martes, 4 de agosto de 2020

**Carta de una guerra.

Mi amor, de Enricostro.

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Mi amor, ya por fin estaremos unidos para siempre; tu sentir es mi vida, te amo, mi cielo.

 Tantos años separados. Tantos años de angustia en esa maldita guerra. Una guerra que, por desgracia, no era nuestra guerra. Y tú, mi cielo, tantos años sin podernos ver, siempre por carta, era muy triste.

Esas noches, que de luna llena, tú llorando escribías,

Mientras yo, con un fusil, en una maldita trinchera,

Llena de barro y compañeros muertos a mis pies.

Yo le pedía a Dios que aquello acabara ya.


Sabes, mi cielo, yo leía tus maravillosas cartas.

Cuando el relevo llegaba, con una pequeña luz de una lamparilla, mientras mis compañeros

Descansaban.

 No tenía tiempo de morir; tus lágrimas se juntaban con las mías, y eso me reconfortaba y me daba fuerzas para seguir.

 Te adoro; estar ahora, cuerpo con cuerpo, piel con piel, me parece todo un sueño, tenerte y desearte.

Sentirte y que tú me sientas, mas no sé, amor.

 Mío, si tú me aguantaras para siempre.

Pero hoy soy un tullido, te prometo, amor mío.

Que no te arrepentirás de este tiempo perdido.

No te faltará de nada, pues teniente he sido.

Con honores me licencio y con muchos amigos.

Cuánto te amo, amor mío, eres la mujer más bella.

De todo el mundo, y contigo he renacido.

Enrique Nieto Rubio.


Derechos reservados de autor.

**Cuando ella venga a por mi.

Cuando ella venga a por mí, en este último viaje,

Cuando ella venga a por mí, en este último viaje,

Antes de partir, me gustaría conocerla bien.

Pues vivir toda una eternidad con ella.

Antes debemos intimar, ¿verdad?


Pero qué cosa, sí me ha hablado; y me ha dicho,

que he tenido toda una vida para intimar y conocerla.

Pero se vuelven mis pensamientos hacia el pasado.

Y he visto varias veces a ella, sin darme cuenta.


Una vez fue en el río; allí la vi de muy cerca.

La verdad es que no me asusté, pues fue clemente entonces.

Otra vez sí la vi, cruzando la calle, y ese autobús que, rozándome, me pasó; cierto es que ya la conocía.

Otra vez más se me presentó cuando cruzaba una avenida por donde no debía y allí estaba ella.

Me querría mucho, cuando siempre me apartaba del peligro.

Y otras tantas veces, que por una presa del río cruzábamos a punto de caernos.

Sí, ahora sé que me quiere mucho, y cuando por fin venga a por mí,

La abrazaré con mucho amor, para que nunca me deje solo.

Pues ya de joven la conocí.

Que tú estés conmigo y seremos muy felices.

Sé que tendrás muchos admiradores, pues como seductora eres lo más.

También sé que no miras la edad ni el sexo, todo te da igual, pero creo que tu amor sí es el mismo para todos.

Así, mi querida muerte, no tengas prisa por llevarme.

Pero cuando lo hagas, estaré esperándote.

Pues mi maleta será ligera, solo la cargaré de amor, sueños realizados, caricias tiernas, palabras hermosas de extrema pasión.

Y hermosos sentires vividos, chapó, amada mía, tú la muerte, que sin querer moriré por ti.

Pero con tu linda música, de este precioso violín que seguro se lo tocas a todos, supongo que para tranquilizarnos, será apasionante subir.

Enrique Nieto Rubio

Derechos reservados. 

**Una esperanza que nunca llega.

Una esperanza que nunca llega, de Enricostro.

***********

Cuánto tiempo te esperé.

 Y tu amor nunca llegó.

Encerrado en mi despacho,

 El tiempo se me esfumó.


Ya los libros no me llenan.

 La ilusión se me fundió.

Los recuerdos quedan lejos.

