sábado, 30 de enero de 2021

**Cuando pienso en la melancolía.

 








Cuando pienso en la tristeza,
Se engrandece mi sentir.
pues me vienen los recuerdos.
Del día en que te perdí.

Con una sonrisa tuya,
Te me fuiste para no volver.
y las estrellas se nublaron,
para jamás renacer.

Fuiste un espíritu de luz, en mi sentir.
Hoy me embarga la tristeza.
Pues mucho me acuerdo de ti.

Que no te borres nunca,
de ese amor que te tenía,
que en los cielos está la gloria,
Y eres tú, vida mía.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.

domingo, 13 de diciembre de 2020

**Cuentos de navidad, un pintor desastroso.



CUENTO DE NAVIDAD.
Un pintor desastroso de Enri Costro.
Enri se llama este amigo entrañable.
Toda su vida, se la pasa pintando, desde el instituto.
No paró de pintar; se pasaba días enteros en el campo, en la montaña, incluso en la ciudad.
Él pintaba de todo.
Ha cumplido treinta años ya, y su cumpleaños es en diciembre.
Pero hoy es Navidad, y Enri se encuentra muy solo y en una tierra lejana.
Tiene tantos cuadros, que no sabe dónde ponerlos ya.
Hoy veinticinco de diciembre, en plena Navidad, paseando por un centro comercial, se ha encontrado en el suelo de la entrada un sobre.
Lo ha abierto y tiene una gran cantidad de dinero, y con el dinero, unas fotos de carnet de una chica.
Bueno, es una chica preciosa y se ha tirado con él hasta las diez de la noche, por ver si su dueña aparecía.
Han cerrado el centro y se encuentra con las persianas bajadas y en mitad de la calle.
No sabe qué hacer, el frío se adueña de él, y decide marcharse a su casa.
Solo piensa en lo mal que lo tiene que estar pasando esta chica.
En su casa, al sacarlo todo del sobre, se les han caído las fotos y una de ellas tiene un número de teléfono y pone María.
Ha llamado y ha dicho: "¡Buenas noches, eres María!".
A ella se le notaba triste y como llorando.
Sí, dígame.
¡Me llamo Enri, y tengo unas fotos tuyas, que me he encontrado en el suelo!
Ella respondió: "¿Y el dinero no?"
¡Qué dinero!
¿Oooof?
¡Que si tengo el dinero, dijo Enri!
¿Sí o no me dices, me lo devolverás?
Bueno, eso depende; si me prometes una cita, te lo daré, ¡pero con cena y todo el día completo!
Bueno, si no tienes compromiso claro, pues si lo tienes, triste de mí, ¡entonces que solo venga tu pareja!
Así Enri le dio las señas, para que fuera a su casa.
Pero nuestra amiga, María, estaba temerosa, pues no sabía quién podía ser; a lo mejor era un loco y lo mismo la secuestraría.
A la mañana siguiente, Enri se levantó con ganas de pintar y tomó una de aquellas fotos y, en un gran lienzo, comenzó a plasmar esa preciosa cara.
Se tiró todo el día plasmándola hasta conseguir la imagen perfecta.
Enri se ha asomado a la ventana, y enfrente, una chica mira su casa, pero no se atreve a llamar a la puerta.
Él ha abierto la terraza y la ha llamado: "Pis, pis". Ella ha mirado hacia arriba.
¡Ha hecho señas para que suba, y ella ya va más tranquila!
¡Pasa, tú eres María, claro, estás como en las fotos, por supuesto guapísimaSiéntate, sí!
María, le temblaba todo su cuerpo.
Él preguntó: ¿¡Quieres tomar algo!? Ella, cortada, dijo: "¿No, gracias?".
¡Bueno, vienes para quedarte todo el día o no!
Ella, muy asustada, dijo: "¿Es que yo?"
Él la cortó diciéndole: "¡Bueno, si hoy no puedes, me lo deberás el día entero!".
Ella, desconfiada, miraba a su alrededor, y tenía cantidades de cuadros en el suelo amontonados; todos eran preciosos, y vio uno que tenía un campo todo blanco de nieve, con una casita al fondo iluminada. Ese le impactó mucho, pues ella en otros tiempos, cuando era pequeña, vivió en una parecida a esa.

Él vio que sus ojos no paraban de mirar aquel cuadro. Y a su vez pensaba si le daría el dinero, pues era el sueldo y la paga de Navidad, mucho dinero.
Enri se levantó y cogió aquel precioso cuadro: ¡Te gusta, ¿verdad?, pues te lo regalo!
Ella no supo qué decir, y cogiéndolo con las dos manos.
Él le dijo: "¡Me perdonas un momento!".
—¿Sí? —dijo ella. Poniendo el cuadro en la mesa.
Entró él para el dormitorio, y entre ese lapsus de tiempo ella se acercó a un cuadro que tenía él, en un caballete tapado con unas sábanas, lo levantó y, viendo que era ella, se asustó y echó dos pasos para atrás. Y ya no se movió más.

