sábado, 3 de agosto de 2024

**Juanito fabricante de compost.

 

Juanito era uno de los seis hermanos; su mamá, ya con 50 años, era una mujer maravillosa y su papá, un hombre que siempre estaba trabajando.
Ellos vivían en una casa en Córdoba, casco viejo.
Su madre, una amante de las flores y plantas, tenía un patio precioso.
Un día ella cayó malita, y ya no pudo levantar cabeza.
Todo su hermoso patio empezó a demacrarse; por más que los hijos y una niña de 15 años regaban esas plantas, visto era que no la aceptaban y se cavaban, pero ¿qué pasaba si lo hacía como su mamá...?
Todo el patio ya daba pena y la madre, desde el dormitorio que daba al patio, veía cómo sus plantas se morían y las lágrimas le brotaban amargamente...
La madre llamó a Juanito, que él siempre estaba pendiente de ella; le preguntó: "¿Qué haces, Juanito?".


Juanito le contestó: "Mamá, ¿estoy haciendo compost para las plantas?" ¡Pero con qué, hijo! Pues recolectó todo lo que sale de las verduras, de la cocina y los restos de frutas como las naranjas, los plátanos, las cáscaras de melón y todo lo que sean restos de verduras. Pues lo he visto en un tutorial en internet. Y ya tengo un bidón muy grande, lo pico todo en pedacitos muy pequeños y se degradan antes.
Verás, mamá, cómo tus plantas reviven pronto. Y tú te podrás buena, lo sé, mamá.
Juanito comenzó y nadie sabe por qué, con la más próxima al balcón de su mamá.
Sacaba las plantas casi moribundas y toda la tierra de la maceta la iba mezclando con su compost; hacía una a una, les cambiaba toda la tierra y la mezclaba con su material.
Regándolas al instante; bueno, solo eran unas, vente y las del suelo que tenía de todo.
Las plantas resistían y, durante los meses próximos a la primavera, todas comenzaron a brotar como si no hubiera un mañana.
Las flores ya en mayo salieron y fueron las más hermosas vistas nunca por su madre, que las miraba desde su balcón, y ese aroma a geranios, pericones y margaritas. Las azucenas alcanzaron su balcón de altas que se pusieron hasta un palo que encontró mientras iba al mercado, que le daban todo lo sobrante de las verduras. Ese palo lo usaba para menear el compost.
Se levantó una mañana y estaba dentro de su bidón y brotando unas preciosas hojas.
Lo plantó en un macetón y en tres días salió una planta trepadora, con preciosas campanitas subiendo hacia su balcón.
Así, paso a paso, su mamá fue mejorando y cada vez más preciosa.
Llamó a Juanito para que la ayudara a levantarse, salió al patio, viendo ese milagro, y con lágrimas en los ojos abrazó a todos sus hijos, dando vueltas con ellos en el centro del patio.


Cuando de tarde llegó su esposo y la vio tan joven y radiante, se abrazó a ella como si fuera la primera vez.
Ella responde: no volvió a enfermar jamás.
Juanito ya no paró de hacer compost con tanta magia que llegó a crear la empresa más grande de la ciudad, que hasta los ricos del campo la usaban para los huertos.
Y que me jaspe, si miento que las frutas y verduras eran las más sanas de toda Córdoba.
Le preguntaban cómo lo hacía, pero su secreto era el amor y dedicación que les ponía; bueno, eso nunca se lo dijo a nadie.
Solo lo sabía su maravillosa madre.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

jueves, 1 de agosto de 2024

**Poema dedicado a las pintoras de ensueños.

 


Poema dedicado a las pintoras de ensueños de Enricostro.

Cuando te miro pintando
Con esa cara tan bonita.
Se me ilumina la mirada.
Y es que hasta me irritas.

Cuando te veo pensar
¿Cómo plasmar tu pintura?
Unnn, es que me vuelves loco.
Con esa figura tuya.

Más cuando te veo sonreír.
Porque te ha salido bien.
Es que me vuelves loco.
Te quisiera comer.

Y cuando se acaba la jornada,
Y nos tenemos que ir.
Ya se me van quitando las ganas.
Y no me quisiera ir.
Pues contigo pintando,
Yo me siento muy feliz.

Más esperaré a otro día.
Para volverte a ver,
Esa cara tan bonita,
Y ese cuerpo de mujer
Y esos ojos que tienes,
Yo me los quiero comer.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
OI.M.DODJ.ID.VI.

domingo, 7 de julio de 2024

** La rata ancianita. (para mayores).

 

