sábado, 11 de mayo de 2024

**Cuando el tiempo se va.

 



Don José se llamaba este buen hombre; les narraré un poco de su vida. De más joven, era diseñador de joyas y platero.
Este señor vivía en la calle de las Flores número tres, junto a la mezquita de Córdoba; aunque se casó algo mayor y su esposa era diez años más joven que él, y tuvieron una niña, que se llama Rocío, fueron maravillosamente felices hasta que murió su esposa a los 60 años.
Este señor, en este trágico día, al levantarse por la mañana, se le vino a la mente su esposa de joven.
Él, como todos los días, sale de su casa a andar un rato, toma la ribera y, cuando llega hasta la antigua lonja, se vuelve por el otro acerado.
Hoy estaba algo rarito y un poco pálido, que su vecina cuando lo vio salir le dijo: "¿Está usted bien?". Él, mientras salía, movió la palma de la mano hacia los dos lados.
Llega a uno de los bancos en la ribera. Él tocó un candado que en el Día de los Enamorados con su esposa de joven pusieron allí en aquellos barrotes de hierro, y vio que su amor creció mucho, pues se encontró con un gran enjambre de candados más chicos, enganchados en el suyo, y sonrió, diciendo: "Aquí hay mucho amor junto".
Intentaba descansar un poco.
De pronto, notó como si su corazón dejara de latir; se fue quedando muy pálido y sin apenas oxígeno que respirar.
Ya tenía 97 años; así como pudo, llamó a su hija con el móvil diciéndole: Hija, que me muero. La hija asustada le preguntó: "¿Dónde estás?". Ella vivía en Villarrubia, a pocos kilómetros de Córdoba.
Él se fue arrugando, poco a poco, sobre su móvil, sin poder contestar a su hija.
Por allí constantemente pasan muchas personas andando, pues es casi peatonal esta avenida, pero nadie se fijaba en él y el que lo hacía, daba por supuesto que se quedaría durmiendo.
Al rato pasó una niña, de siete años, llamada María, con su mamá de la mano.
María quedó parada frente a él y le dijo a su mamá: Mamá, ¿le pasa algo a este señor?". La madre trataba de seguir con su andar, pero la niña no se movía. "¿Le pasa algo, mami?", total, que la madre se acercó a él, le puso la mano sobre su hombro y le dijo: ¿Está usted bien?
Él solo movió el cuello un poco, dejando al descubierto el móvil. Ella lo cogió, que aún estaba en llamada, se lo puso en el oído y dijo: "¿Quién es?".
Al otro lado del teléfono alguien contestó: "Soy yo, su hija, ¿cómo está mi padre?". Ufff, mal, he llamado a una ambulancia.
Esta mujer ya había llamado a emergencias, que en tres o cuatro minutos llegaron.
Le pusieron oxígeno, pues apenas respiraba, y en la camilla se lo llevaron.
La niña se estremeció, como si algo se metiera dentro de ella.
Así, su mamá le dijo a la hija de este señor dónde estaba y en quince minutos llegó al sitio, que aún había un corrillo de personas hablando de lo sucedido.
Ella bajó inmediatamente del coche y dijo: "¿Mi padre dónde está?". Ella se volvió con el móvil y le contestó: Se lo han llevado al hospital. "Ay, Dios", dijo la hija.
Se dieron los teléfonos, pues la niña no paraba de preguntar por él.
A los dos días, la llamó la hija de don José y le dijo que estaba mucho mejor, pero que lo ingresó en una residencia para mayores, pues los médicos dijeron que no podía estar solo. Aquí en el brillante, y que estaba muy bien...
 Rocío, mi niña, que fue quien se dio cuenta, ella no para de llorar diciendo que quiere verlo. ¿Tú qué opinas?
Pues nada, que vaya a verlo, mujer, ¿no pasará nada?
Muchas gracias, esta tarde iremos a verlo si no va a caer mala.
Vale —dijo la hija de don José...
Cuando entraron a la residencia, don José ya sabía que la niña iría a verlo, y con su silla de ruedas estaba esperándola en la entrada. Él levantó los brazos diciéndole: "Ven", y se abrazaron fuertemente, y ya la niña lo hizo su abuelo...
Así pasaron dos años más y un día le notificaron a su hija que había muerto su padre, y a Mariluz, la madre de la niña.
Fueron un rato al tanatorio, las dos, y Nati, la hija de don José, le dio una cajita muy bien envuelta en papel de regalo para la niña, de parte del abuelo, que así lo llamaban ellas.
La niña, después de llorar un montón, se marchó con una paz tremenda, que se repuso de todos sus temores o qué sé yo.
Creo que el espíritu de don José se ha metido dentro de esta preciosa niña para protegerla toda la vida, y así ha sido.
Cuando Anita y su hija llegaron a su casa, abrió el regalo de don José y vieron que era un colgante de oro con su cadena, y todo, en forma de corazón.
Este corazón se abría; era como un libro y grabado en unas páginas de oro que se pasaban una a una.
Y tenía un precioso mensaje que decía:
Tú eres la luz de este mundo, y yo, para protegerte, viviré en ti siempre, pues ya estaba escrito que tú serías mi alma gemela.
Jamás se separó de este amuleto.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

