viernes, 12 de octubre de 2012

**Si un Angel me olvido. (poemas)


Si un ángel me olvidó...
La culpa únicamente ha sido mía;
Pues entre tanta tontería...
Ella confió y su cariño me entregó.
Han transcurrido varias lunas.
 Sin poder entregarle mi amor.
Lo que ella no sabe, 
Es que la sigo pensando.
 Con toda la pasión.

Mi amada es una dulce princesa...
Y yo he sido un gran ladrón...
que he pasado la vida entera tras ella...
 Robándole el corazón.
Ella no sabe que
 Aunque me haya olvidado...
La llevo dentro de mí.
Y a pesar de que mi ángel se resista; 
Sé que en ambos existió el amor.
Porque la conozco bien...
 Sé de sus deseos.
 Sus angustias y su desamor.
No me olvides nunca, mi dulce niña. 
Que me rompes la ilusión.
*Derechos reservados*
Enrique Nieto Rubio.
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

martes, 2 de octubre de 2012

**Cintia en el país de los deseos. (cuentos )



Cintia en el país de los deseos de Enrique (cuentos)
Cintia tenía cinco años, hermana de cinco hermanos; su mamá, una chica descarriada, de veinticinco años, abandonada por todos, en un barrio de miseria y desechos humanos.
 Con personas sin escrúpulos.
E hijos de cualquier persona, y bastante tocada en su cabeza, despreciada por los hombres.
Terminó desahuciada y en la calle, lloviendo estrepitosamente y expulsada de la vivienda por un usurero ricachón, que durante mucho tiempo abusó de ella cuanto le dio la gana.
Hasta que la mujer de este se dio cuenta, y la echaron a la calle.
 
Como digo, llovía a mares, eran las once de la noche, y no tenía adonde ir.
Caminó sin rumbo fijo, durante largas horas, hasta terminar en los soportales de la corredera, un lugar céntrico pero algo sombrío y desolador.
Ella, ya cansada y enferma, se acurrucó en un rincón mientras sus hijos la miraban, con tristeza y muertos de hambre y frío.

Todos terminaron durmiendo junto a su mamá, pero Cintia se quedó con los pies descalzos, cayéndole el goteo de una canal desbocada, y no podía dormir, pues sus piececitos les dolían tremendamente.
Cintia se puso de pie y empezó a caminar, hasta perderse en la oscuridad de la noche.
Su madre, viendo que poco podía hacer por ella, la dejó marchar.
Ya había escampado.
Cintia, viendo los adornos navideños en los escaparates, sonreía.
Al lado de los adornos navideños había un maniquí con los brazos de frente como si la estuviera esperando, y tenía unas alas preciosas.
Cintia le dijo:
¿Mamá?
De pronto, el maniquí le contestó:
¡Dime, hija mía!
¿Tengo mucho frío?
La maniquí le dijo:
¡Pues pasa, hija, no te quedes ahí!
Alargando la mano, la metió a través del cristal del escaparate, y diciéndole:
¡Qué cómo te encuentras ahora!
¿Sí, mamá, ahora me siento mejor?
Y desde entonces la niña Cintia se quedó en el escaparate para siempre.
Aquella misma noche, su madre había muerto en compañía de sus hijos queridos.
A los pocos días, por delante de la tienda, pasaron cuatro niños, y el mayor los llevaba de la mano, y el más pequeño les dijo a sus hermanos.
Mira, mira, ¿no parece esa nuestra hermana?
Y dice otro:
¡O sí, se le parece mucho!
¿Pero no ves que es una muñeca, so tonto?
¡AH sí, pero se le parece!
Y mientras tanto, Cintia, sin poder moverse, le dijo a la maniquí:
 mamá, mis hermanos, ¿mira?
La madre maniquí le dijo:
¡Sí, hija, pero ellos estarán bien, pues han ido a pedir comida al hombre más bueno del mundo, y los acogerá a todos!
¿Sabes?, es el dueño de esta tienda, y pronto estarás con ellos, ¡seguro que sí!
¡Seca esas lágrimas, vida mía!
Efectivamente, el señor tendero les dio cobijo a todos, ropas y camas.
A la mañana siguiente, los instruyó a todos para que limpiaran la tienda en forma de juegos; los niños estaban lo más de contentos, limpiando aquellas dos maniquíes del escaparate.
Ya por la noche, cuando dormían, los hermanos, agotados por el largo día y bien comidos. 
La mamá maniquí le dijo a Cintia:
Anda y dale un besito a tus hermanos, sí, pero no los despiertes.
¡Mamá, sabes que me hacían cosquillas cuando me limpiaban!
Sí, hija, y a mí también... 
Y así lo hizo; Cintia los besaba todas las noches.
Los hermanos siguieron creciendo y, ya mayores, marcharon a la guerra.
Mientras Cintia les saludaba por el escaparate,
Siendo una niñita maniquí, para los restos de la vida.
Al tiempo se casaron los hermanos.
Y el tendero hizo una reproducción de Cintia en chiquito para la tarta de boda de uno de sus hermanos.
Muchos años atrás, habían encontrado a una linda muchachita de cabellos dorados, muerta en un gran charco de lluvia, entre un gran barrizal, delante de una tienda.
 Ella era nuestra querida Cintia.
que había muerto antes que su mamá 
Colorín, colorito, el cuento más bonito.
Por Enrique Nieto Rubio. 
Derechos de autor.
Colabora en imágenes.
Silvia Regina Cossio Cámara.

domingo, 23 de septiembre de 2012

**Perdido en el tiempo. (poemas)




Perdido en el tiempo estoy.
 Y el camino se me hace largo... 
Que aunque pasen los años.
Contigo en mi mente siempre voy. 
Hoy no sufro por el camino...
No siento pasión y menos amor; 
Pero te llevo tan adentro de mí,
 Que floreces en mi corazón. 
Perdido en el tiempo me encuentro;
 Y con mis alas volando voy... 
Y paso por tu contorno.
 Y percibo con tu aroma...
Y vas gritando. 
Y si te oigo, me sonrojo...
Y si te siento hablar, no puedo... 
Pues cuando te hablo, me acongojo.
 Y siento palidecer.
Que aunque pasen diez mil años,
 Yo te miro y me sonrojo. 
Será porque te deseo tanto.
 Y que sin tus labios llorando voy.
Que aunque pasen los años, niña...
¡Yo, chiquilla, te seguiré amando!



Enrique Nieto Rubio. 
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.

jueves, 13 de septiembre de 2012

**Mamá está llorando. (poemas)



Mamá está llorando. 
Porque tú no estás aquí.
Mamá está llorando.
 Porque lejos estás de aquí.


Mamá sigue llorando.
 Porque no te tiene a ti...
Su corazón está sangrando.
 Y hasta se quiere morir.
Yo te pido que regreses...
Que no la hagas sufrir.

Pues su cuerpo se enternece.
 Cuando habla de ti.
Ella dice que te quiere. 
Que vivir sin ti no puede.

Yo te pido que regreses. 
Para hacerla muy feliz.

Que aunque yo la consuelo,
 Ella no me quiere oír.

Solo pide esos besos.
 ¿Qué le diste tú al partir? 


Enrique Nieto Rubio. 
*Derechos reservados*
Colabora en imágenes.
 Silvia Regina Cossio Cámara.