.

domingo, 8 de mayo de 2022

**Enriquin le llaman sus papás, cuento.

   Enriquín, así les llaman sus papás.

Esta historia es ficticia, pero muy dada a la realidad.
Este niño de apenas tres años es encantador y muy travieso.
Ya el primer susto, con solo un añito, se lo dieron a sus padres.
Se escondió tan bien, que les llevó dos horas encontrarlo, en una casa no muy grande.
Ellos, asustados, supusieron que el niño abrió la puerta de la calle y se marchó.
Bajaron escaleras, subieron hasta el último piso, se asomaron por los balcones de un lado y otro y nada, rebuscaron por la calle y tampoco.
Se cagaron de miedo, así subieron a la casa, después de tanto tiempo, para llamar a emergencias, y el niño allí estaba sentado en el sillón, cabroncete el niño.
Miraron dónde se pudo meter, cuando ya se relajaron, y solo encontraron la almohada de la cama del matrimonio, en medio de la cama.
Ahora con tres añitos ya, aún es peor. Pues desde aquel fatídico día, no paro de putear a los padres.
Como os digo, se marcharon a un gran centro comercial, pararon en aquellos inmensos aparcamientos y, entre mirar si llevaba el bolso y el monedero, este se escapó de su lado, ellos mientras cogían el carro de la compra.
El susto fue morrocotudo.
No lo veían. Había cientos de coches aparcados; se recorrieron todo el aparcamiento en pocos segundos y nada. Uno entró al centro comercial, se pateó todos los pasillos y tampoco; ya se vieron obligados a anunciarlo por los altavoces.
Pero fue inútil aquella vez.
El niño no apareció.
Miraron por las cámaras de vigilancia ya con la policía.
Y vieron a un hombre que desaparecía por la esquina de los exteriores del centro comercial, con el niño de la mano, pero era tarde ya, pues desapareció del entorno del centro. La policía ya en Jefatura analizó las cámaras muchas veces, mientras lo buscaban por todas las calles y en los llanos cercanos.
Pero el día se fue.
A la mañana siguiente, mostraron la imagen a todos los trabajadores del centro, a ver si alguien lo reconocía, pero nada; era horrible para los padres, que buscaron incansablemente, hasta por las noches.
Otro día más.
A las cinco de la mañana, algunos trabajadores de descarga en los camiones lo comentaron, y un chico que recogía los carros de todos los aparcamientos reconoció a este hombre; así se lo comunicó a su jefe y este llamó a la policía y estos a sus padres.
Ya todos juntos en las oficinas, este dijo: "Si se llama Antonio, es un borracho que siempre está por aquí buscando en los contenedores de la basura, y vive en una choza pegada a la carretera general que está cubierta de adelfas y se ve poco" Junto al puente,
La policía ha salido corriendo con los coches, y han retenido a sus padres allí, pues están demasiado excitados para que vayan.
En pocos minutos ya tienen todo cercado, y se han acercado a la entrada.
Llamaron a la puerta, que era de tablas; dijeron: "Antonio, puedes salir".
Este sin más abrió la puerta y dijo: "¿Qué queréis?".
¿Estás solo, Antonio? ¿No tengo a mi nieto conmigo?
¿Podemos verlo? ¿Sí pasar?
Así pasaron y allí estaba Enriquín jugando.
Se los llevaron a los dos al cuartel de la policía, y avisaron a sus padres de que el niño estaba estupendamente, que vinieran a recogerlo.
Bueno, Antonio solo creyó que era su nieto, que a saber si lo tenía siquiera, pues su cabeza ya no está en sus cabales, aunque no es mala persona; todo fue un error de su enfermedad, y lo dejaron libre con cargos; era muy mayor.
Desde este día, este niño fue vigilado por sus padres día y noche, hasta el próximo hangar que les haga...
Hoy salió bien, pero podría haber sido una gran tragedia.

Enrique Nieto Rubio.  