La rata ancianita de Enricostro
Érase una vez en un castillo
Por entonces tenían muchos creados; ellos eran los Duques de Chichi Nabo.
Vivían a lo grande y los criados dormían en los sótanos cerca de la caldera; bueno, allí se estaba muy calentito, y el duque, que vivía en lo más alto, siempre que tenía frío, en vez de acurrucarse con la duquesa, que ella sí que tenía calorías,
Que no se entere nadie, era como una bombona gigante pero muy torneada...
Pero eso no nos importa, ¿verdad?...
A lo que vamos, yo soy esa ratita anciana; hoy os escribo este cuento para que sepáis los secretos de esta casa.
Nosotros vivimos aún más abajo y más calentitos, pues mi marido sí que era friolero, además de ser un canijo de aúpa...
Arriba en la cocina sobraba la comida, a espuertas, y se tiraban todos los días cientos de kilos, aunque no se tiraba nada, pues lo que pillábamos nosotros y lo que se llevaba el mayordomo, que era todo, este sí que fue un listillo.
Saben, se hizo millonario, pues con todo lo que sobraba y lo que él arrastraba.
Cerca del castillo él tenía una granja que era de sus padres, y criaba de todo; tenía unos cerdos de dos metros de grandes y unas gallinas que ponían unos huevos... Ufff, qué grandes y hermosos...
A lo que vamos, en sus mejores años el duque todas las noches se la pasaba con una doncella que estaba de muerte; siempre le buscaba las vueltas al duque y la pillaba en aquella bañera en pelotas picadas Ella se lo afeitaba todo, pues gustaba de ser comida entera.
Mi marido acostumbraba a espiarlos; bueno, él decía que vigilaba…
Claro, el duque, con ropa y todo, se tiraba encima y siempre se la comía enterita.
Esto era día sí y día también.
Un día la duquesa, que carecía de entretenimiento, se dedicaba a espiar a la servidumbre, y pilló al mayordomo llevándose los desperdicios a su granja y lo siguió...
Este llevaba la carretilla llena; como era cerca, no tardaría mucho, además de pillar a su marido de pasada, fornicando con aquella mujer.
Pero le dio lo mismo. Pues ellos no lo hacían desde hacía muchos años, que su hija se fue a Francia a estudiar, y ya no vendría, pues era la más pequeña de los ocho hijos que tuvieron.
A lo que vamos, mientras el mayordomo echaba la comida a los cerdos, ella apareció de repente, frente a él, al otro lado de la valla; él, con los ojos desencajados, no supo qué decir, quedando estarcido.
Ella le quiso dar un escarmiento, y despacio se fue quitando ropa, y la fue tirando entre los cerdos, que entre ellos se devoraban la ropa, comiéndose todo el sujetador y las enaguas; ya solo le faltaban esas tremendas bragas, que también se las comieron los cerdos...
Así que ella se echó entre la paja y le dijo: "Ven, que tenemos que ajustar las cuentas".
Bueno, después de todo, el mayordomo hacía tiempo que tampoco se comía una rosca, así que se tiró encima y ella se abrió de piernas, y aquello parecía el túnel del tiempo, pero esos pechotes eran tremendos, que llenos de paja, él no desperdició ni un milímetro.
Así hasta terminar extasiado, pues ella no tenía hartura y estuvieron hasta tarde...
Él le dio unas sábanas, y se cubrió entera, pues iba desnuda al castillo, que el mayordomo la metió por su salida secreta.

Llegó a su dormitorio, se metió en el baño tan ricamente, que ese baño le supo a gloria, tocó la campanita del mayordomo para que él subiera, entró a sus aposentos y desnuda en aquella bañera gigante, hecha de bronce fundido,
Le dijo: "Ven, acércate". El mayordomo se acercó y, mirando aquel almejón, dijo: ¿Quería algo la señora?
Sí que me he dejado allí el jabón, y cuando fue a dárselo, ella tiró de él, metiéndolo dentro. Ya no te me escapas, bribón…
Pelearon amorosamente y, ya empapado, ella lo sacó de un empujón fuera y, riéndose a carcajadas, le dijo: "¡Esta noche te quiero aquí sobre las diez!".
Así que esto es lo que me contaba mi marido, y claro, yo me ponía cachonda, y lo pagaba con él, que también venía verraco de ver tanto sexo...
Así pasó muchos años, se hicieron muy mayores; un día el duque murió y estaba empalmado. Se supuso que estaría con alguien, pero nadie dijo nada, se la doblaron y lo metieron en una caja de pino; eso sí, la caja olía maravillosamente a piñones.
Ella murió pocos años después, y hasta hoy, como ya no había comida ni nadie que la pusiera, mis hijos se fueron marchando y ya me ven. Con mis libros, me paso los días y escribiendo a todos mis hijos; ¿qué otra cosa no me apetece hacer? Bueno, de vez en cuando llega Paco, una rata vecina que es de mi edad, y nos contamos nuestras batallas; que alguna vez se me pone meloso y tengo que arrearle meneíto, ja, ja, ja.
Fin.
Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.

Relatos.

jueves, 4 de julio de 2024

** Que no descansen mis huesos.

 Silvia Regina Cossío Cámara - Guatemala | Perfil profesional | LinkedIn



Que no descansen mis huesos.
Si no te consigo tener,
que en mi descanso eterno,
No te dejé de querer.
*
Que en este mundo en que estamos,
Yo no te dejé de adorar.
Pues sin ti nada es posible.
En este verbo de amar.
*
Que aquello que tuvimos,
No se lo he dicho a nadie.
Por si algún día tú quieres,
Que yo vuelva a abrazarte.
*
¿Qué versos quedaron escritos?
Y deseos sin cumplir,
Y esos sueños que tengo,
Todos me llevan a ti.
*
Sé que te tengo que querer.
Porque sin ti nada es igual.
Se me caen las palabras.
Y no las consigo encontrar.
*
Esperando que tú algún día,
Me ayudes a empezar.
Porque este amor nunca se deja.
Aunque mires para atrás.
*
Enrique Nieto Rubio,
Derechos reservados.
J.R.DODJ.ID.JP.