domingo, 3 de noviembre de 2019

**La perrita lilup. cuentos .





Lilup era una perrita caniche blanca como la nieve, preciosa y muy inteligente.
Un día de Navidad, sus amos, un matrimonio joven con una linda niñita, decidieron irse de vacaciones a Granada, un sitio precioso lleno de nieve en estos tiempos.

Todo iba estupendamente en su viaje, pero casi al llegar a Granada, una gran tormenta apareció de pronto, y el coche resbaló, y cayendo por una montaña grandísima, por el desfiladero, chocó contra un gran árbol. Y la perrita Lilup salió despedida por una de las ventanas aquellas.



Con suerte, para todos, no les pasó nada a ellos; Yon, el marido, llamó a urgencias. Y por el rastreador de su móvil, consiguieron encontrarlos a las pocas horas; fueron rescatados y llevados al hospital.

Como solo tenían algunas magulladuras, les dieron el alta y se fueron a un hotel de Sierra Nevada.
Al llegar allí, se dieron cuenta de que su perrita no estaba con ellos.
Cogieron un taxi y regresaron al sitio del siniestro, donde buscaron por todos lados y no la encontraron.
Como hacía tanto frío, para la niña decidieron regresar al hotel.
Al poco tiempo, la perrita despertó del golpe y, cojeando, echó a caminar, mas no sabía dónde estaba.
Fue por la nieve, que casi no se distingue de ella, y tenía mucha hambre.
Buscaba, y allí no había nada, y ya empezaba a faltarles las fuerzas, y se acurrucó entre un árbol y sus raíces.
Ya anocheció y solo se iluminó el cielo con millones de lucecitas, que parecía todo un cielo navideño, y mirando las estrellas, se quedó dormida.
Ya a la mañana siguiente, un zorrillo que daba unos saltos de un metro, por lo menos, con la luz de la mañana, buscaba esos ratoncitos traviesos que andaban buscando comida, y de pronto, al saltar sin querer, cayó encima de la perrita; como no se veía entre la nieve que casi la cubría, dio un salto tremendo.

 La perrita diciendo: "¡Ay, qué es esto El zorrillo dijo: —¡Perdona, no te vi siquiera, qué haces por aquí! Nada, que me he perdido, y no sé dónde está mi familia!
¡Y tú! ¡Yo vivo aquí y busco ratoncitos para comer!
¡Aaaah, ratones, qué asco!
¡Ah, sí, pues aquí no encontrarás nada para comer!
El zorrillo siguió saltando, hasta que, por fin, dio con un precioso ratón muy gordito y delicioso.
Este se comió la mitad, y dejó la otra mitad en la nieve; la perrita lo olfateó y, como tenía tanta hambre y todavía estaba calentito, decidió comerlo. Diciendo:
¡Ah, pues no está tan mal, sí, qué bueno está, buscaremos más, sí!

Sí; ¡claro! —dijo el zorrillo. 
Así que los dos empezaron a dar saltos, buscando esos ratoncitos deliciosos.
Y encontraron muchos, hasta hartarse. Y ya decidieron jugar los dos con la nieve.
Jugaron todo el día, y cuando anocheció, la perrita empezó a echar de menos a su familia; así como no tenía sueño, se dedicó a olfatear el rastro de su familia. Así buscó toda la noche, y ya de madrugada llegó a un hotel y empezó a ladrar. Su familia se despertó y se asomó por la ventana, y al verlo,
Salieron corriendo a por la perrita.
Así la perrita, con la mano alzada, le dijo adiós al zorrillo, que estaba escondido en la maleza, cerca del hotel. Y se dijeron adiós.
Ya por fin, toda la familia junta, lo pasaron maravillosamente. Fin.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.







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