Derechos reservados.

viernes, 9 de julio de 2021

**En la casa de la sombra. (cuentos)

 

En la casa de la sombra, de Enricostro,
Unos chicos “yotuvistas” que se dedicaban a grabar de todo y colgaban sus vídeos; ellos se atrevían con todo, hasta profanar panteones familiares en el cementerio.
Bueno, ¿qué pasó en esta casa? En una de estas sillas, justamente detrás, había como una sombra.
Uno de estos chicos golpeó esta silla, sin darse cuenta.
Y esta sombra salió aterrada, pues jamás se dio cuenta, durante cientos de años, de que su dueño, en tantos años de ruina, no se dio cuenta de que ya no tenía dueño. Se aterrorizó tanto que quedó en un rincón de esta casa. ¿Cómo pudo pasar y en qué momento?, se decía la sombra. La sombra no encontraba explicación, ni qué haría ahora.

Así que después de mucho pensarlo, se enfrentó a la sombra que lo había despertado, culpando a su dueño de todo cuanto le pasaba.

Las dos sombras, después de mucho discutir, acordaron pegarse a este chico, así que sería el único del mundo en tener dos sombras.
Desde entonces fue un problema para él, pues ya fuera en fotos o en vídeo, no saldría bien, y pareciera como si las tomas estuvieran movidas. Así que como el dueño de la sombra no estaba contento, dejó de salir de casa. Ya que las dos sombras seguían discutiendo,
La sombra de la casa volvió a la casa, a ver si conseguía recordar dónde y quién era su amo. Días y noches se tiró sentado en aquella silla y no consiguió recordar nada, solo que hubo un incendio muy grande una vez, pero no recordaba que allí murieron todos mientras comían. Un día por la ventana, sintió unos ladridos de un perro que estaba amarrado a una de las fincas de al lado. Salió y sigilosamente se acercó al perro; por detrás y buscando su sombra, vio que no era como la suya. salió corriendo sin entender nada.

Más adelante vio un ciervo, e hizo lo mismo y nada; una gallina en una granja cercana y tampoco; una tortuga, mucho menos.
Entonces recordó que la que más se parecía era la de aquel chico, aunque la suya era más grande y robusta; viajó por todo el mundo y todas las ciudades, probándose todas cuantas encontraba.
Un día de otoño se encontraba sentado en un banco del parque, porque lo cierto es que hacía mucho frío.
Y además estaba sumergido en una gran tristeza, pues aquello estaba desolado. Casas, más adelante, salió un anciano de un portal a pasito lento, y muy bien abrigado.
Este buen hombre anduvo por el parque, y como se cansaba, de vez en cuando se paraba y se sentaba un ratito en los bancos.
Al llegar a la altura donde estaba esta sombra, le tocó descansar.
¿La sombra pegadita a él se encontraba muy reconfortante? ¿Era como si hubiera estado en él toda su vida?
Así que le pidió permiso a su otra sombra; esta le dijo:
¡Sin problemas puedes quedarte con nosotros siempre que quieras, pues aunque no salimos mucho, todos los días damos un paseíto corto, por el solecito, que a mi amo eso le sienta muy bien!
¿Verás cómo nos divertimos las dos? ¡Sí, hay muchas gracias! Me siento tan calentito en este cuerpo que seré muy feliz aquí, ¡gracias!
Así este abuelito se levantó con algo más de fuerza, pues ya eran dos sombras las que lo sostenían. Ya pasaron tantos años que, aunque algunas personas no se explicaban cómo tenía dos sombras, tampoco parecían hacerles mucho caso y desde entonces las dos sombras fueron inseparables, para los restos de sus vidas.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
Cuentos.


domingo, 15 de noviembre de 2020

**Erasé en unos tiempos mágicos.

 



Érase en unos tiempos mágicos, en un precioso bosque de hadas.

La vida era demasiado bonita, pues todas las hadas se lo pasaban maravillosamente jugando con los animales y la naturaleza.

Ellas jugaban también a crear nuevas especies de flores hermosas, flores gigantes nunca vistas.

Pues les encantaba esparcir por otras flores ese maravilloso polen creador de la vida.

 Así era durante millones de años: inviernos templados, primaveras cálidas, veranos otoñales.

Este mundo llegó a ser tan intenso, que ya no había espacio para nada.

Las hadas ya tropezaban con todo; no se podía volar, pues era tan intenso que la luz no llegaba al suelo, y esto ya era un problema para los animales de tierra.

