Cuando Jesús, hijo de Nazaret,
Mirando la tierra está.
Y en su casa, tierra santa,
Matándose continúan ya.
*
A la derecha de Dios Padre,
Él no para de llorar.
Sus lágrimas que derrama,
Es el agua que nos llueve.
Intentando que nos mojen,
Para calmar nuestras fiebres.
*
Fiebres de odio y riñas.
Fiebre del desamor.
Fiebres por estas guerras.
que causan tanto dolor.
*
Fiebres de ese odio,
Que no conseguimos aplacar.
Y él llora mucho.
Por lo que nos pueda pasar.
*
Pues su padre está muy enojado.
Por lo malo de este mundo,
Y discute con su hijo.
Quiere mandar otro diluvio.
O quizás algo peor.
Una piedra muy grande.
Que nos destruyan a todos.
*
O quizás un rayo fugaz.
Que venga de otra estrella.
que un día destruyó él
Por las malas personas que eran.
*
Y desde entonces, esa estrella desprende
Rayos mortales en todas direcciones.
Y quizás nos manden uno.
Para sembrar los horrores.
*
De vivir el mismo infierno,
delante de nuestros menores,
Que ninguna culpita tienen.
De que seamos unos cabrones...
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.
*
No sé si es profecía,
o una mala intuición,
Pero si seguimos así.
Puede que lleve razón.
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