miércoles, 18 de diciembre de 2019

**Esta noche.


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Esta noche, me visitó un fantasma.      
 Ella era sumamente hermosa.
 Bella, muy bella, sí. 
 
Más su rostro y su hermosura,
 No me extrañaba.
 Pareciera conocerla de siempre. 
 
Con sus manos muy frías,
 Acariciaba mi rostro. 
Sí, sí, sí, más yo me dejaba.
 Como si de una brisa, 
De viento de los polos fuera, 
Y me gustaba sí,,,,,,,,
 Me gustaba mucho. 

Después sus labios,
Rozaban mis mejillas. 
Y me sentía frenético.
 Pero no podía moverme.
 
Sus manos eran grandes.
Pero finas y muy suaves.
 
Con sus manos cogió mi cabeza.
Acariciando mis orejas con sus dedos, 
Y me besaba los labios.

Sentía su dulzor en mi boca.
 Me gustó tanto.
que intenté presionarla contra mí,
Para no dejarla escapar,
 Pero no podía. 

Mas ella insistía, y su hermosa boca,
Seguía bajando y bajando. 
Besando cada poro de mi cuerpo.

Ya solo veía su hermoso pelo.
 Rizado largo, muy largo y muy suave. 
Conseguí agarrar su cabeza.
Subiéndole hacia mis labios,  
Quería más de su néctar.
 Que tanto me gustaba.
 
Su rostro era suave, solo unas gasas.
 transparentes, que se iluminaba,
Toda entera. 

La aprisioné contra mi cuerpo.
Hasta hacerla mía, eso fue maravilloso. 
Sus hermosos ojos me miraban con dulzura.
Qué belleza de mujer.
 o de fantasma, ya no sé qué fue. 

Pero me dijo: 
¡Esta noche volveré y seré tuya de nuevo!
¡¡Y por qué no te quedas, dije yo!!
No, mi amor, esta noche sí.
 Volveré, te lo prometo.
 Y desapareció.
 
 Dejándome ese aroma a canela,
 Que tanto me fascina, 
Hasta quedar dormido. 

Cuando desperté, 
 Una rosa posaba en mi almohada. 
 con su bello aroma,
 fin.

ENRIQUE NIETO RUBIO 
DERECHOS RESERVADOS. 

jueves, 5 de diciembre de 2019

** Cuando me esperas sentada.



Cuando me esperas sentada, 
Como paloma al vuelo, 
Se ilumina mi mirada.
Pues eres diosa de los cielos.
Cuando me esperas sentada, 
con tu cuerpo desnudo, 
Es como volar sin alas. 
Pues eres... Tú, todo mi mundo. 
Cuando te observo de frente, 
Se me encoge el corazón. 
Pues ver tanta perfección, 
Es como ver a la muerte; 
pero contenida en ella...
Toda su inagotable pasión. 
Cuando te miro, mi cielo, 
Y te contemplo tan fogosa, 
Es como alcanzar el vasto cielo. 
Iluminado de rosas. 
¡Pues, mi dulce amada!
Con un cuerpo como el tuyo 
Vivo siempre en la gloria. 
Que no me faltes nunca.
Pues las diosas de verdad.

Solo viven en los cielos.
Y para mí tú eres real.
Pues de tanto como te quiero,
Nadie te podrá igualar.
TE QUIERO, RAFI CARDADOR.
Ya lo ves.

Enrique Nieto Rubio.
*Derechos de autor.*
Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cossio Cámara.

jueves, 28 de noviembre de 2019

**El alca de la libertad. (poema protesta)


Es el arca de la libertad.
Está que nadie me la toque.
Canto de un sueño
y vivir nuevas emociones.

Es el arca de la libertad.
Llena de nuevas ilusiones,
Que la mar sea tranquila. 
Y que no me los malogren.

Niños y niñas van 
Buscando un mundo nuevo,
Huyendo de tanta calamidad,
Huyendo del mismo infierno.

