Sabina, una niña, dentro de su habitación, jugaba con su casita de muñecas.
Un día, un hada mariposa entró por su ventana y se le paró en su nariz.
Jajajajaja,
- ¿Qué haces, hada mariposa? ¿Me haces cosquillas? ¿Quieres jugar conmigo?
El hada mariposa le contestó:
¡Claro que sí!, ¿si no para qué crees que he entrado por tu ventana?
¡Ay, mariposa linda, ¿quieres jugar en mi casita de muñecas?!
Sí, claro, a ver, ¿por dónde entró?
¡Va, pero no ves la puerta!
-¿Así que distraída... por aquí?
El hada mariposa entró en la casita de muñecas y se sentó en una de las sillas... Saltaba en su cama y hasta abría los armarios; lo estaba pasando, yupi, con todas las muñecas.
Sabina no paraba de reír, ja, ja, ja.
Ella, para que su mamá no la molestara, decidió atrancar la puerta de su habitación, ya que su madre siempre estaba pendiente de ella, ya que la niña estaba un poco milita.
Tal como era de esperar tocaron la puerta:
¿Sabina, hija, estás bien?
¡Sí, mamá, estoy bien!
¿Vale, hija?
El hada mariposa tenía una escoba mágica y, con ella, se puso a barrer toda la casa. Diciendo:
¿Todo esto está muy sucio? Hay que ver cómo está todo.
- ¿Sabina, me quieres ayudar?
¡Sí, claro que hago!
¿Toca mi escoba y serás pequeñita como yo, quieres?
¡Sí, yupí, gracias, hada mariposa!
Sabina tocó la escoba y de pronto se convirtió tan pequeña como el hada mariposa.
Empezaron en aquella casita, jugando las dos; tomaron té y hasta se echaron una buena siesta.
Sabina, tumbada con sus manitas debajo de su cabeza, preguntó:
¿Hada mariposa, podríamos salir a dar una vuelta?
¡Claro que sí! Dime dónde quieres ir.
¿No sé... a la calle, al campo?, a dar una vuelta por el mundo... ¿No?
¡Vale, súbete en mi escoba que nos vamos!
Subieron en la escoba, no sin antes esparcir por la casa unos polvos mágicos, para tener a los papás tranquilos, y surcaron mares, tierra, y llegaron hasta la luna, donde descansaron un rato y tomaron el sol en unas maravillosas playas que allí había.
Seguidamente, bajaron hasta unas nubes esponjosas, blancas como la leche.
Se quedaron allí jugando y saltando todo el día.
Era hermoso; desde el borde de las nubes esponjosas veían las casas de la ciudad muy pequeñitas.
Así estuvieron disfrutando de lo lindo.
Sabina le pidió prestada la escoba al hada mariposa.
Ella se la brindó preguntándole:
¿Qué vas a hacer?
¡Voy a barrer todas las nubes, y las pondré lícitas!
¡Ah! ¿Vale? ¿Yo soplaré los picos para que se vayan?
Dejaron en el cielo un largo reguero de pequeñas islas de nubes.
Después, comenzaron a saltar de nube en nube; disfrutaron de lo lindo.
A media tarde, se bajaron de las nubes en un hermoso prado que allí relucía, lleno de flores; allí, toda la tarde, saltaron de flor en flor entre preciosas margaritas que olían maravillosamente.
A media tarde, se bajaron de las nubes en un hermoso prado que allí relucía, lleno de flores; allí, toda la tarde, saltaron de flor en flor entre preciosas margaritas que olían maravillosamente.
Jugaron con los insectos, cantaron con los grillos y hasta jugaron con las ardillas.
Ya casi de noche, Sabina le dijo al hada mariposa:
Hada, la luna desde aquí, ¿verdad que se ve preciosa?
¡Sí es preciosa y allí cuando hemos estado, también lo es!
¡Subimos a ella, otra vez!
-¿Bueno, si tú quieres?
-¡Sí, sí quiero!
¿Vale? Agárrate a mí, que volaremos muy alto.
Cuando llegaron, de nuevo le dio por coger la escoba mágica, y se lio a barrer toda la superficie de la luna, y la dejó que brillara de limpia.
Se tumbaron en un sitio precioso, y plantaron hasta unas plantas moradas, preciosas, que también eran mágicas.
Ya era muy tarde y su mamá estaría muy preocupada.
Bajaron y miraron a través de la ventana, viendo que sus padres estaban de lo más tranquilos; estuvieron jugando el resto de la noche, hasta quedar rendidos.
El hada mariposa, viendo que la niña estaba exhausta, la volvió a su estado normal y abrió la puerta de la habitación, acostándola en su cama, y durmió como los ángeles, aunque en sus sueños seguía jugando.
Con el hada mariposa.

Cuando la mamá
Entró en la habitación y la vio durmiendo; no quiso despertarla.
Y la dejo dormir toda la noche.
Cuando la mamá
Entró en la habitación y la vio durmiendo; no quiso despertarla.
Y la dejo dormir toda la noche.
El hada mariposa decidió volar a la otra parte del mundo, que allí era de día.
Se montó en su escoba mágica y hacia allá voló para hacer feliz a otras niñas.
Y si alguien no cree en este cuento, que mire a la luna cuando sea luna llena, y se fije en su centro, y verán allí una hermosa flor morada.
Colorín colorado, este cuento ha sido narrado.
Este cuento va dedicado a todos los niños y niñas piel de mariposa, con todo mi cariño.

Colorín colorado, este cuento ha sido narrado.
Este cuento va dedicado a todos los niños y niñas piel de mariposa, con todo mi cariño.

ENRIQUE NIETO RUBIO.
*DERECHOS DE AUTOR*
Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cossio Cámara.