viernes, 10 de mayo de 2024

**La golondrina y la gorriona.

 Pintura de pájaro acuarela cardenal rojo 1 Impresión de descarga digital imagen 1La golondrina y el gorrión de Enricostro

Ya a finales de mayo se ven las golondrinas por Córdoba.
Y un grupo se mueve por la ribera; esta siempre vuelve al mismo sitio para criar a sus polluelos.
Pero han tirado una casa donde algunas solían criar, y se sienten desorientadas.
No paraban de dar bandazos por la linde de las casas una y otra vez sin saber qué hacer.

Pegado al río hay muchos árboles lindando con el agua y la muralla, una gorriona cantando, a pecho partido y sin atender nada de su entorno.

La golondrina pasaba, una y otra vez, cerca de ella y les decía. —¡Oye, gorriona, podemos hablar! —y ella, como si nada, seguía cantando.

Ya la golondrina cansada embistió sobre ella y le dijo: ¡Podemos hablar, llevo media hora llamándote!

¿Y qué quieres? ¿No ves que estoy cantando y si me distraigo, ya pierdo el hilo?Tree Swallow acuarela pájaro pintura 1 Descarga digital Impresión imagen 1

Jocc: Dijo la golondrina: ¡Vaya, pierde el hilo, la cantante, prui, prui, prui, eso es cantar, joccc!

Pues sí, eso es mi cante, ¿y qué quieres, dijo: la gorriona?

¡Pues verás, yo tenía mi nido en la casa que había aquí, y ahora me encuentro perdida, sin saber qué hacer!

¡Pues mira, ese árbol que es el más grande, ahí está mi nido, pero este año mi marido se ha marchado a no sé dónde y no criaré; si te quieres quedar con él, pues hazlo!

¡Muchas gracias, ahora mismo me iré a él!

Así, la golondrina se dirigió al nido, y cuando se posó en él, ¡plun!, un palo atravesado había en él, y otra sorpresa que había: ya una gorriona incubando sus huevos que allí estaba.

—¿Eh, pero qué haces? —dijo la gorriona.

¡Ay, perdona, es que la dueña de este nido me mandó a él para criar a mis pollos!

Ah, pues ya estoy yo, ¿qué hacemos?

Dijo: "La golondrina, ¡por qué no criamos los pollos entre las dos!"
¿Y no será mucho lío?...
¡No se lo intentamos!
¿bueno háber?...

Así se acoplaron las dos, y entre las dos empollaron los huevos...
Sobre los 14 días, empezaron a salir los pollitos y eso era un escándalo, para darles de comer, a unos y otros.
Así dijo la golondrina: "¡Es un lío, lo mejor es, si te parece, que le damos de comer por igual a unos y otros; entre las dos podremos".
Sí, claro, así lo haremos.

Y así, aunque fue difícil adaptarse, lo hicieron.
...cosa que los humanos no somos capaces de hacer...

Ya grandecitos, a fines de julio, decidieron emigrar, porque ya estaban grandecitas.
Los pichones de los gorriones se pasaban el tiempo saltando de rama en rama, y las golondrinas pequeñas se agarraban al nido clavando sus uñas, abrían las alas y ensayaban vuelo sin soltarse.

Ya, en estos últimos días, las mamás se abrazaban con el pico despidiéndose y además muy contentas de esta vivencia que nunca se dio en ellas, prometiéndose que el año que viene repetirían sus hogares juntas...
Y lo que es mejor, las crías estaban dispuestas a hacer lo mismo... FIN.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

jueves, 18 de abril de 2024

**En el reino del Castillo mágico.

 

 En el reino de este castillo mágico,

Nuestra querida hadita dialogaba con el mago Batuchi y ella le decía: "¡Amigo mago, qué pasa en esta casita, que todo el mundo está durmiendo!"

