martes, 4 de agosto de 2020

**Una carta para quemar.



Una carta para quemar. De Enricostro.*


¡Mi querido amor, tú, mi niña de la ilusión, esta carta, mi cielo, te la envío con todo el dolor del mundo!


¡Recuerdas esta foto del corazón, que nos hicimos en la Feria de Abril, aquí en Sevilla!


 ¡Fueron unas vacaciones maravillosas, donde vivimos todo intensamente, y hoy, con lágrimas en los ojos, la miro y con ese dolor que dentro de mi corazón aún está latiendo por tu ausencia que jamás regresará!


Fueron quince días de ensueño, entre ferias y recorrer el casco histórico de Sevilla.


Todo en ti eran risas y cantos, todo era maravilloso; aun cuando cierro los ojos, te veo en aquel hotel que, después de toda la mañana andando de un sitio a otro, en la siesta, lo pasábamos maravillosamente, haciendo de todo, y muchas más cosas impensables para este cuerpo mío.


Todo iba tan bien que yo me sentí el hombre más afortunado del mundo.


¡Y cómo te ponías delante de mí en el dormitorio, uff, aún me estremezco!


Pero esta vida traidora se mofó de nosotros. Y decidió machacarnos intensamente.


Sé que fue mía la culpa, conduciendo bebido que salimos del último día de la caseta aquella.


De regreso a casa y sin haber descansado, esa rueda maldita que se salió del coche cuando corría a alta velocidad y tú me decías: "¡¡Sí, sí, más fuerte, sí, corre más!!". 


Más, decías, y la curva, aquella ninguno la vimos; nos creímos que estábamos en una de esas atracciones que suben y bajan.


¡Pero qué árbol más grande!, jamás vi un árbol tan tremendo, pillaba todo el ancho del coche, sí, casi lo rompimos, sí, pero el premio eras tú, y te perdí, lo siento tanto que cada vez que lo pienso mis lágrimas caen a borbotones.


 Nadie sabe cuánto tiempo estuvimos dentro de ese coche inconscientes.


Cuando nos rescataron, ¡qué pena! Tú estabas forradita de chapas y hierros por todo tu cuerpo; yo, cuando me recuperé, eran ya semanas y aún sigo sentado, pues ya jamás me levantaré de esta silla con ruedas. Se ve que lo nuestro era rodar y rodar.


Yo declaré que solo fue esa maldita rueda que se soltó, y aunque fue así, tal vez si hubiera ido fresco y descansado... los reflejos hubieran sido otros, creo yo.


Pero qué más da de quién fuera la culpa; ya el daño está hecho y quizás se pudo evitar.


¡Nooo, mi amor!, no solo te maté a ti, maté a tus padres también, ellos que te amaban tanto.


¡Así me despido de ti, esperando pronto estar contigo, pues esta vida para mí yo no la quiero!


Más para que esta carta llegue a ti, la quemaré dentro de unos minutos y que estas cuatro letras suban convertidas en humo.

Cuánto lo siento, mi amor, y cuánto me diste en estos cuatro días vividos.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados.




y.m.d0yp.d.0.vd.

** Una niñita en el bosque.

Una preciosa niña en el bosque se crio. 
Rodeada de muchas flores y con mucho amor.

 La criaban los conejos, las ardillas, los bambis y toda clase de animalitos.

Las mariposas se posaban en su pelo para lucirse mejor. Ella fue creciendo llena de felicidad, pues cuando llegaba la noche, en luciérnaga se veía volar. 

Ella era especial, pues se transformaba en lo que quisiera, hada o ogro en sus fronteras, pues todo era empezar. Vivirá muchas escenas de amores y de paz, rodeándose de plantas; un gran bosque era su hogar.
Una mañana en Rana se convirtió nadando en un lago; qué bien se lo pasó, con los pececillos jugaba, cantando con alegría, y renacuajos, con ella, rendían bellas melodías, hasta conocerlos mejor, y así vivía un mundo entero, de sol a sol.
Otro día, abejita quiso ella ser, y posarse de flor en flor, y su néctar recoger. En su colmena ella se metía, asombrada de tanta miel.
 Era un mundo fantástico el que vivió esa vez.