Eso sí, las aves voladoras más grandes, como podían subir hasta las copas de los árboles, estaban encantadas.

Un día, una pobre tortuga que lentamente paseaba por la tierra le dijo a una hadita encantadora que sentada estaba:

¡Hola, hadita!, yo ya estoy muy mayor, y me atranco con tantas ramas y raíces; ¡tú podrías ayudarme!

¡Claro que sí, cómo no hacerlo!

Entonces esta hadita comenzó a cortar raíces y ramajos, pero eran demasiadas, y ella solita no adelantaba mucho, y lo peor es que como entraba poca luz, muchos animalitos enfermaban, y la tortuga no podía comer sano, y le dolía la tripita mucho.

Así decide, el hadita viajar hasta el palacio de las hadas, eso sí, le costó muchísimo, y llegó a romperse una alita, pero consiguió entrar por la ventana, de una de aquellas torres del castillo, que era inmenso.

Pero qué pasó, que aun entrando al castillo, no podía hablar con el hada reina. Pues tenía que pedir audiencia y eso llevaría algún tiempo…

 Esta hadita joven empleó una contraseña.

Que era la de usar las emergencias, en alerta roja.

Y eso era allí muy importante, pues quería decir que su mundo se empezaba a morir.

Los soldados hadas la escoltaron hasta el hada reina, y entonces ella, allí tan pequeñita, el hada reina le dijo seriamente:

¡Espero y sea importante, pues no estamos para chiquilladas!

 Ella respondió: ¡Majestad, pasa que este mundo se muere, los animalitos de a pie ya no pueden caminar, pues no queda espacio para andar!

La luz ya no entra hasta el suelo, y están enfermando todos, y limpiar los bosques es imposible, pues no queda espacio para nada, y muchas aves, incluso nosotras, chocamos con todo y nos hacemos mucho daño. ¡

—¡Uf! —dijo el hada reina—, pues no sé qué podemos hacer; reuniremos al consejo y, en el transcurso del día, te mandaremos llamar, así te quedarás a comer con nosotras, ¡¡y dormiremos la siesta!

La citaron a las cinco de la tarde; la hadita estaba preciosa, con sus alitas repuestas.

¡El veredicto es que este mundo está saturado de follaje y hemos decidido que iremos a la tierra y nos traeremos una pareja de dinosaurios para repoblar el nuestro y los esparciremos por parejas por todos los reinos!

Así fue como metieron unos dinosaurios grandísimos.

 que después sus hijos jugaban con el hadita por todos sitios y la tierra se fue aclarando.

Y como comían mucho verde, ya entraba la luz por todos sitios, además de hacer grandes corredores con sus robustos cuerpos, y así su mundo volvió a sanar.

FIN.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados.

jueves, 24 de septiembre de 2020

**En el país de las hadas.

 


Lucilia se llama, es una niña. Tiene 11 añitos. En un accidente de coche. Una mañana de agosto, su coche, con sus papás y su hermana mayor. Se desbocó por un terraplén, aquí en Despeñaperros. Que es un paso de montaña, bastante peligroso. Esto fue hace un añito.

Allí está el coche todavía, pues no vale la pena subirlo de tan hondo como está.
De allí salieron todos muertos. Menos nuestra querida Lucilia. Ella, desde entonces, está en una cama, pues está parapléjica.

Tiene la mirada perdida en el horizonte. Siempre está mirando por una ventana, en una bonita casa en el campo. Cerca del Campo Bosco... en la Sierra de Córdoba.


Yo soy su cuidadora y siempre estoy con ella. Nunca desde el accidente ha hablado. Pero estos días de primavera, ella se siente más despierta y juguetona. Los ojillos quieren ir más lejos, pero el poyete de su ventana no le deja ver más allá. 


Sus tíos vienen poco por aquí.

Hoy he decidido sacarla a la calle. Claro que aquí no hay muchos metros para pasear, pues esta casa está construida en una de las montañas más altas de la sierra... Pero los paisajes son de lo más hermosos de este mundo. 

Aquí en su sillita, el sol reflejándose en sus hermosos cabellos. Parece resplandecer de belleza.

