
Cuando una mañana, su madre se cayó desde lo alto de la cuerda, que estaba a veinte metros,
Por un fallo en el tendido, muriendo en el acto.
Juanito tenía cinco años, entonces.
Y estaba siempre con Paloma, una niña de su edad, con trenzas de oro.
Y él tenía un turbante en la frente, vistiendo como un faquir, y Paloma de hada.

Entre función y función se marchaban al exterior del circo.
Ya hablaban del amor, junto a las estrellas, pues se querían muchísimo.

Alejándose un poco del circo, se tumbaban en el monte mirando las estrellas, y Juanito le decía a Paloma.
Paloma le dice:
¿Seguro que sí Juanito? ¿Tú ves aquella estrella que guiña? Pues seguro que es ella.
¿Mira, Juanito, una estrella fugaz?
Piensa tres deseos y se cumplirán, ¿lo has pensado?
¡Sí!
¿No me lo digas, pues si lo dices ya no se cumple?
Juanito deseó casarse con ella algún día.

Los dos llevaban una vida muy bonita; sus sueños eran hermosos.
Una mañana de otoño, llovía intensamente; todo era desolador, la feria estaba solitaria.
El doctor le preguntó qué síntomas tenía y qué edad; ella le dijo.
Señorita Paloma, ¿usted está embarazada?
¡Ay, madre ! Dijo: Paloma.
Juanito se alegró muchísimo, pues a un niño le hacía mucha ilusión, pero sus sueños se esparcieron un poco; ahora tenían que hacer nuevas cuentas con sus vidas.
Juanito la llevó al hospital.
Todos lo más contentos.
Cinco años después, Juan, desmontando la carpa, cayó al suelo, sangrando por la boca. Se acercó su crío y le dijo:
¿Qué te pasa, papá?
Él miró al crío diciéndole:
¡Me muero, hijo, cuida a mamá!
El niño salió corriendo y gritando: "Mamá, mamá".
Paloma asustada salió de la roulotte.
¿Qué pasa, hijo?
¡Papá, papá!
¿Dónde, hijo?
¡Allí!
paloma desesperada salió corriendo.
Le metió la mano por el cuello, él la miró con lágrimas en los ojos y allí quedó muerto.
Juan no quiso abandonar este mundo y su alma se introdujo en la perrita, reencarnándose en ella.
Ya en el entierro de Juan.
Fueron muchísimas personas, pues era muy querido por todos.
Pasó todo, y la perrita ocupó todo el dolor de la familia, y se pasaba todo el día jugando con el niño.
Paloma hablaba con la perra, y ella atendía perfectamente sus palabras, y cuando ella comentaba sobre la seguridad del niño, la perra estaba siempre en alerta, protegiéndolo inmensamente.
Y así transcurrió el resto de sus vidas.
Fin.
Enrique Nieto Rubio.
Pasó todo, y la perrita ocupó todo el dolor de la familia, y se pasaba todo el día jugando con el niño.
Y así transcurrió el resto de sus vidas.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.
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