sábado, 11 de abril de 2020

**Detención ilegal por el virus.

Confinamiento con un familiar con Alzheimer: actividades para ...
Detención ilegal por el virus de Enricostro.
Hoy sábado 11 4 2020, llevo ya casi dos meses en reclusión domiciliaria, condenado por un maldito juez llamado coronavirus, un ser tan insignificante como mal bicho.

Él me vigila por la ventana, me vigila al sacar la basura, no me deja que me acerque a nadie, pues no quiere que nadie me libere, y me tiene aquí preso.
Me acusa de destruir el medio ambiente, por derrochar, por ensuciar el aire.
Dice que soy destructor.

Me asomo por la ventana, pido ayuda, pero no hay nadie; el mundo parece vacío.

Solo veo muchos pájaros cantar, mientras sigo aquí sentado comiendo hamburguesas, salchichas y todo cuanto está a mi alrededor. Miro televisión, oigo la radio, hago de todo y de nada.
Esta es mi prisión en soledad, no tengo ganas de nada, me tengo que resetear, mas no sé qué hacer.

He pintado, arreglado cosas, he escrito, me acuesto, me levanto; ya todo es igual, esto es de locos.
Soy mi mismo carcelero por algo que no se ve; aun teniendo las llaves, abro la puerta, pero no consigo salir. Dicen que me moriré si lo hago. Y me siento.
Hoy he cambiado de silla, y me parece otro lugar, pues todo está cambiado, nada es igual. He visto otras cosas, otros paisajes, otra forma de pensar. Y estoy sonriendo, ya nada es igual; si me meto en la cocina, algo se me ocurre, y me pongo a organizar. Ufff, otro día he echado; me volveré a sentar.
Ya es de noche y mañana, Dios dirá.

Suena el reloj de la iglesia, son las seis de la mañana, nada más; en el silencio de la mañana, un gallo se oye cantar. Qué extraño, jamás se escuchó un gallo cantar.
Bueno, qué más da, ya es otro día y un cafecito me he de tomar.

Hoy viajaré al otro lado de la casa, que allí hay una puerta que hace años que ni se abre; de por sí, está llena de cosas, le llaman guardilla o trastero, qué cosa, verdad. Pues no sé qué es lo que hay allí.
Quizás sea una cueva de brujas o de fantasmas, no sé, pero hoy será un día muy largo, ya lo creo, y además de tristón, pues está nublado y tal vez hasta llueva.
Así que veré qué hay en esa cueva.

Lo sacaré todo, sí, así que me dispongo a trabajar duro. Veo muchos libros, los llevaré al otro lado de la casa: una mecedora, un espejo, muchas cajas de no sé qué serán, más cajas, un mueble de entrada... Uff, cuántas cosas.
Son las doce del mediodía y queda casi todo y sigo sacando; hay de todo, hasta joyas, sobre todo sartenes y paletas. ¿A qué les dije joyas? ¡No! "Eran ollas".

Pero es divertido, hay muchos recuerdos de familia, hasta una cunita, una palangana, persianas, un reloj de pared, y es muy grandote, otro de cuco, qué gracioso, que a lo mejor hasta funciona, un gran televisor de esos grandísimos, que tiene un culo ancho, ufff, cómo pesa.
Cinco álbumes de fotos.
Me he sentado a ver las fotos, y me lo estoy pasando muy bien.

Todo lo que hay, ya son las nueve de la noche; se me fue el día y no me di ni cuenta. Así que comeré algo y me iré a la cama, pues estoy agotado.

Vaya otro día de confinamiento. Dios, ¿quién puso tantas cosas en el piso, que no se puede ni andar?
Off, ya ni me acordaba. Tomaré otro café; son las diez de la mañana, y me he propuesto averiguar el fondo de ese cuarto.

Así que seguiré sacando cosas: dos camas desmontadas, una lámpara de pie, sillas de playa, sombrillas, una pecera, un armario, y está lleno de todo. Abro la puerta y está lleno de fotos de boda, cámaras de video y de fotos, hasta una Polaroid en su caja. Madre de cosas, los cajones a reventar, mecheros, llaveros, más fotos; hay de todo, y unas colecciones de coches de época, chiquitos que de niño tenía. Qué bonitos que son.