Lucilia es una niña de cabellos rubios, piel muy blanca, chatita, vamos es preciosa. Su sonrisa la hace aún más hermosa. La he dejado en el porche, cerca de un muro que rodea toda la finca. 

He entrado a hacer algunas cosas, pues la vigilo por la ventana en todo momento.

Yo me llamo Guadalupe y soy de México; me vine con mis padres a España. Tenía entonces 14 años, ahora tengo 21 años, y desde hace 5 años estoy en esta casa. Duermo, como y vivo aquí siempre. Me tratan maravillosamente.

Y cuando llegó Lucilia, mi vida cambió por completo desde ese día. Ella ha sido mi muñequita; la quiero como si fuera mi hermana.
Moriría por ella, en cualquier momento. Es el reflejo de mi vida, y me llama Guada desde entonces.

Como os he dicho. La tengo fuera de la casa. He sentido reírse a carcajadas y se está mirando el brazo. Tiene una luciérnaga revoloteando a su alrededor, y se le posa en cada vuelta en su brazo... Ella ríe, con locura; hasta se le ha posado en su nariz. ¡Está loca de contenta! 

He salido y le he preguntado:
¿Qué te pasa, Lucilia, por qué te ríes tanto?

¡Ay, Guada, es un hada, me ha visitado, y me ha dicho que me llevará un día volando por todo el campo!


¡Ah, sí! Yo me alegro mucho, ¿ya tienes otra amiguita?

¡Si Guada es un hada preciosa, tiene sus alitas de oro y su cuerpo de plata, es muy bonita, estoy muy contenta!

Bueno, ¿quieres que te meta en casa ya?

¡No, por favor, déjame un poco más; el sol me calienta mucho, y me siento muy a gustito! ¡Guada, te quiero mucho!

¿Yo también, mi tesoro?

Si me necesitas, me llamas, ¿vale? Esto de que hables es maravilloso. ¿Estaré en la casa?

Al ratillo unas risas tremendas salían de su boca; yo me fui a la ventana del baño que daba enfrente de ella, así le veía la carita y lo que hacía.

Tenía en su mano una Santa Teresita, pero me ha sorprendido mucho... está hablando con ella, y Lucilia le está contestando. Yo siento un sonido bajito, que sale del bichillo este y también... mueve la cabeza, ¡parece que es cierto! Que habla con ellos.

Lucilia les pregunta:
¿De veras que sois hadas?
Ellas parecen responder:
¡Claro que sí! Hemos venido a llevarte a dar una vuelta.

¿Me llevaréis en serio?
¡Claro que sí!

He seguido con lo mío, pero hace unos minutos que no la oigo; he creído que se había quedado dormida. He salido porque me he asustado mucho. 

Su silla está vacía; los temblores se han apoderado de mí. Estoy mirando por todos sitios, pero no veo a mi niña, no sé qué hacer...  Estoy mirando por los acantilados estos, pero no se ve nada. 

Esto parece una pesadilla. He cogido el teléfono para llamar a los tíos y, de pronto, se me ha parado encima del teléfono un bichillo. 

Sí es como una libélula, ¡pero no es! Es un hada preciosa y me ha dicho:

No busques a Lucilia, pues está con nosotros, visitando el reino de las hadas.

¡Venga! No me lo puedo creer, ¿cómo es posible?

¿Pues ya lo ves? Las hadas hemos existido siempre, solo hay que creer.

Me he sentado en una silla, me he quedado flojita.

¿Me dejas que te coja?
¡Bueno, si así te sientes mejor!

La he cogido en la palma de mi mano, es divina, dulce y delicada... Me la ha pegado a la cara y me hace cosquillas con sus alas.

Su olor es parecido al de la vainilla; es para comérsela; la estoy besando muchísimo.
El hadita me ha dicho:

¿Quieres venir conmigo? Te llevaré al reino de las hadas y estarás con Lucilia.

¡Sí, sí, por favor... lo deseo tanto!

Así que de pronto he desaparecido, y al instante me he encontrado en el país de las hadas. 

El lugar es como el de los cuentos de fantasía, con unas cascadas de agua de colores. Maravillosos valles llenos de flores preciosas, millones de hadas revoloteando por todos sitios.

