jueves, 6 de agosto de 2020

**El Grillo y la cucaracha. (cuento).

Un día aquí, en La Línea, un 9 de agosto, hacía un calor infernal; de pronto se levantó un vendaval tremendo, los árboles parecían desmontarse, sus hojas volaban fuertemente, el polvo se levantó y casi parecía de noche.


Cuando eran las cinco de la tarde, todo se veía nublado y el aire sucio se lo llevaba todo; así, a la media hora, todo se aplacó y como si nada.

El sol seguía machacando a todo cuanto había en la calle. Kilómetros más allá, una pobre cucaracha quedó embarrancada entre arena y piedras, sin apenas vegetación.

Allí, solita y con un par de piernas rotas, se veía morir. Poco más adelante pasó lo mismo con un cantarín grillo, que por su mala suerte se lo llevó el vendaval también.

El grillo desconcertado consiguió sacudirse la arena que envolvía todo su cuerpo.
¡Ufff! Parecía que era el fin del mundo.

Menos mal que, cuando me llevaba el viento, conseguí meterme en un tapón de botella; que si no, no las cuento... pensaba para sus adentros el grillo.

Así comenzó a andar este grillo, buscando un sitio donde resguardarse de la calor. 

Divisó a lo lejos una pequeña roca y algunas ramillas, así que hacia allá fue.

 Cuando llegó, vio una cucaracha malherida.

La cucaracha le gritó:
¡Socorro! ¿Me puedes ayudar? ¡Estoy herida y no puedo caminar!

Era una dulce y preciosa cucaracha joven. Así el grillo, que era todo un galán, le dijo:
¡No te preocupes, te ayudaré! ¿Sí?
La tomó en brazos y se la llevó a un rincón que había en la roca... un agujero como un puño le vino, maravillosamente, a los dos.

Se presentaron y se contaron todo lo que les había pasado, pues los dos venían del mismo sitio; pero que no sabían dónde estaban... suponían que en el fin del mundo.

El señor grillo cogió de su frac unas tiras y con unos palitos vendó las patitas de esa linda cucaracha.

Cuando llegó la noche, la temperatura cayó bajo cero. El grillo se acurrucó con la cucaracha que entró en fiebre y temblaba mucho.

La abrazó y, rascando con sus patitas traseras, consiguió enterrarse en la arena que estaba calentita... Así pasaron la noche.

Al día siguiente, el señor Grillo salió a ver qué podía encontrar de comer. Poco más adelante vio un matorral de fresas salvajes, y los ojillos se le encharcaron de lágrimas.

Al ver el hermoso arbusto, cogió una de las frutas y volvió con la cucaracha que no se podía ni mover.

¡Hola, buenos días, ¿cómo estás esta mañana!
¡¡Gracias a ti, amigo, estoy mucho mejor!!
¡Tienes hambre!
¡¡Oh sí, mucha, estoy casi desmayada!!
¡Pues mira lo que traigo!
¡¡Fresas, oh, qué ricas!!

Así, muy contentos, ambos desayunaron y se quedaron muy a gusto. El señor grillo sacó su violín... pero antes le preguntó a la cucaracha:
¡Te gusta la música!
¡¡Sí, mucho!!

El grillo comenzó a tocar su violín y le dio una serenata muy buena. A media tarde subió mucho más la temperatura; y quedaron en su agujero para dormir la siesta... así hasta la noche.

Cuando despertaron, aún era de noche, por lo que el señor grillo continuó tocando unas baladas maravillosas, y ella muy atenta veía cómo ese grillo... era todo lo que anhelaba en este mundo, ¡no le importaba nada más!

Así se tiraron muchos días, hasta que ella ya estaba recuperada del todo.

Juntos se la pasaban fenomenal, pues jugaban y se revolcaban por las arenas aquellas... riendo y abrazándose, que de pronto llegó el amor.

Sí, era un amor de esos que uno es para el otro y el otro para uno. Dos amores en uno, sin prejuicios ni temores.

Con el transcurrir del tiempo, tuvieron muchos cucagrillos... muy preciosos de verdad.

