martes, 4 de agosto de 2020

**Cuando ella venga a por mi.

Cuando ella venga a por mí, en este último viaje,

Cuando ella venga a por mí, en este último viaje,

Antes de partir, me gustaría conocerla bien.

Pues vivir toda una eternidad con ella.

Antes debemos intimar, ¿verdad?


Pero qué cosa, sí me ha hablado; y me ha dicho,

que he tenido toda una vida para intimar y conocerla.

Pero se vuelven mis pensamientos hacia el pasado.

Y he visto varias veces a ella, sin darme cuenta.


Una vez fue en el río; allí la vi de muy cerca.

La verdad es que no me asusté, pues fue clemente entonces.

Otra vez sí la vi, cruzando la calle, y ese autobús que, rozándome, me pasó; cierto es que ya la conocía.

Otra vez más se me presentó cuando cruzaba una avenida por donde no debía y allí estaba ella.

Me querría mucho, cuando siempre me apartaba del peligro.

Y otras tantas veces, que por una presa del río cruzábamos a punto de caernos.

Sí, ahora sé que me quiere mucho, y cuando por fin venga a por mí,

La abrazaré con mucho amor, para que nunca me deje solo.

Pues ya de joven la conocí.

Que tú estés conmigo y seremos muy felices.

Sé que tendrás muchos admiradores, pues como seductora eres lo más.

También sé que no miras la edad ni el sexo, todo te da igual, pero creo que tu amor sí es el mismo para todos.

Así, mi querida muerte, no tengas prisa por llevarme.

Pero cuando lo hagas, estaré esperándote.

Pues mi maleta será ligera, solo la cargaré de amor, sueños realizados, caricias tiernas, palabras hermosas de extrema pasión.

Y hermosos sentires vividos, chapó, amada mía, tú la muerte, que sin querer moriré por ti.

Pero con tu linda música, de este precioso violín que seguro se lo tocas a todos, supongo que para tranquilizarnos, será apasionante subir.

Enrique Nieto Rubio

Derechos reservados. 

**Una esperanza que nunca llega.

Una esperanza que nunca llega, de Enricostro.

***********

Cuánto tiempo te esperé.

 Y tu amor nunca llegó.

Encerrado en mi despacho,

 El tiempo se me esfumó.


Ya los libros no me llenan.

 La ilusión se me fundió.

Los recuerdos quedan lejos.

 Pues tu amor se me murió.


Ya tus flores se murieron.

 ¿Cómo se muere mi sentir?

Llorando me desespero.

Nada tengo para ti.


Solo me queda este veneno.

 Para poder ser algo feliz.


Ya mi mundo se derrumba.

 Todo en él se me perdió.

Más si salgo de mi tumba,

 Solo será el desamor.


Por haberte amado tanto,

 Y por darme tú la flor,

de ese amor con encanto,

 Que el tiempo me lo robó.


Si un día preguntas por mí,

 Búscame en este rincón.

que aquí descansan mis huesos.

 En esta desolación.


Te dejo mi testamento escrito.

 con lágrimas de amor,

Firmado con esta pluma,

 Que salió de tu corazón.


En él te dejo la esperanza.

 que a mí nunca me llegó.

Te dejo esa flor marchita.

 Que me robó tu corazón.


Y este libro de ensueños,

 ¿Qué escrito está, tu amor?

Pues aunque no fue conmigo, 

Solo fue a un ladrón.


Pero no te preocupes, mi cielo, 

Mi sentir ya descansó.

Yo no te guardo recelos.

 Te deseo lo mejor.

que en esos labios tú tengas,

 El néctar de un gran amor.


Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados de autor.



**Ámbar una chica enamorada. (relatos).

Ámbar, una chica enamorada, que una noche, justo a las doce de la noche, se despidió de su amado esposo, aquí en la vieja estación.
Ella decidió coger este tren de última hora.

Un viaje sin retorno, pues ella era muy inquieta y él no le tenía paciencia, ni ella a él, y aunque se querían, decidieron vivir separados.

Mas él se marchó resignado.
Ella quedó para coger el de las doce, cosa que ocurrió cuando él desapareció de su vista.
El tren no paró aquella noche; allí se quedó sentada esperando, no sé qué. 
Ella estaba como perdida esa misma noche; se marchó al bulevar y terminó haciendo la calle. Alquiló una habitación; así pasó la primera noche entre hombres, haciendo el amor uno y otro hasta el amanecer. 

A las ocho de la mañana, decidió dormir hasta las tres del mediodía, en que el hambre la llamó, y encontrándose toda la cama llena de billetes de los grandes. 
Comió y, por primera vez en toda su vida, se encontró maravillosamente bien, dándose cuenta de lo vivido con su marido.
Todo fue un fracaso. Pues ella deseaba más, deseaba. Todo de los hombres.
A la noche siguiente se marchó tan preciosa como todos los días, pero más orgullosa aún. Y se fue abajo de su hostal.