Hay un inmenso palacio de cristal, subido en una cúpula inmensa de grande, rodeada de raíces gigantes enroscadas, todas hechas de color esmeralda.
Millones de estrellas en las que las hadas revolotean de una en una, y hacen soplar a las galaxias, para que sigan girando; mundos preciosos de flores que vuelan, y mares de olas gigantes y hermosas.

Las pequeñas haditas corren y vuelan por toda la superficie, entonando lindas melodías.

Es lo más bonito jamás visto por mis ojos... Allí mi Lucilia sonreía feliz.

La llamo:
¡Lucilia, Lucilia!
Mi niña me miró, con una cara de felicidad.
¡Guada, mira! ¡Estoy andando!


Mi lucilia corría por encima del agua. Llevaba un camisoncito de encaje blanco, y sus piernecitas corrían tremendamente... el agua salpicaba y daba vuelta y vueltas con sus brazos en cruz. 
¡Estaba sana y más llena de felicidad que nunca!

Yo me deslicé por el aire y le agarré de su mano, y bailamos las dos durante muchísimas horas. Éramos muy felices las dos.

Y cuando yo miraba para el pasado, veía a Lucilia en su sillita de ruedas. Mis lágrimas brotaron y no quisimos volver jamás.

Así que ambas decidimos estar en el país de las hadas para siempre. Nos quedamos abrazadas y dando vueltas por el aire... Las hadas regocijadas nos rodeaban dando vueltas a nuestro alrededor.

Aquí en este mundo, nunca anochece y nunca existe la tristeza; todo es amor y alegría...  Siempre se está jugando y cantando.

Todo es real, si tú lo quieres, pronto nos convertiremos como ellas... ¡Seremos hadas para siempre jamás!

Solo tienes que cerrar los ojos, puedes imaginar mundos insólitos colmados de todo lo más maravilloso... y volar, reír, cantar y ser eternamente feliz.

Y colorín, colorado... este hermoso relato de haditas ha terminado.


- Fin -


Enrique Nieto Rubio
Derechos reservados 



martes, 15 de septiembre de 2020

**En el parque ( cuentos.)

  En el parque, cercano al zoológico, un anciano no de muchos años, descansaba de su corto paseo.

 Él se levantó feliz esa mañana, pues vendrían sus hijos, y nietos a almorzar este día. 


Y él, un poco cansado, se sentó como de costumbre en su banco favorito, pues tenía una fuente cercana y escuchaba el agua caer.

Él pensaba en voz baja, lo feliz que había sido siempre.

 Con su esposa en casa y esa familia maravillosa que Dios le ha regalado.


Era muy sensible y soñador. 

 En un banco.

Hacia frente, a él de pronto alzo la vista al frente y en aquel banco del otro lado del paseo, una preciosa niñita, de unos catorce años, lloraba amargamente.



 Él la miró y su mundo de felicidad, se derrumbó en ese instante; él no podía contener sus lágrimas, al verla llorar. Mientras su cara se entristecía, lloraba tanto, que era imposible no darse cuenta.


Ya no pudieron más, los dos; se miraban y lloraban. Había entre los dos una pared imaginaria, que les impedía ver lo demás.

 Ella se levantó y se acercó a él, diciéndole: "¿Por qué lloráis, señor? Él levantó la vista y le dijo: "¡Si yo era el hombre más feliz hace unos segundos, y ahora ya lo ves, soy lo más infeliz del mundo!"

 ¡Mundo!

¿Pero por qué, señor?

¡Por vos, mi querida niñita, por vos!


—¿Si lo mío no es nada, pues solo fue una pelea con mi novio, pues es un cretino, y maleducado, y así bajito, buen hombre, le diré que cortamos porque me negué a tener sexo con él, el muy capullo, y solo por eso lloramos —dijo la chica.

¿A la mierda que se vaya? Y este hombre dio una carcajada mientras la chica le besaba en la cara.

Ya se sentaron los dos juntos y estuvieron charlando de todo y se lo pasaron tan bien, que decidieron verse todos los días, aquí en estos bancos del parque.

La chica de los consejos que él le dio, se fue muy contenta, y él también.

Ya él se marchó a casa y le dijo a su mujer que había conocido a una chica en el parque, y que ahora son amigos, pero no sufras, que aún no somos novios, solo tiene catorce años, ja, ja, ja.