 Todas juntas trabajaban iluminando su entorno y revoloteando dentro para enfriar ese entorno.
 
Ella dentro se tumbó y estuvo allí un ratito, viendo cómo trabajaban, todas unidas de vicio.

 Y ya al atardecer, lejos marcho de allí, viendo cómo todas juntas su mundo ellas vivían.

 Así fue recorriendo todos los seres vivos, hasta topar con uno que, para ella, fue todo un seísmo.

Mientras volaba, con una mamá se topó; llevaba un cochecito y un bebé que durmiendo paseó. 

Ella voló y voló, su curiosidad la pudo y hasta su casa la siguió, pues eso era otro mundo. Cuando la mamá en su cuarto se metió, acostando al bebé, en chiquilla se transformó; súbdita en la cama, desnuda la mujer la vio.
 
¡Quién eres, bella niñita! Y la niña le respondió: ¡¡Soy hada, soy princesa, soy la luz, soy el amor!!

¡¡¿Te importaría que me quedara unos días?!! La niña le preguntó. 
¡Quiero saber cómo vivís, las personas, como ustedes!

¡AH, si tú quieres, muy bien, estaré encantada de tenerte como amiga y que vivas en mi morada! ¡Haremos muchas cosas, si tú quieres, pues te enseñaré a bordar, que es muy divertido!

Y la niñita se quedó. Bordo bellos entornos de animales en el bosque rodeado de mariposas y muchas flores. Pues era tan grande su amor, que se terminó olvidando del mundo y su razón. Y con ella siguió muchos años, que hoy mamita le llama, con su hermano Ramón. Y ya son una familia llena de gracia y amor.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados. 


Ya.0m.d0yp.d0.dj.98. 

**Hoy por fin ya he subido. poema.

Por más alto que subo,

 Yo no te puedo encontrar.

Te he buscado entre las flores. 

Mas no siento tu respirar.

Ya las montañas me ahogan.

 Y me siento desmayar.

*

Aquí el aire escasea y las ganas de vivir.

Y morirse tumbado entre flores.

Me parece todo un sentir.

*

Busco la flor de la vid.

 Ella me ayudará.

Para verte sonreír.

 Pero dime dónde está.

*

Más ahora que estoy tan alto,

 Por fin podré ver a Dios.

Las nubes no me dejaban. 

Y ahora la nube soy yo.

*

Dios, ¿dónde la tienes?

 Esa flor de mi sentir,

Que quiero besar sus labios.

 Para que me hagan resurgir,

y poder subir más alto.

 Hasta encontrar su sentir.

*

Y ya cuando te vea yo,

 Me acercaré hasta ti.

Ni nubes, luna o estrellas,

 Me separarán de ti.

*

Nos quedaremos juntitos.

 En este cielo sin fin,

Y haremos el amor.

 Aunque nos cueste morir.

*

Mas tú serás mis flores,

 Y yo el valle este de aquí.

*

Enrique Nieto Rubio.

 Derechos de autor.

oa.op.doyp.ym.oa.98.

lunes, 3 de agosto de 2020

**Ya llego el fin del mundo.


Ya llegó el fin del mundo.
*
Ya llegó el fin del mundo.
El cielo arde sin pasión.
La tierra triste se ahoga.
en su propia desolación.
*
Sin amores en la tierra,
Solo tristeza habrá.
Pues si no hay quien la valore.
Esta tierra morirá.
*
Un reloj que en su torre
Trina, y trina sin parar.
Provoca sonidos sordos.
Pues no hay nadie.
Que lo pueda escuchar.
*
Pues solo queda el asfalto.
Con garras al deslizar.
Un autobús que en su puerta
Esperando se quedó.
Ya no había pasajeros.
Este autobús no salió.
*
Ya no reflejas su belleza.
Ya nada hay que sentir.
Ya no existen los amores.
Ni nadie por qué vivir.
*
Si un lucero cayó,
Y el mundo ardiendo está.
Fue porque un amor lo maldijo.
Esa noche al pasar.
Y en venganza se llevó
a toda la humanidad.
*
¿Qué culpa tuvo el mundo?
De un lucero traidor
que por un despecho humano,
A todos nos castigó.
*
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.