En el reino de este castillo mágico,
Nuestra querida hadita dialogaba con el mago Batuchi y ella le decía: "¡Amigo mago, qué pasa en esta casita, que todo el mundo está durmiendo!"
El mago le contestó: "Nooo, es que muchos ya se hicieron mayores, y ni ganas de comentar, ni escribir" Pues el tiempo corre en su contra y los dolores ya pueden con muchos.
A otros las ideas ya se les fundieron, y no les sale nada, porque están desmotivados por ellos mismos.
¡Y algunos que sí siguen en la brecha, pero que solo están para ellos, casi todo el tiempo!
Haaa, dijo la hadita, ¿no les gustan los cuentos? ¿Por qué? ¡Porque son mayores!
¡Bueno, mi linda hadita, quizás les aburren porque no los entienden, o por las preocupaciones del mundo, que hoy está loco!
¡Y, señor mago, por qué no los traemos a este castillo mágico! Seguro que si todos estuvieran aquí charlarían de todo de la vida y saldrían muchas cosas?
¡Bueno, sí, pero los mayores se vuelven cascarrabias y terminarían peleando por estas guerras malditas, gobernadas por asesinos de niños y destructores de familias enteras!
¡Ya eso sí, pero si se prohibiera hablar de estas cosas, lo mismo se enternecen, pues lo más hermoso es que los niños de todo el mundo nos entendieran en el amor y la magia de lo bello y la fantasía!
Seguro, eso sería lo ideal, porque fíjate tú, aquí donde nosotros vivimos, solo hay magia y felicidad.
Aclaro, pero esto es otro mundo; aquí reina el amor y el cariño, por todo y por todos, ya que en este mundo mágico jamás hubo guerras ni nada de violencia.
Bueno, aunque aquí los trols y los hérfos siempre la están liando. ¡Ya claro, pero hay muchos más animalitos, como los conejos que viven con las ardillas y siempre están de acuerdo todos, ja, ja, ja! ¡Pues sí!
Mira, un día paseaba por ese camino de ahí y me salió un lobo. Este me dijo que conocía a Caperucita Roja y que les gastó unas bromitas a ella y a su abuelita, pero que solo quedó en eso. ¡Así!, ¡sí! Otro día tomaba el sol y me encontré con la mamá de los siete cabritillos y me dijo: Pues sí, ¡a mí este lobo también me gastó una broma que quería comerse a mis hijos! ¡Unnn, sí que es bromista este lobo!
Haaa, y otro día tropecé con los tres cerditos y su mamá, que lo mismo una broma y les tiraba sus casas soplando. ¡Oooo, qué bromista!, ¡sí!
Aun y con todo eso, este mundo es maravilloso, pues se pasa muy bien, jugando todos los niños que, sin saber por qué, los hay de todos los reinos y todos se entienden hablando...
—¡Oh, sí, señor mago, se ha hecho muy tarde y se nos enfriará la cena, nos vamos ya para el castillo! —¡Sí, vámonos, ya que empieza a hacer frío aquí!
Fin
Enrique Nieto Rubio.
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