Ella le respondió: ¡Y qué tontito que eres!". Y le dio un arruchón en esos mofletes que él tenía.

Así que llegó su adorada familia y se besaron y lo pasaron maravillosamente, hasta llegada la tarde que se marcharon muy contentos.   


Al día siguiente, llegó y allí estaba la chica; él la vio y aligeró un poco más el paso, y se besaron en la cara como dos buenos amigos.

Ella le preguntó: "¿Que cómo fue ayer?". Él contestó: "¡Sí, fue maravilloso! Pues, ¿sabes?, tengo una de mis nietas que tiene tu edad". "¿No me digas??", Pues sí! ¿Y tú cómo te va con tu novio?".

Bueno, ayer vino a casa pidiéndome perdón, ¿y que no pasaría más.

 Abuelo, me pasa lo mismo que a ti, que soy muy sensible, y entre tú y yo, no me pude resistir, a su ternura y me ganó en el amor, pero no te creas, tomé precauciones, ¿sabes?


El hombre, tanto como lloró aquel día de antes, no paró de reír, jajajajajajajajajajajajaj. Le dio tal ataque de risa, que terminó levantándose y marchó para su casa, eso sí, sin antes darle un gran beso a esa niñita.

Ella se levantó gritándole: "Adiós, abuelo, adiós". Ja, ja, ja. 

¿Hasta mañana?

Así pasaron muchas semanas, hasta que un día ella le comentó: Abuelo Antonio, me voy a casar, ¿quieres ser mi padrino de boda?

¡Sí, claro, cómo no voy a serlo, si eres una chica maravillosa!

 Antonio, y tu mujer, que está invitada también, que tengo muchas ganas de conocerla, que tiene que ser maravillosa como tú. Te quiero, abuelo Antonio, ¿nos vemos, sí?



Así fue como se hicieron como de la familia, que quedaron para todo en esta vida, y después vinieron los niños, que él los bautizó también.




Bueno, hoy ya pasean las dos familias por el parque, y con ese precioso niñito que también se juntaron los hijos de ellos, para andar todos los días. FIN. 

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados de autor.  

viernes, 14 de agosto de 2020

**El náufrago pescador. (cuentos).

 



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El náufrago pescador, de Enricostro. Cuentos.
Año 1302, un día, salió de las costas de España en Gibraltar un humilde pescador con su hijo de siete años.
Cuando un maldito vendaval lo sorprendió y revoloteó su barca entre ciclones tremendos, a ellos solo les quedó agarrarse donde pudieron.
Resultado de imagen de barco destrozado por un vendaval
Entre unas bravías olas, que destrozan el barco.
Julito, el niño, se golpeó y todo desapareció; en ese mar de terror, su padre lo buscaba entre las maderas que quedaron esparcidas.
Él no paraba de repetir,
¿Dios mío, mi niño, mi niño?
Sus lágrimas se mezclaron con las olas del mar y se batieron entre agua salada.

Pronto se hizo la noche y el padre, agarrado a un travesaño del barco, quedó en total oscuridad.
En mitad de la noche, él gritaba su nombre.
¿Julito, Julito, hijo mío, dónde estás?
Pero el silencio se adueñó de la oscuridad y el mar volvió en calma, quedando un manto de estrellas en el cielo azul. 
Que se juntaban con el mar.

Así pasaron las horas y, ya extenuado, ya se iba hundiendo, pues las fuerzas ya no lo sostenían. 
Pero cuando su boca ya pisaba las aguas saladas, sus pies chocaron con unas piedras, y a tropezones, consiguió llegar a tierra.
A la mañana siguiente, cuando el sol subía, este hombre empezó a reaccionar abriendo los ojos. 
¿Julito, dónde estás?Resultado de imagen de niño defallecido en un tablon en alta mar
Había llegado a una pequeña isla de Canarias, que entonces estaba 
Toda deshabitada, 
pero él no sabía dónde estaba; se levantó de inmediato, pidiéndole a Dios que su hijo Julito estuviera allí vivo.
Lo buscó sin parar, hasta que le dio toda la vuelta a la isla y allí, en la orilla, estaba sentado el niño aún desconcertado. 
¿Julito, gritó su padre?
Y este volvió la cara. 
Se abrazaron como si hubieran estado toda una eternidad.