 Pues tu amor se me murió.


Ya tus flores se murieron.

 ¿Cómo se muere mi sentir?

Llorando me desespero.

Nada tengo para ti.


Solo me queda este veneno.

 Para poder ser algo feliz.


Ya mi mundo se derrumba.

 Todo en él se me perdió.

Más si salgo de mi tumba,

 Solo será el desamor.


Por haberte amado tanto,

 Y por darme tú la flor,

de ese amor con encanto,

 Que el tiempo me lo robó.


Si un día preguntas por mí,

 Búscame en este rincón.

que aquí descansan mis huesos.

 En esta desolación.


Te dejo mi testamento escrito.

 con lágrimas de amor,

Firmado con esta pluma,

 Que salió de tu corazón.


En él te dejo la esperanza.

 que a mí nunca me llegó.

Te dejo esa flor marchita.

 Que me robó tu corazón.


Y este libro de ensueños,

 ¿Qué escrito está, tu amor?

Pues aunque no fue conmigo, 

Solo fue a un ladrón.


Pero no te preocupes, mi cielo, 

Mi sentir ya descansó.

Yo no te guardo recelos.

 Te deseo lo mejor.

que en esos labios tú tengas,

 El néctar de un gran amor.


Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados de autor.



**Ámbar una chica enamorada. (relatos).

Ámbar, una chica enamorada, que una noche, justo a las doce de la noche, se despidió de su amado esposo, aquí en la vieja estación.
Ella decidió coger este tren de última hora.

Un viaje sin retorno, pues ella era muy inquieta y él no le tenía paciencia, ni ella a él, y aunque se querían, decidieron vivir separados.

Mas él se marchó resignado.
Ella quedó para coger el de las doce, cosa que ocurrió cuando él desapareció de su vista.
El tren no paró aquella noche; allí se quedó sentada esperando, no sé qué. 
Ella estaba como perdida esa misma noche; se marchó al bulevar y terminó haciendo la calle. Alquiló una habitación; así pasó la primera noche entre hombres, haciendo el amor uno y otro hasta el amanecer. 

A las ocho de la mañana, decidió dormir hasta las tres del mediodía, en que el hambre la llamó, y encontrándose toda la cama llena de billetes de los grandes. 
Comió y, por primera vez en toda su vida, se encontró maravillosamente bien, dándose cuenta de lo vivido con su marido.
Todo fue un fracaso. Pues ella deseaba más, deseaba. Todo de los hombres.
A la noche siguiente se marchó tan preciosa como todos los días, pero más orgullosa aún. Y se fue abajo de su hostal.

Ya tenía su primer cliente, para hacer el amor, pues realmente era una diosa del amor y el placer.

Tenía tanta clase que el rumor de una chica fantástica vivía junto a la estación del tren.

Así fueron tantos y tantos, que las noches se les pasaban volando.

Cierto, es que era feliz, pues hacía felices a todos los hombres.


Cuál fue que una de estas noches, un señor la pidió, de subir; ella estaba supercambiada ya, pues fueron muchos los meses, y ya en la habitación, este hombre se desnudó y cuando ella estaba encima haciéndole el amor, este se sentía morir de placer, que jamás lo había tenido.
Él, al mirarle, le dijo: "¡Ámbar, eres tú! ¡¡Ay, Antuan, mi querido esposo, mira en qué me he convertido!!".
Y Antuan, después de esta maravillosa noche, que jamás la tuvo con ella, le preguntó: "¿Te importa que vuelva otro día?". Ella le respondió: ¡¡Sí, como con cualquier otro!!

 Ella esta noche quedó satisfecha, y se quedó el resto de

 La noche, pensando en su marido, que se fue de lo más satisfecho. Así, hasta que fue muy mayor, y muy feliz, con todos los hombres, ya a los sesenta años, decidió retirarse, y se quedó con su marido, que desde aquel día la visitaba casi todas las noches. FIN

Enrique Nieto Rubio. 
Derechos reservados.