Este trastero es una joya, pues tiene hermosos recuerdos de mi niñez, montones de fotos de los abuelos, que no entiendo por qué están aquí solas y no con los álbumes de fotos.
No sé, lo menos, doscientas fotos, así que con ellas tendré otro hermoso día para pasar.

Todo lo de los cajones lo clasificaré y lo dividiré en cajitas, y tendré más hermosos días.
Pues mi curiosidad es cada vez más grande, por ver el fin de este cuarto, así que sigo sacando y sacando, hoy, un diábolo, que quizás sería de mi hermanita.
ooooo, cuántas cosas hay en este mueble de coqueta; era de la abuelita, la pobre se quedó solita ya muy mayor, y mis padres se la trajeron a casa; era tan buena y se reía mucho con nosotros.
Pues, aunque no lo creáis, éramos diez, con papá y mamá.
¿Cuántos recuerdos hay aquí guardados? Con razón la puerta ya no se podía ni abrir.
He seguido sacando cosas: una aspiradora, rulos de pintura, un sillón donde el abuelo solía sentarse cuando venía a casa de visita; a él solo le gustaba este sillón, y recuerdo que cuando el abuelo venía, mis hermanos y yo nos quedábamos en este sillón todos sentados, haciéndonos los locos.
Y cuando el abuelo entraba al salón, con su bastón nos corría a palos, y todos nos cachondeábamos de él, corriendo por toda la casa, pero era maravilloso.
Él se sentaba, sacaba su pipa y se ponía a fumar como lo que era: un gran señor. Y cuando ya se marchaba por la tarde-noche, nos daba cinco duros a cada uno y qué contentos nos poníamos; era un abuelo maravilloso.
Bueno, ya me hizo caer una lágrima que hasta me pareció ver el sillón moverse.
Se me ha pasado el tiempo.
Ya es de noche y estoy viendo todas sus fotos; cuánto recuerdo se ve entre las fotos, aquella casa de ellos tan grande y hermosa en la que vivían en el casco viejo de la ciudad.
Hola a todos, ya por fin le vi el fondo a este cuarto de los recuerdos.
Y ya que está vacío, lo pintaré y se quedará precioso.
Esto me llevará dos días más, pero bueno, ya no me importa, no tengo prisa; total, nadie vendrá de visita. Ya que el mundo entero está recluido.
Buenos días a todos. Hoy me dispondré al arte de pintar, pues tengo pintura, rulos, brochas; sí, es divertido. ¡Ala, a pintar!

Se ha pasado todo el día, y ya está lista; ha quedado preciosa.
Ahora iré metiendo todo bien organizado.
Pero apartaré dos ordenadores de estos de torre; eran de mi hermano. Los limpiaré y los desmontaré, a ver si después funcionan; iré apartando todo cuanto quiero mirar, para arreglar, y los álbumes y fotos sueltas.

 Todo esto lo apartaré para organizarlo y los álbumes irán al salón, y colgaré algún reloj de estos y ya cambió toda la casa, ja, ja, ja.
Bueno, ya me paso días bien ocupado, en lo que hago y tengo que hacer.
Ya por fin he metido todo bien organizado y, aunque las cajas llegan al techo, he dejado media habitación vacía.
  Todo esto ha sido una gozada y, de último, meteré todos los juegos de mesa bien puestos, pues antes nos divertíamos mucho todos los hermanos, sí.

Un día más, hoy les toca a los álbumes de fotos, y estos álbumes de sellos, este era del abuelo, tienen sellos antiquísimos y son preciosos. Los miré con una lupa y lo bonitos que son; hay unos de caballería lindísimos, sí.