 Separados.Resultado de imagen de niño defallecido en un tablon en alta mar
Estuvieron allí muchos días y meses; comían cangrejos y poco más. 
Ellos esperaban que los encontraran pronto, pero pasaron los meses. 
El papá de Julito se entretuvo en hacerle un pequeño muñeco de madera, de unos diez centímetros de grande, y se lo pintó con colorantes de las plantas, pues era su cumpleaños y ese fue su regalo.
El niño jugó mucho con aquel muñeco que su papá le hizo con mucho amor; así él hablaba mucho con su muñeco, y vivieron en una cueva muy grande y honda que había allí cerca de la playa.

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Un día unos pescadores pasaron por allá y los llamaron, y viendo que eran ellos, se alegraron mucho, así que los subieron al barco, que ya iba lleno de pescado, y los llevaron hasta Gibraltar, y de allí

 Hasta su casa.Resultado de imagen de gibraltar

La familia se volvió loca de alegría, y lo celebraron con una gran fiesta.
Cuando llegó la noche, Julito, asustado, pues tuvo una pesadilla, se fue al dormitorio de su papá y le dijo:
¡Papá, he tenido una pesadilla!
Sí, no te preocupes, ven, acuéstate con nosotros. ¡Sabes, papá, me he dejado mi muñeco olvidado en aquella isla!Resultado de imagen de un muñeco de madera
Su papá, para reconfortarlo, le dijo:
¿No te preocupes? Allí en aquella cueva estará muy bien. 
Y se echaron a dormir.
Pero fue pasando el tiempo y el niño se iba a la escuela y a todos les contó aquella historia que habían vivido los dos.
Y todos los niños estaban encantados con él, ya lo tenían como un héroe.

Pero Julito, de quien hablaba mucho, todos los días, era de las aventuras que corrieron, en aquella isla, él y su muñeco de madera, que era casi un hermano para él. Imagen relacionada
…....................
En la isla, un triste muñeco se pasaba días y noches esperando a Julito, su hermano, que no llegaba nunca, y un día decidió salir de la cueva, preguntó a los cangrejos si habían 
Resultado de imagen de Centolla
Visto a Julito y a mi papá; los cangrejos no sabían nada. Buscó a una tortuga que Julito, encima de ella, lo paseaba, y la tortuga le dijo que no sabía dónde estaban.Una de las tortugas liberadas en Bovera

Y así por toda la isla, preguntándole a todos los animales, y nada. 
Al día siguiente escuchó a dos gaviotas que se decían la una a la otra: "¡Sabes que en la costa de España hay un gran banco de!". 
¡Boquerones riquísimos!

Resultado de imagen de gaviotas andando
¿Así pues, y por qué no nos vamos allí? 
¡Pues, si mira!
A esto que el muñeco salió detrás de las piedras y le preguntó: 
¡Oye, habéis visto a mi hermano y a mi papá por algún sitio! Es que llevo muchos días y no los veo.

Una de las gaviotas le dijo:
Sí, yo lo vi; se subieron en un barco y se fueron para allá. ¿Fue el barco María Isabel que está atracado en Gibraltar?

¿Ah, sí? ¿Y tú me podrías llevar con mi hermano?
¡si claro como no y sé hasta en la casa que viven, pues ese día volaba yo por allí!
¿Hay muchas gracias? ¿Volveré con mi hermano si viene. 
Así la gaviota, cogió una raíz seca y, cogiéndolo de la cintura, se fueron hasta España y lo llevó a su casa y en el patio, lo dejó.Resultado de imagen de un muñeco de madera
Amigo, me voy, que se me escapan los boquerones.
¡Gracias, gracias!
Al poco rato llegó Julito del colegio, y cuando encontró a su muñeco de madera, se puso lo más contento, y desde entonces, jamás volvieron a separarse y se lo llevaba todos los días al cole. 
FIN. 
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
.da.J.d0yp.yy.c0.98.










jueves, 6 de agosto de 2020

**Marionetas de circo. (cuentos).



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Marionetas de circo, Enrique, cuentos.


