domingo, 16 de octubre de 2022

**Dos mil veinte virucienta.

 



En 2020 virulenta,
Bailando todo el año está.
Regocijándose de las personas.
Sin amor y sin piedad.

Virulenta le llamaremos.
que golpea a todos al pasar,
Bailando busca su presa,
Pero su tiempo se agota ya.

Solo le quedan minutos.
Cinco para no exagerar.
Y llegada la doce,
Su zapato perderá.

les darán en los hocicos,
con vacunas a montones,
no encontrando a su príncipe,
Morirá entre rincones.

Ya virulenta correrá,
huyendo por las ciudades,
buscando suburbios viejos,
Para infectar a otros ruiseñores,
Que no se pueden defender.

Ellos viajarán a otro mundo.
donde no hay luz ni calor,
Pues su tiempo se agota.
Por este virus traidor.

Virulenta se irá marchando,
poco a poco y sin querer,
no encontrando a su víctima,
Tenderá a desaparecer.

Ya las doce han sonado.
Huyendo, corre ya.
su tiempo se va muriendo,
para toda la eternidad,
que este reloj no se pare,
y reluzca otro sentir,
levantaremos el mundo,
Volviendo a resurgir.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados de autor.

**Samanta y su biblia. (cuentos).

 

Samanta fue una niña muy inteligente en el colegio, pero eran tiempos de guerra, tiempos malos y tristes.

Allí, en la Cochinchina, ella vivió toda la miseria junta, de un mundo podrido, por la avaricia y la destrucción.

Los cosacos, aquellos, eran despiadados con todos, y prohibieron todos los libros.

Samanta tenía una biblia preciosa de la que no quiso deshacerse, pues era antiquísima, de sus bisabuelos o más en la familia.

En la plaza del pueblo, allí una gran montaña de libros dispuestos a ser quemados.

Más todo el que tuviera un libro en casa, serían quemados todos con la casa.

Así Samanta decidió hacerse unas zapatillas con aquella biblia, aprovechando cada contexto, cada frase, cada lágrima por todos, y vestida de mendiga, decidió pasarse por la plaza aquella, que ardía tremendamente.

Ella dio muchas vueltas alrededor de la candela y, como esa biblia parecía tener poderes, en cada vuelta alrededor de la candela, todos los libros parecían arder, pero ninguno se quemaba.

La guardia, al ver las llamas de más de diez metros de altura, decidió retirarse, pues aquello no habría quien lo parara ya.

Todo el pueblo rodeó aquel infierno, obligados por los soldados. Pero con el frío que hacía allí se fueron acercando, más y más, a los libros.

Ese fuego no quemaba nada, mientras nuestra amiga saltaba más y más, alrededor de todos.

Ya que vieron que se podían coger los libros.

Un monje que allí estaba con todos gritó:

¿Debemos de coger todos los libros y enterrarlos en la cueva del olvido?

Era una cueva en la ladera de un río seco, que nadie se atrevía a entrar, porque allí se escuchaban lamentos que nadie entendía.

y con el temor de que los cosacos exterminaran a todos, creyendo que ellos apagaron el fuego,

Así se atrevieron todos en fila, una fila larguísima de personas en las que todas colaboraron y los introdujeron en lo más hondo.

Conforme entraban, había una paz tremenda.

Mientras nuestra querida amiga seguía en la entrada de la cueva.

Así decidieron todos, llevar hasta la plaza cantidad de madera que seguiría ardiendo.

Para hacer la montaña de cenizas, más o menos. Adecuada.

Mientras Samanta decidió ya marchar del pueblo con esa maravillosa Biblia.

Y así todo se calmó y ella volvería, para poderla a custodia en su casa familiar.

Provocando así el fin de esa sangrienta guerra.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor. 

**La dulce Mariela.

 


La dulce Mariela,
sentada en su muelle está,
con su carita de rosa,
esperando a su amor llegar,
*
Una rosa que en su suelo,
para su amado entregar,
pues él ya pronto llega.
Y ella radiando felicidad.
*
Es un día perfecto.
para volver a tenerlo,
más su imagen reflejada,
La hace estremecer.
*
Pero ya va oscureciendo.
y hoy no llegará.
Su corazón se va encogiendo.
Otro día vendrá.
*
Otro adiós, que a este día llegó,
la inundará la tristeza,
Morirá la ilusión.
*
Cuántos pasos,
Ella tendrá que recorrer,
para otro día que llegue,
Y suspirando otra vez.
*
Los pensamientos frustrados,
En su sentir quedarán,
y las ilusiones se rompen,
Por no poderlo alcanzar.
*
¿Qué le pasará a su belleza?
esperando a este amor,
Pues el tiempo la va alcanzando.
Y a su pobre corazón.
*
Mas se le pasará la vida,
 Y él no llegará.
Pues murió en un naufragio.
Mas ella no se enterará.

*
Enrique Nieto Rubio,
Derechos de autor.

**Silvia La llamaré*

 



Ella. Silvia, la llamaré.
pues seguro que es
Con su vestido azul,
Hermosa como una estrella.

Lucía con aromas de pasión.
Y era lo más feliz,
hermosa como una rosa,
Con su color carmesí.

Paseando por el campo,
Se me perdió en un atardecer.
Y aún la sigo buscando.
Es la dueña de mi ser.

Pero dicen las personas,
que la han visto volar,
que va surcando los cielos,
Y andando entre luceros.

Pero aquí la esperaré.
en el prado del amor,
donde anidan los luceros,
Donde vive la pasión.

Qué seguro que ella vuelve.
pues sin ella no viviré.
Mira, mira, por ahí viene ya.
con su pamela de paja,
y su gran pañuelo de seda,
que la ilumina por detrás.
.
Todos dicen que es muy bella.
Todos les gritan al pasar.

Silvia, Silvia, que te busca tu amor.
Y si le tardas mucho.
Se te muere sin pasión.

Mas las nubes se impacientan,
como si quisieran correr,
para que ella siga hermosa,
Le señalan, a su querer,
para vivir siempre juntos,
En el prado del ayer.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.