Una historia que me pasó mientras dormía.
Salía a andar como es habitual, llegando a enlazar con el puente San Rafael.
Se me puso el paso de peatones en verde, de la carretera Sevilla.
Y pasando tres, kar de estas motos de cuatro ruedas,
Cuando iba por el centro de la avenida, estos me pasaron. Les llamé la atención con un gesto con las manos y se pararon a unos 15 metros después del paso de peatones, y ellos pensaban seguir, y les grité: "Si te vas, te echaré una foto con el móvil y te denunciaré".
. Este frenó y les hizo señas a los otros, diciéndoles: "¡Esperarme en la tasca que ya voy!"
Se bajó del kar, y era un armario ropero de grande; yo me asusté, pues se vino para mí seguro para machacarme.
No me pude ni mover del miedo.
Llevaba en mi maricona un palillo de estos que comen los chinos, y lo tenía con punta de rozarlo por la muralla de la ribera, pues era una manía que había cogido.
¿Lo saqué?
Él, cuando llegó a medio metro, me tiró un puñetazo; lo esquivé y, sin pensarlo, temiendo por mi vida, se lo clavé en el pecho. Se encogió un poco y le dije: "¿Y esto por cabrón?". ¿Le pegué con el móvil de plano en el palillo, clavándoselo entero?
Todos los coches seguían parados, aunque el semáforo estaba en verde; supongo que ya habrían llamado a la policía.
Este se desplomó en el suelo.
Me fui hacia su kar Le di gas poniéndome su casco, y seguí recto hasta el próximo paso de peatones; lo atravesé y volví por los carriles del lado opuesto, pasando delante de él, que yacía en el suelo.
Lo pasé, rodeé la fuente y un chaval que lo vio todo me dijo: ¡Me llevas! ¿Sí sube?
Giraba hacia la avenida de la Confederación, paralela al río Guadalquivir, para volver a entrar por la misma dirección de donde fue el incidente, pero antes de llegar, mi intención era tirar el kar al río, pues ahí hay un sendero de unos cuatro kilómetros.
Pero se me acabó el camino; quise dar la vuelta con intención de tomar otro camino, que había más pegado a la orilla del río. Este chico, que era una pinta buena, me dijo: "¡Me dejas que la conduzca!". ¿Vale?
Cuando casi íbamos a salirnos del camino, le dije: "¿Qué me iba andando, desastre del kas, que la policía lo estará buscando?", y desapareció el chico de mi vista.
Me fui andando y todavía estaba todo colapsado de coches y gente.
Así llegué a casa, con el corazón encogido, esperando lo peor.
Ya que por allí también había cámaras de televisión.
Al llegar a la puerta de casa, encontré a un vecino que me dijo que los de la ETA han dado un golpe de Estado y el pueblo se ha sublevado, provocando una guerra civil. En nada, todo se ha ido a la mierda con bombas y todo; en unos meses la guerra se ha extendido por Francia y casi por medio mundo. Era una excusa para la Tercera Guerra Mundial.
Me alisté en él, ejercitó, luchando con los aliados franceses y los aliados italianos; la ultraderecha era la responsable de todo en Europa. Muertes y más muertes.
Ya en Francia,
Me encontré una postal de una chica francesa e italiana; era rubia, cantante y muy preciosa.
Estaba doblada por la mitad y dije: "¿Esta es para mí?". Así pasó el tiempo y batalla tras batalla fui ascendiendo hasta capitán de infantería.
Un día, después de ir pregonando que Marlene era mi novia, día tras día todo el ejército ya era consciente de que lo era, y además con pitorreo claro.
Una noche, cuando el desgaste de la tropa se hacía muy duro, nos enteramos de que Marlene vendría a cantarnos a todos, y además que ya había oído rumores de su novio, el soldado.
Cuando empezó a cantar, yo grité: "Es mi novia Marlene", y toda la tropa en pitorreo a la vez dijo: Sí, la novia de Francisco, jajaja, eso sonó más fuerte que la voz de Marlene.
Ella, ni corta ni perezosa, cuando terminó esta preciosa canción, todos pendientes de ella, dijo: "A ver dónde está mi novio". Todos hicieron un espacio alrededor de él que, para colmo, estaba en todo el centro del bullicio, y dijo: A ver, señor capitán, acérquese, que no puedo verle. Todos, jajajaja, jajajaj, se abrió un corredor en su centro y como que no era tan valiente.
Así que bajó ella del escenario, caminó hacia él y todos los focos la señalaban a ella. Cuando llegó hasta él, lo miró, se acercó y le plantó un beso en los labios, que casi se cae de espaldas, y todos tiraron las gorras al viento en ese mismo instante gritando: ¡Biennnnn!
Se dio ella la media vuelta, y como si fuera un soldado más, caminó con paso erguido, mientras todos a la vez gritaban un dos, un dos, un dos, hasta subir al escenario; el señor capitán quedó tocado y hundido.
Después se cerró aquel pasillo y su centro, desapareciendo su capitán entre los soldados…
Marlene cantó algunas canciones más, además de participar preciosas mujeres y hombres que bailaban.
Aquello fue un bum para la tropa, que les subió la moral a tope. La tropa, después de desactivar a Francia de sus enemigos, lo hicieron en España los sublevados; quedaron reducidos y detuvieron a toda la cúpula ultraderechista y en gran parte de Europa también.
Españoles y franceses embarcaron en aviones desde uno y otro país y desembarcaron en Italia; resistieron como colosos, derrotando al fascismo, pues eran unas minorías.
Restablecido el orden.
El capitán congregaba a la compañía, pues todos lo agasajaban preguntando cómo era ella.
Él se sentaba en el centro y, girando a su alrededor, les decía: Ese beso era todo amor y paz, esos ojos, esos labios, madre mía, qué mujer.
Sacaba la foto de su guerrera y con su linterna la mostraba a todos, enamorándolos por aquel amor.
El capitán, cada vez que se enteraba y podía, iba a verla y hablaba mucho con ella después de cada actuación, si ya se querían mucho.
En este último desembarco, por tierra, mar y aire, casi toda Europa se volcó en acabar con esta guerra de mentiras y conspiraciones, que también colaboraron en corromperlo todo: Rusia E Israel, que serían sancionados duramente durante los próximos años.
Cuando un día nuestra querida Marlene actuaría allí para todos ellos, pronunciándose en matrimonio, en breves días.
Con nuestro querido general que, a base de luchas y méritos, llegó hasta esta graduación donde se casarían en compañía de todos sus familiares aquí en Italia.
Fue una guerra corta de cinco malos años que tuvo al mundo en la cuerda floja.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
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