Todos heredaron el gusto de papá Grillo con el violín, formaron una orquesta maravillosa y, por las noches, bajo el manto del cielo estrellado... 

Juntos entonaban hermosas melodías... que con sus lindas notas, atraían a los vecinos de todos los sitios aledaños, quienes les dieron la bienvenida a su nuevo hogar.

- Fin -

Enrique Nieto Rubio

Derechos de autor







**Carta de un adiós.

Encabezados y despedidas de cartas Correspondencia personal

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Carta de un adiós, de Enricostro.

Hoy me levanté triste, después de una pequeña discusión contigo.

Ya sé que tienes que marcharte, pues el otoño está por entrar.

Solo me diste un mes de amor y felicidad. Me prometiste tres meses, este año pasado.

Pero ya veo que no fue así. Y hoy ya temprano te encuentro vestida, asomada a la ventana con tu cafecito en la mano y el bolso sobre la mesa.

Unnnn... me escondo, con lágrimas en los ojos. No quiero que me veas llorar.

Hoy es el fin de todo un año de esperar. Y tampoco ha sido un buen mes de amores y pasión, ¿verdad?

Sí, o me sospecho que tu amor ya se enfrió; lo noté en ese primer beso que tuvimos en el encuentro, en la estación. Algo me dijo que ya no eras tú, pues cuando te besé. Miraste hacia atrás. Como que algo dejabas en tu caminar.

Días fríos, noches de desamor, de pasiones y desplantes con mucha discreción. Y esa preciosa sonrisa tuya, que este verano no la vi yo.

Pero no me dices nada, tú no quieres decir nada. Pero yo en tu mirada, mi amor, sé que ya no estás.

Cuántos rumores yo escuché, que ni caso ni nada, esperando me quedé, "que tú me quisieras contar" esas cosas que te pasan, que son lágrimas, no más.

Más, cuando te hayas ido, te mandaré esta postal, con todo lo aquí expuesto. Por si decides regresar.

Cosa que dudo, pues no ha habido ni amor ni felicidad.

Más no encontré tu cuerpo, en este mes, no más; tus pasiones eran muertas, tus besos secos, no más.

Sé que no volverás; me lo dice el corazón. Y tu cobardía y la mía no nos dejarán aclarar esos rumores fallidos o reales, ¿qué más da?

Solo te pido, mujer, una cosa nada más, que si no quisieras volver, que sea por otra felicidad. Mucho más grande que la nuestra, y que me sepas explicar, con palabras por escrito, ya que de frente nada de nada.

Adiós, cielo mío, adiós, que seas feliz, pues si no quieres regresar.

Si algún día te sientes infeliz, Recuerda que aquí está tu hogar, por si te quieres venir.

Te deseo bendiciones, amiga, que yo sabré esperar.

Sé que tienes una niñita... Que ni es mía ni nada. Pero no te guardo rencor, ya lo sabía. El mismo día que nació, pues mi hermano fue el doctor. Que en aquel hospital te asistió.

Aunque he contado los meses, y mía seguro que es, pues estuviste conmigo todo ese mes. Pues sí, son nueve meses y no me falla la razón. Contando desde ese mes... me salé justo, digo yo.

Que no lo quieres reconocer, eso no importará, pero si ella necesita algo... mía o no... aquí está su papá.

Más no le faltará de nada, si tú lo quieres aceptar.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados de autor.

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martes, 4 de agosto de 2020

**Los niños y las muñecas de porcelana.(cuentos)


Pin de Mercedes Barranco en VINTAGE | Niños antiguos ...


Le llamaremos Ángel y Virginia, de ocho años, la niña y nueve, él.

Chico Todo empezaba en casa de sus abuelos. Todos los días. Empezaba una pelea entre ellos, y cuando la abuela les llamaba la atención, ellos la insultaban de malas maneras.

Y además, la tenían frita literalmente. Pues sus preciosas muñecas de porcelana se las volvían de espaldas todos los días, culpándose el uno al otro y no había modo de solucionar el problema.

Un día, le dijeron a su madre que las muñecas les daban yuyo. Es decir, miedo. Hasta que un día rompieron una de las muñecas.