Yusepe y su esposa, Rosenda, eran una pareja que mostraba sus marionetas en los circos toda su vida.  

Viajaron por todo el mundo.

Viajaron por los caminos de España durante toda su vida. 


Ellos vinieron de Italia, siendo muy jóvenes e inexpertos, en el circo de las marionetas, y poco a poco, consiguieron ser los números uno en todo el mundo.


Hoy los han encontrado muertos, en Córdoba, en la calle, mucho trigo, a los noventa y cinco y noventa y seis años, solos en su casa.


Se los han encontrado en la misma cama.

Solo el olor de sus cuerpos los ha descubierto. 

Los bomberos han subido por una ventana en el piso de arriba, con sus escaleras. Se los han llevado al tanatorio.

Cierto es que no tenían contacto con nadie desde hace cinco años, ni los vecinos siquiera.

Los han enterrado en el cementerio municipal de la ciudad. 

Cuando se llevaban sus cuerpos,

Ellas, las marionetas, una pareja así, mayorcitos.

 Y esta marioneta de esta niña y un chico en la cama.

Alguien se ha asomado por una vieja ventana, en el ático de la casa.


 Pero un espectador, un chico de quince años.

Vagabundo de la ciudad, que aunque pobre era, siempre fue un chico maravilloso, pues ayudaba a todas las personas mayores del barrio. 

Él  conocía a esta pareja fallecida, pues más de una vez les compraba la comida y se la daba a través de las rejas de la casa.


Pero un día, preguntó a otro vecino por ellos, pues nadie salía a la ventana, y otra vecina le dijo: ¡Que se fueron, con una prima, que vino de Italia!


Este chico no ha dicho nada, ha visto cómo los sacaban de la casa y, desde la acera de enfrente, ha visto algo moverse en una pequeña ventana, arriba en la casa, pero ya tiene intención de averiguar quién está en esa casa.

Ya llegada la noche, ha saltado por la ventana, de arriba, de la casa, y sigilosamente, ha subido la escalera de la guardilla, viendo que algo se movía, asomadas a la ventana, supongo que esperando que sus padres aparecieran. 

Dani, con su linterna, les ha apuntado y los tres han vuelto la cabeza y Dani se ha sentado de culo en el suelo del susto.


Pues no podía creer que tuvieran vida.

Se le ha roto la linterna; Dani pregunta:

¡¿Quiénes sois?! Resultado de imagen de marionetas de circo en postales

¡Somos marionetas, no nos ves, y esperamos que nuestros padres vengan!


Dani, muy triste, se sentó en el suelo, debajo de la ventana, y junto a ellos, solo un rayito de luz que entraba por la ventana de una farola lejana.

Dani alargó entre sombras la mano y alcanzó a los tres.

Él le contaba lo que había pasado, cosa que ellos no entendían bien.

Ellos muy tristes, aunque no podían llorar su tristeza, pues carecían de lágrimas.

Se tiraron toda la noche hablando los cuatro, bajo una vela que Dani había encendido.

Resultado de imagen de postales de un chico

La marioneta mayor, que era este abuelito, le dijo a Dani.

¡Hace muchos años que no vamos de ferias y, si no vamos, el espíritu de nuestros padres morirá con nosotros!

Así. ¿Qué le pidieron a Dani? Que si quería ser su manager, pues necesitaban a un humano que sirviera de portavoz en este mundo, regalado a ellos.

Dani aceptó ser su guía por todas las ferias del mundo.

Así fueron por todos sitios; aunque las marionetas bailaban y representaban historias preciosas de toda clase, nunca tuvieron cuerdas y, aunque todos se preguntaban cómo era eso, jamás se divulgó nada. Dani siempre dijo que era un truco de magia.

Resultado de imagen de postales de marionetas en el circo

Cuando terminaban las funciones, ellos cuatro paseaban por el recinto ferial, sin que los viera nadie, junto a la luz de la luna y a veces por las calles de la ciudad, pero encima de sus hombros, que todo el que los veía se asombraba, pues ellos miraban hacia todos lados; esto sería también un reclamo para su circo.

Fin. 

Enrique Nieto Rubio,

Derechos reservados de autor.

Colabora en imagen.

Silvia Regina Cosio Cámara.