Que se rompan las barreras.
Afuera con las fronteras,
Que se hundan las alambradas.
¿Qué animales no son?

que son familias enteras,
Las que sufren un gran dolor,
Que si no somos humanos en esto,
El mundo no tiene compasión.

¿Para qué seguir viviendo?
No tendremos un futuro.
No tendremos corazón.

Pues solo nos quedará este infierno.
Y el fin de esta creación.
**
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

domingo, 3 de noviembre de 2019

**La perrita lilup. cuentos .





Lilup era una perrita caniche blanca como la nieve, preciosa y muy inteligente.
Un día de Navidad, sus amos, un matrimonio joven con una linda niñita, decidieron irse de vacaciones a Granada, un sitio precioso lleno de nieve en estos tiempos.

Todo iba estupendamente en su viaje, pero casi al llegar a Granada, una gran tormenta apareció de pronto, y el coche resbaló, y cayendo por una montaña grandísima, por el desfiladero, chocó contra un gran árbol. Y la perrita Lilup salió despedida por una de las ventanas aquellas.



Con suerte, para todos, no les pasó nada a ellos; Yon, el marido, llamó a urgencias. Y por el rastreador de su móvil, consiguieron encontrarlos a las pocas horas; fueron rescatados y llevados al hospital.

Como solo tenían algunas magulladuras, les dieron el alta y se fueron a un hotel de Sierra Nevada.
Al llegar allí, se dieron cuenta de que su perrita no estaba con ellos.
Cogieron un taxi y regresaron al sitio del siniestro, donde buscaron por todos lados y no la encontraron.
Como hacía tanto frío, para la niña decidieron regresar al hotel.
Al poco tiempo, la perrita despertó del golpe y, cojeando, echó a caminar, mas no sabía dónde estaba.
Fue por la nieve, que casi no se distingue de ella, y tenía mucha hambre.
Buscaba, y allí no había nada, y ya empezaba a faltarles las fuerzas, y se acurrucó entre un árbol y sus raíces.
Ya anocheció y solo se iluminó el cielo con millones de lucecitas, que parecía todo un cielo navideño, y mirando las estrellas, se quedó dormida.
Ya a la mañana siguiente, un zorrillo que daba unos saltos de un metro, por lo menos, con la luz de la mañana, buscaba esos ratoncitos traviesos que andaban buscando comida, y de pronto, al saltar sin querer, cayó encima de la perrita; como no se veía entre la nieve que casi la cubría, dio un salto tremendo.

 La perrita diciendo: "¡Ay, qué es esto El zorrillo dijo: —¡Perdona, no te vi siquiera, qué haces por aquí! Nada, que me he perdido, y no sé dónde está mi familia!
¡Y tú! ¡Yo vivo aquí y busco ratoncitos para comer!
¡Aaaah, ratones, qué asco!
¡Ah, sí, pues aquí no encontrarás nada para comer!
El zorrillo siguió saltando, hasta que, por fin, dio con un precioso ratón muy gordito y delicioso.
Este se comió la mitad, y dejó la otra mitad en la nieve; la perrita lo olfateó y, como tenía tanta hambre y todavía estaba calentito, decidió comerlo. Diciendo:
¡Ah, pues no está tan mal, sí, qué bueno está, buscaremos más, sí!

Sí; ¡claro! —dijo el zorrillo. 
Así que los dos empezaron a dar saltos, buscando esos ratoncitos deliciosos.
Y encontraron muchos, hasta hartarse. Y ya decidieron jugar los dos con la nieve.
Jugaron todo el día, y cuando anocheció, la perrita empezó a echar de menos a su familia; así como no tenía sueño, se dedicó a olfatear el rastro de su familia. Así buscó toda la noche, y ya de madrugada llegó a un hotel y empezó a ladrar. Su familia se despertó y se asomó por la ventana, y al verlo,
Salieron corriendo a por la perrita.
Así la perrita, con la mano alzada, le dijo adiós al zorrillo, que estaba escondido en la maleza, cerca del hotel. Y se dijeron adiós.
Ya por fin, toda la familia junta, lo pasaron maravillosamente. Fin.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.