Bueno, estoy calculando las fotos por su edad, según veo en ellas.
Las organizaré y las pondré en el mueble del salón.
Bueno, me llevará todo el día, pues no tengo prisa.
Ya cuando termine con todo esto, habrán pasado algunos días y, si me quedan más días, desmontaré cuarto por cuarto y, ya que estoy liado, los iré pintando todos, y el salón para el final.
Más para entonces, espero ser liberado de esta prisión, que es mi hogar.
Saludos a todos.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados de autor.



sábado, 28 de marzo de 2020

** Coronavirus casualidad o no.

Emisión de 'pasaportes de inmunidad' aumentaría transmisión de ...

Coronavirus, casualidad o no de Enricostro.

En el mes de noviembre, día 25... 2019
Divisé más de treinta objetos no identificables en el cielo de Córdoba, del tamaño de estrellas a simple vista, quizás haciendo una corona alrededor de la Tierra.
En Noche Vieja, alrededor de las once de la noche de 2019, veo como una puerta estelar en el espacio luminosa color fuego. Dirección: Valle de los Pedroche.
Más desde este mismo diciembre 2019-2020 Sale un virus llamado coronavirus, extendiéndose rápidamente por toda la tierra, matando a miles de personas.
Esto me da la casualidad de que, si no han sido estos objetos alrededor de la Tierra los que lo han propagado, ¿no es casualidad?
Esto ha causado una gran ruina a todos en la tierra, y lo peor, son padres y abuelos muertos, ellos que sufrieron esas guerras y posguerras, y mueren de una forma demasiado penosa.

Hoy día 25 de febrero de 2023, coincidiendo con el otro día, aquí arriba, aparece, sobre las nueve de la noche, aquí en Córdoba.
Dos objetos no identificables, para mí y aproximadamente, desaparecieron en un cuarto de hora y aquí les muestro los objetos.


De Enrique Nieto Rubio. 

Derechos de autor. 

miércoles, 25 de marzo de 2020

**Un mundo como este.

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UN MUNDO COMO EL NUESTRO
Eran personas de hoy, todos teníamos de todo, el mundo avanzaba, las guerras habían terminado, todos éramos muy felices aparentemente.
El mundo era feliz, teníamos casas, familias, coches móviles, consolas, televisiones grandísimas.

Teníamos de todo, nadie pasaba hambre; la energía era derrochada, kilovatios en segundos.
Todos íbamos a lo grande, nadie pasaba hambre. Todo era derroche mundial.
África, los países islámicos, Irán e Irak, todos eran países ricos y las religiones quedaron en un tercer plano.

Pero había un planeta que a millones de años luz nos vigilaba.
Como nosotros intentamos ver otros planetas desde nuestras antenas, pero en este mundo, sus telescopios son cientos de veces más potentes.

Ellos nos vienen vigilando desde hace cientos de años.
Hace poco nos enviaron un mensaje cifrado.
De lo que para el año 5000 aproximadamente, este mundo iría escaseando todo, en alimentos y energía, pues nuestro derroche de todo era lo más.
 
Pero no le han hecho ni caso, y se lo han guardado este mensaje. Para ellos, la distancia es tan grande como para nosotros, a pesar de sus adelantos.
Ya que son millones de años luz.
Ellos quieren ayudarnos, pero un aviso a millones de años luz, son muchos millones de años, que quizás no llegue, pues para entonces quizás ya ni estemos.
La tierra está completamente iluminada día y noche, con luz artificial que casi parece una estrella, y somos un blanco perfecto para otras civilizaciones de otros mundos.
 
Estamos calentando tanto este mundo que pronto comenzaremos a pagar por los derroches y despilfarros.
Han pasado los años, y ya empezamos a sufrir escasez de todo.
El mundo es un caos, todo ha explotado, las gentes se matan a millares, saqueos, robos, no hay leyes ni mandos, todas las ciudades arden por los cuatro costados; los Estados Unidos son como una guerra. Los tiros salen de cualquier ventana, disparando a todo cuanto camina o a sus coches, incluso de ventana a ventana; todos matan y miles mueren.
 Pronto las plagas y enfermedades se apoderarán del resto de los humanos.
 Esto será el fin de una civilización, quizás la penúltima. Antes del 5000...