Ya la abuela no pudo más y explotó de coraje y se lo dijo al abuelo.

Este era un lector nato y siempre sabía de todo, y todo lo comentaba.

Al siguiente día, cuando los niños hacían las tareas, al lado de la abuela, el abuelo le comentó a la abuela, así casi bajito, pero que los niños lo oyeran.

Él le dijo:

¿Sabes, mami, que ayer vi un vídeo en ODISEA, que unos niños volvían una muñeca de espalda, y este hombre decía que hacerlo les traía mala suerte y tendrían pesadillas por las noches? Pues resulta que las muñecas cogen espíritus muertos y, si los enfadas, ellos se vengan por las noches asustándote.

A los niños se les vio que les cambió la cara y, al marcharse a casa con su madre, se lo contaron todo, y vieron que el abuelo ponía una cara que daba miedo.

La madre, sorprendida de lo contado, les dijo: "Uf, no sé, seguro que es verdad" Y los dos se agarraron a la madre como si sus vidas dependieran de ello.

Al día siguiente, cuando los niños estaban en el colegio, la madre comentó a su madre las historias que habían escuchado del abuelo. Algo preocupada, la abuela le contó todo lo ocurrido con las muñecas y el comportamiento de los niños.

Claro, la madre decía,

¡Ay, es que no sé qué hacer con ellos, me tienen hasta los pelos! 

Y se marchó a trabajar.

Ya por el mediodía, vinieron los niños del cole, y muy serios mirando hacia todos los lados de la casa.

Ya ves, la casa era una casona muy grande y muy antigua; allí murieron muchas personas durante la guerra, que los fusilaron a toda una familia de 11 personas, pero la abuela la tiene preciosa, y nunca jamás notó presencia alguna de espíritus ni nada. Eso sí, la casa les crujían todos los huesos desde tiempo, pero era acostumbrarse.

Aunque tenía muchísimos recuerdos de su juventud, que como dama importante de militares tuvo mucha suerte, y muchos amores, pues enviudó cinco veces.

Por aquellos tiempos en guerra, y de últimas vive con su último marido, ya ancianos los dos, y claro, cuando llegan estos niños que no la dejan ni respirar, ella se agobia y se retira a su dormitorio, llorando.

Cuando el abuelo llega al mediodía al hogar de ancianos, de echar unas partidas de dominó, le ve en sus ojos esa angustia.

Pero que esto ha sido medicina de santo; desde entonces, los niños han cambiado mucho y ya no les crean problemas a la abuela, bueno, solo de vez en cuando, claro, aunque siguen mirando a las muñecas con recelo, pero ya no las tocan, así es, ya no les tocan las muñecas, que para ella tienen unas grandes historias de amor, de sus maridos ya difuntos.

Hoy miran a la abuela y le preguntan cosas y la niña le pregunta.

¡Abuela, tú has sido feliz en tu vida!, y ella les dice:

¡Sí, cielo, yo he sido muy feliz, pues todo el que conocí, todos me dieron su amor y cariño!

Y todo pasaba según debiera pasar. FIN.


ENRIQUE NIETO RUBIO

DERECHOS DE AUTOR

EN CUENTOS.

**Una Mariposa Alada. (poema).

La bellísima mariposa que se vuelve transparente para confundir a ...

Una mariposa alada,

del mundo de los sueños,

De una hermosa amapola se enamoró.


La rondaba días y noches.

Hasta que le diera su amor.


,,,,,

Pasó la primavera.

 Y nadie la pudo tocar.

Rebosante de néctar y miel,

Ella ya no podía más.


Ya empezaban sus hojas. 

Al suelo caer,

Y la mariposa,

 No la quería perder.

´´´´

El último día de primavera,

Se atrevió, entrándole firmemente.

Hasta el centro de su corazón.


La amapola ya desgreñada,

Porque el tiempo se le pasó.

Y tanto amor le ha entregado,

Que la mariposa se pegó.

Con tanta miel de sus labios,

que no se pudo resistir.

Y quedaron las dos unidas.

Para así este año morir.


Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.

C.Y.DOYP.M,OO.98.