El mago le contestó: "Nooo, es que muchos ya se hicieron mayores, y ni ganas de comentar, ni escribir" Pues el tiempo corre en su contra y los dolores ya pueden con muchos.

A otros las ideas ya se les fundieron, y no les sale nada, porque están desmotivados por ellos mismos.

¡Y algunos que sí siguen en la brecha, pero que solo están para ellos, casi todo el tiempo!

Haaa, dijo la hadita, ¿no les gustan los cuentos? ¿Por qué? ¡Porque son mayores!

¡Bueno, mi linda hadita, quizás les aburren porque no los entienden, o por las preocupaciones del mundo, que hoy está loco!

¡Y, señor mago, por qué no los traemos a este castillo mágico! Seguro que si todos estuvieran aquí charlarían de todo de la vida y saldrían muchas cosas?

¡Bueno, sí, pero los mayores se vuelven cascarrabias y terminarían peleando por estas guerras malditas, gobernadas por asesinos de niños y destructores de familias enteras!

¡Ya eso sí, pero si se prohibiera hablar de estas cosas, lo mismo se enternecen, pues lo más hermoso es que los niños de todo el mundo nos entendieran en el amor y la magia de lo bello y la fantasía!

Seguro, eso sería lo ideal, porque fíjate tú, aquí donde nosotros vivimos, solo hay magia y felicidad.

Aclaro, pero esto es otro mundo; aquí reina el amor y el cariño, por todo y por todos, ya que en este mundo mágico jamás hubo guerras ni nada de violencia. 

Bueno, aunque aquí los trols y los hérfos siempre la están liando. ¡Ya claro, pero hay muchos más animalitos, como los conejos que viven con las ardillas y siempre están de acuerdo todos, ja, ja, ja! ¡Pues sí!

Mira, un día paseaba por ese camino de ahí y me salió un lobo. Este me dijo que conocía a Caperucita Roja y que les gastó unas bromitas a ella y a su abuelita, pero que solo quedó en eso. ¡Así!, ¡sí! Otro día tomaba el sol y me encontré con la mamá de los siete cabritillos y me dijo: Pues sí, ¡a mí este lobo también me gastó una broma que quería comerse a mis hijos! ¡Unnn, sí que es bromista este lobo!

Haaa, y otro día tropecé con los tres cerditos y su mamá, que lo mismo una broma y les tiraba sus casas soplando. ¡Oooo, qué bromista!, ¡sí!

Aun y con todo eso, este mundo es maravilloso, pues se pasa muy bien, jugando todos los niños que, sin saber por qué, los hay de todos los reinos y todos se entienden hablando...

—¡Oh, sí, señor mago, se ha hecho muy tarde y se nos enfriará la cena, nos vamos ya para el castillo! —¡Sí, vámonos, ya que empieza a hacer frío aquí!

Fin 

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados.

 

 

miércoles, 17 de abril de 2024

**La señora Eustacia, (cuento)

 

La señora Eustacia, presumida como no hay dos.

Alicataba a su perrito. Y entregaba todo su amor.
Lo sacaba todos los días y era el más bonito de la ciudad.
Todo el mundo lo miraba en su presumido caminar.

Mira, mira cómo va; si es para comérselo, yo lo quisiera adoptar.

El perro, muy presumido, a todo el mundo miraba.
¿Qué hacía hasta esos gestos, digno para abrazar?
Se lo llevaba a todos sitios, y todos le echaban fotos.

De un tirón se le escapó, cruzando por El Corte Inglés, y por más que ella corrió, no lo pudo detener.

Este salto por un balcón en una planta baja que había, más el humo se disparó mientras los bomberos venían.
Con un bebé que salía dentro de aquel portal mientras el fuego subía, al niño lo logró salvar.
Los bomberos que llegaron, el agua se disparó, apagando el incendio en esa misma habitación.
Allí todos rodearon al perrito que con un bebé salió; él lo soltó en el suelo y los médicos lo examinaron y no tenía ni un rozón. Por suerte para el crío, el perro se chamuscó y sus preciosos pelos todos se le engurruñaron.

Pero todos aplaudieron por el perrito bravucón al que los bomberos le pusieron una estrella como el bombero mejor.
Que ha salvado a un niño y evitado lo peor.

Pocas semanas más tarde, su amita lo llevó al cuerpo de bomberos, y le condecoraron con la medalla al valor y se la pusieron en su cuello, y siempre él la llevó, altanero y orgulloso; a todos les daba amor.

Enrique Nieto Rubio.

Derechos de autor.