Año 4500: el mundo se muere. Ellos nos miran desde lejos y han visto la devastación de la tierra.
Militares tirando a matar, por todas las ciudades, millones de muertos.
Quizás para empezar de cero. Fin.
EL DERROCHE Y EL DESPILFARRO pueden que acaben con este mundo antes de tiempo.  
de Enrique Nieto Rubio
Derechos de autor.

martes, 10 de marzo de 2020

**Los niños abandonados. (cuentos)

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 Sobre el año 1300. En tiempos de horror, por la miseria de las ciudades en Andalucía, cerca de Córdoba por entonces. Cuando la miseria se masticaba en las mayorías de las personas. 

Una triste familia de siete personas, contando con un matrimonio de miseria. Estos decidieron adentrarse en un bosque cercano a la ciudad. Con sus cinco hijos anduvieron varios kilómetros hasta que la ciudad se perdía entre el follaje del bosque, en un pequeño claro en su hondura.
Ellos decidieron proponerles a los hijos jugar a esconder, diciéndoles que si los encontraban esa mañana, comerían caliente, cosa que jamás pasó en ellos.
Así que así fue como los abandonaron a los cinco.
La mayor tenía 9 añitos, el hijo que le seguía en edad era de 8 años, otro 6, el siguiente 5, y el más pequeñito 2 años, que apenas si se tenía en pie. 
Ellos, los padres, solo querían vivir su vida y hacer el amor a cada instante y, claro, les estorbaban los hijos.
Así que huyeron como lo que eran: unos miserables.
Ya los niños eran las siete de la tarde, y empezaba a refrescar; estaban destrozados y muertos de hambre.
Decidieron echar a andar, pero como no sabían por dónde, se adentraron mucho más en el bosque aquel.
Iban descalzos, con sus pies heridos, por los pinchos del bosque.  Este bosque los maltrató, todo lo que pudo y más.
Ya casi de noche, por fin, a lo lejos divisaron una cabaña. 
La mayor se fue compartiendo a la más chica, con su hermano; ya no podían más.
Arrastrándose como pudieron, consiguieron entrar en la cabaña.
Ya los cinco dentro buscaron comida, lo cual había y en abundancia; hasta leche tenía en una jarra quien fuera.
Esta cabaña tenía un rico pan dentro de un horno calentito.
Se sentaron todos en una gran mesa y se hartaron de comer y beber leche y unos preparados de carne que había en una olla calentita; se lo comieron todo y la chiquitina se tomó dos grandes vasos de leche.
No les importó en ese momento los dolores que tenían en sus malogrados cuerpos.
Así que decidieron en una gran cama que tenía descansar un ratito y después marcharse, ya que lo que estaban haciendo sabían que no estaba bien, pero no tenían otra.
Pero como estaban tan mal y cansados, se quedaron dormidos todos. 
A las dos horas más o menos, llegó el dueño de la casa. Encendió la lamparilla de carburo y la colgó encima de su mesa. 
Cuando se encontró toda la mesa llena de todo lo que había comido,
Bueno, se enojó un montón, blasfemando, creyendo que eran otros cazadores.