Ya tenía su primer cliente, para hacer el amor, pues realmente era una diosa del amor y el placer.

Tenía tanta clase que el rumor de una chica fantástica vivía junto a la estación del tren.

Así fueron tantos y tantos, que las noches se les pasaban volando.

Cierto, es que era feliz, pues hacía felices a todos los hombres.


Cuál fue que una de estas noches, un señor la pidió, de subir; ella estaba supercambiada ya, pues fueron muchos los meses, y ya en la habitación, este hombre se desnudó y cuando ella estaba encima haciéndole el amor, este se sentía morir de placer, que jamás lo había tenido.
Él, al mirarle, le dijo: "¡Ámbar, eres tú! ¡¡Ay, Antuan, mi querido esposo, mira en qué me he convertido!!".
Y Antuan, después de esta maravillosa noche, que jamás la tuvo con ella, le preguntó: "¿Te importa que vuelva otro día?". Ella le respondió: ¡¡Sí, como con cualquier otro!!

 Ella esta noche quedó satisfecha, y se quedó el resto de

 La noche, pensando en su marido, que se fue de lo más satisfecho. Así, hasta que fue muy mayor, y muy feliz, con todos los hombres, ya a los sesenta años, decidió retirarse, y se quedó con su marido, que desde aquel día la visitaba casi todas las noches. FIN

Enrique Nieto Rubio. 
Derechos reservados.

**Una carta para quemar.



Una carta para quemar. De Enricostro.*


¡Mi querido amor, tú, mi niña de la ilusión, esta carta, mi cielo, te la envío con todo el dolor del mundo!


¡Recuerdas esta foto del corazón, que nos hicimos en la Feria de Abril, aquí en Sevilla!


 ¡Fueron unas vacaciones maravillosas, donde vivimos todo intensamente, y hoy, con lágrimas en los ojos, la miro y con ese dolor que dentro de mi corazón aún está latiendo por tu ausencia que jamás regresará!


Fueron quince días de ensueño, entre ferias y recorrer el casco histórico de Sevilla.


Todo en ti eran risas y cantos, todo era maravilloso; aun cuando cierro los ojos, te veo en aquel hotel que, después de toda la mañana andando de un sitio a otro, en la siesta, lo pasábamos maravillosamente, haciendo de todo, y muchas más cosas impensables para este cuerpo mío.


Todo iba tan bien que yo me sentí el hombre más afortunado del mundo.


¡Y cómo te ponías delante de mí en el dormitorio, uff, aún me estremezco!


Pero esta vida traidora se mofó de nosotros. Y decidió machacarnos intensamente.


Sé que fue mía la culpa, conduciendo bebido que salimos del último día de la caseta aquella.


De regreso a casa y sin haber descansado, esa rueda maldita que se salió del coche cuando corría a alta velocidad y tú me decías: "¡¡Sí, sí, más fuerte, sí, corre más!!". 


Más, decías, y la curva, aquella ninguno la vimos; nos creímos que estábamos en una de esas atracciones que suben y bajan.


¡Pero qué árbol más grande!, jamás vi un árbol tan tremendo, pillaba todo el ancho del coche, sí, casi lo rompimos, sí, pero el premio eras tú, y te perdí, lo siento tanto que cada vez que lo pienso mis lágrimas caen a borbotones.


 Nadie sabe cuánto tiempo estuvimos dentro de ese coche inconscientes.


Cuando nos rescataron, ¡qué pena! Tú estabas forradita de chapas y hierros por todo tu cuerpo; yo, cuando me recuperé, eran ya semanas y aún sigo sentado, pues ya jamás me levantaré de esta silla con ruedas. Se ve que lo nuestro era rodar y rodar.


Yo declaré que solo fue esa maldita rueda que se soltó, y aunque fue así, tal vez si hubiera ido fresco y descansado... los reflejos hubieran sido otros, creo yo.


Pero qué más da de quién fuera la culpa; ya el daño está hecho y quizás se pudo evitar.


¡Nooo, mi amor!, no solo te maté a ti, maté a tus padres también, ellos que te amaban tanto.


¡Así me despido de ti, esperando pronto estar contigo, pues esta vida para mí yo no la quiero!


Más para que esta carta llegue a ti, la quemaré dentro de unos minutos y que estas cuatro letras suban convertidas en humo.

Cuánto lo siento, mi amor, y cuánto me diste en estos cuatro días vividos.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados.




y.m.d0yp.d.0.vd.