Pero entró en el dormitorio con otra lamparilla, y en la cama vio piernas y brazos por todos lados, y en el medio la bebé sentada con dos ojos como linternas de grandes; comió tanto que no podía dormir. 
Así que la cogió y se la sacó en brazos. 
Este hombre era muy grande y robusto, con grandes barbas que daban un poco de miedo.
Se sentó en la mesa y puso a la niña encima de ella,
La examinó y la chiquilla estaba escocida de su culito y muy sucia, así que le quitó la poca ropa roída que tenía, y en su horno tiene para calentar agua, y así lo hizo.
Calentó un cubo grande y la metió dentro, sentándola, para disponer a comérsela. Que es broma, hombre. 
Bueno, la cría lloraba, pues le dolían sus heridas.
Ya lavada, la cogió y la secó muy bien y tumbó una gran piel de oso en la mesa y allí la tumbó a la cría. Él era un hombre muy inteligente, pues en sus tiempos fue un científico rarito, que intentaba pasar desapercibido de la sociedad. Tenía unas grandes vitrinas con muchos botes llenos de potingues; bueno, él sabrá qué son, claro.
Tomó un bote y lo abrió con la mano, sacó de él una especie de aceites que embadurnó todas las heridas de la bebé. 
La envolvió en un trapo limpio y la peque se agarró a sus barbas balbuceando palabras.
Él se echó a reír, pues vivió muchos años solo.
Así él, con la bebé en brazos, picoteó algo de pan con un riquísimo queso hecho por él, y se sentó en un gran butacón que tenía en un rincón. Él lo usaba mucho para relajarse de un largo día.
Así hasta que se quedó durmiendo, con la bebé en brazos. 
Ya de madrugada, sobre las siete, la mayor despertó a todos diciéndoles: 
¿Venga, que nos vamos? Así que todos salían despacito, huyendo, pero la puerta estaba cerrada, y no podían abrir; además de su hermanita pequeña, no podían dejarla allí, pero tampoco podía quitársela a aquel gigante que dormía con ella.
El hombre aquel abrió un ojo y dijo: ¡Volved todos a la cama!
Ellos corrieron para adentro asustados, y en la cama se acurrucaron.
Sobre las nueve, la mayor se levantó y, sin hacer ruido, limpió todo cuanto había en aquella mesa.
Ya el gigante despertó y le dijo a la chica: 
¡Llama a todos!
Así que los llamó y todos uno al lado del otro, de mayor a menor. Dijo: ¡Bueno, quién me va a explicar qué es esto!
La mayor, sin darle vueltas a la historia, le dijo: ¡Nuestros padres nos han abandonado en el bosque!
Él los miraba a todos, sucios y heridos por todos sitios; ella creía que este gigante se los comería.
El hombre dijo: "¡A ver, quitaros toda la ropa!" Bueno, la cabaña era muy calentita, y se estaba muy bien.
Así que todos se quitaron los trapajos aquellos, pero la mayor se asustó de aquello, pero no se atrevía a decir nada por sus hermanos.
y él le dijo; ¡venga y tú también.!
Así que ella solo tenía un vestido roído y sucio.
Tenía su cuerpo deplorable.
Él tenía una gran bañera de hierro muy antigua, que la llenó de agua calentita; le dijo a la mayor: 
Coge todas esas ropas; él abrió el horno y le dijo a la chica: "¡Échalas dentro Y lo quemó todo.
Como eran muy delgados, él dijo: "¡Todos a la bañera, venga!". 

Se metieron y él le echó al agua algo de un bote, así que a la mayor la frotó él por todos lados.
Y cuando estaba limpia, le preguntó: ¡¿Cómo te llamas? Ella respondió: ¡Laura!
 ¡Yo soy Juan! 
Mira cómo yo te he lavado; quiero que lo hagas con todos tus

 Hermanos, ya que eres la mayor, vale.

Él le puso una camisa suya a la mayor.
 Ella aceptó sin decir nada, pues en su vida se había visto en otra. 
Media mañana allí jugando en el agua todos. Disfrutaron de lo lindo. 
Ya cuando terminaron, Juan los llamó a todos: "¡Si os queréis quedar aquí, tendréis que llevar unas normas!" Primera, os tenéis que secar muy bien cuando os lavéis y peinaros.
¡Bueno, ya os diré poco a poco lo que tenéis que hacer, estáis todos de acuerdo! ¡Sí, sí, sí! Todos lo aprobaron.
Cuando llamó a Laura: "Tú, la primera, ven aquí", la tumbó en aquella gran mesa y sacó el bote mágico de curar, y en todas sus partes la fue untando de este frasco con un trapito. Escocía un poco, pero no era nada, así que le dijo:
¿Ves cómo te lo he hecho? Pues así tienes que hacérselo a todos, tu hermano, menos a la peque, que ya la he mirado yo, esta mañana, y está curada del todo. Vale. Ella se le abrazó tiernamente y él se estremeció.
¡Bueno, haremos una cosa: escuchar todos! Yo voy a cazar ahora y después tendré que ir a la ciudad.
¡Cómo estáis en pelota picada, jajajaja! No podréis salir a la calle, así que os quedaréis dentro?
Todos estaban de acuerdo.
Juan era un buen rastreador y sabía todo de ese inmenso bosque.
Así que siguió la pista por donde vinieron los niños con su perro Blúquin Un gran mastín inteligentísimo.
Y por una vereda estrecha había unas huellas de huida; esta era de los padres.
Él tomó precauciones, pues era el sendero de las víboras. Y se temió lo peor.
Un poco más allá encontró a los padres de los chicos muertos; quedaron abrazados.
Pues un enjambre que allí vivía lo pisaron y les atacaron todas y fue muy rápido.
Juan regresó a por su vehículo y se marchó a la ciudad.
Los niños todos estaban jugando en la cama, que era donde mejor se estaba.
Cuando él llegó a la ciudad, se dirigió a una tienda de ropa de una gran amiga de él; además, siempre compraba allí, aunque tiempos atrás tuvieron sus rozecillos amorosos, pero que nunca fueron a más. 
Cuando Carmen, la tendera, lo vio entrar:
¡Hombre, Juan, qué es de tu vida!
Él le contestó: "¡Hasta ayer bien, hoy no sé, mira, Carmen, tengo cinco!"
Niños en casa, tres mujercitas y dos niños, ¡y los tengo que vestir!
Carmen le dijo: "¡No querías casarte conmigo, por no tener familia, y ahora tienes cinco hijos, jajajajaja, jajajaja!" Ella no podía parar de reír. ¡Eso lo tengo que ver con mis propios ojos, jajajajaja, llévame a verlos a tu casa, para tomar medidas, jajajajja!
Así Juan, muy serio, la miraba con ojos enojados.
Ella se tiró para sus barbas con las dos manos y le dio un gran beso en la boca mientras tiraba de él; él se quedó pasmado.
Cuando iban para la casa, antes se llegó al cuartelillo de la policía y comunicó que en tal sitio hay dos personas muertas, en el camino de las víboras. La policía le dijo: ¿Quiénes son? ¿Los conoces? Él le dijo: "No, los conozco, cazaba por allí y los vi esta mañana". Nada más y se marcharon.
Pues Juan llevaba todas las licencias al día, y era muy conocido por ellos. 
Carmen se llevó algunas ropas a cálculo. Según él, le describía sus cuerpos.
Cuando Carmen vio a los niños, todos limpios, dijo: "¡Sí son preciosos!". Así agarró a los cinco y los estrujó muy fuerte; Carmen era de estas tetonas y casi los asfixia.
Le dio las ropas y a la mayor le vinieron bien los pantalones y al segundo en edad.
Más tarde les traería a los demás sus ropitas; ellos se pusieron la mar de contentos. 
Carmen le dijo a Juan:
¡Quieres que los criemos entre los dos!
Juan le dijo: que sí, y se abrazaron.
Pocos años después, se casaron y fueron muy felices, y mientras tanto los niños, vivieron su mejor infancia, pues tenían todo un bosque para jugar, aunque nunca dejaron los alrededores, de aquella hermosa cabaña.
 Aprendieron a cazar y a pescar. Nuestra querida Laura, Carmen la instruyó y la metió en la tienda de dependienta, a los 14 años. Carmen, desde que se acopló en aquella familia, todos los días debajo de esos hermosos árboles, formó una escuela para todos; así se turnaban ellos dos, para tampoco dejar la tienda abandonada. Juan montó unos bancos y además tomó otros niños cercanos, pues él, al tener estudios elevados, también ejercía de profesor. Y todo fue de rosas. La peque seguía agarrándose a las barbas de aquel hombretón, que con el tiempo terminaron todos llamándole papá y mamá. Fin.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.