Él salió del dormitorio con aquel sobre; ella, temerosa, cogió el sobre y no se atrevía ni a abrirlo.
Y sus ojos ya buscaban la puerta.
Él le preguntó: ¡María, no cuentes el dinero!
Ella respondió: "Si me lo has dado, es porque eres un buen hombre y estará todo".
¿No te digo cómo puedo pagártelo? Pues ya lo sé, pero ahora estoy aterrada.
¡Bueno, yo no te he comido aún, jajaja!
Ella posó una leve sonrisa en su cara.
¡Quieres que te acompañe a tu casa! Ella dijo: "¿No, gracias?".
Así que él le abrió la puerta, y ella ya se marchaba; él le dijo: "¡Un momento, te dejas el cuadro!". Y se lo dio.
Ella bajaba las escaleras, como alma que persigue el diablo, y tomó calle abajo, sin mirar siquiera hacia atrás.
No pensaba volver a verlo, pero durante todo el día sabía que había contraído un compromiso con él.
Contó en casa todo el dinero y estaba todo; así se fue al banco a ingresarlo, y quedó completamente relajada.
Se fue a la peluquería y se puso el vestido más bonito de todos. Tomó su coche y se fue temprano a casa del chico.
Así llamó al timbre y alguien contestó: "¡Sí, quién es!".
Ella respondió: "¿Soy yo, María?
¡Sí sube!
Él, al verla tan preciosa, le dijo: "¡Madre mía, qué preciosa estás, y qué deseas!".
Bueno, vengo a pagar mi deuda con usted.
—Bueno, si nos tuteamos será mejor, y si te sientes incómoda, rompemos el trato.
Ella contestó: "¿Tú quieres?"
¡Yo para nada, un trato es un trato, y es todo el día, sí!
¿:Siii dijo ella?
¡Bueno, pues siéntate!
A ver, son las doce del mediodía. ¿Qué prefieres, almorzar aquí en casa o deseas salir a comer fuera?
A ella lo cierto es que le pareció que no estaría muy boyante económicamente, lo que respondió: "Bueno, si quieres, comemos aquí, si…".
—¡Vale! —dijo él.
Él le puso la televisión en el salón y le dijo: "¡Prepararé la comida que deseas comer!".
Ahí no sé, lo que tú quieras.
¡Vale, te sorprenderé, carne o pescado!
Ella respondió: "¿Huy 'carne'?"
¡Vale, sí!
Así Enri se fue a la cocina y cogió el teléfono y al restaurante de abajo, que era su gran amigo, le dijo lo que quería, para dos, y él le respondió: "Dame veinte minutos y te lo subo, ¿vale, vale?".
¡Sí, gracias, Pepe!
Salió Enri y se sentó a su lado, y dijo: "¿Qué quieres beber?".
Ella respondió: "¿Tendrías un buen vino blanco?"
Él dijo: "¡Sí, un solera, que vas a alucinar!".
Se fue al frigorífico, y sacó una botella de vino, y en dos copas lo vertió, y lo paladearon, y ese aroma
a campo, que ella percibió.
Volvió a recordar aquella casa maravillosa en la que vivió en otros tiempos.
Un par de minutos más, llamaron a la puerta y él abrió; entraron dos camareros y, como en el mejor restaurante, les pusieron un chuletón con papas y les sirvieron a los dos.
Ella se quedó sorprendida de aquella atención y alucinaba.
Sus labios carnosos les brotaban esas gotitas de vino, que él desearía recoger con su lengua.
Así comieron hasta hartarse, y él le dijo: "¡Te apetecería una copa de helado!"
Ella dijo: "¿Unnnn sí?".
Pero ya no cabía en su vestido.
Él la miraba comer y beber, con su delicadeza que ella portaba y como le gustaba.
Así tomaron ese exquisito postre, y se echaron en aquel amplio sofá que él tenía.
Vieron películas y a media tarde, él le ofreció café, o lo que ella quisiera, y ella respondió:
¿Sí desearía un café, pues he comido como nunca y estoy que me duermo, aquí tan a gustito que estoy?
Tomaron café, y se fueron a dar un paseo por el parque…
Charlaron de todo y se lo pasaban muy bien.
Ya se hizo de noche, y terminaron frente al Corte Inglés, que estaba superiluminado, con las luces navideñas.
Entraron al bulevar, pero ya un poco cansada, ella se echó un poco sobre él y él le bajó la mano por su cintura, lo que ella agradeció.
Pues ya en Navidad, entraron al restaurante y tomaron esta vez pescado, riquísimo, calamares con sus patitas y todo, y comieron maravillosamente.
Ella sabía que en casa solo le esperaba un lindo gatito, que seguro estaría durmiendo ya.
Ya salieron casi a las once y media; se fueron paseando tranquilamente, muy pegaditos, pues el frío era intenso.
Ya debajo de la ventana de ella, ella le dijo: "¿Aquí es mi casa?"
Él respondió: "¡Vaya que corto se me hizo el día! Has cumplido tu compromiso: ¡volveremos a vernos!".
Ella respondió: "Sí, claro, me ha encantado estar contigo, me lo he pasado como nunca, pero a este día le falta algo, pues has hecho mucho por mí; jamás pensé que habría personas como tú".
¿Quieres una última copa, de Navidad?
¡Sí, dijo él!
Así subieron a su piso, y de frente él vio ese precioso cuadro que le regaló, colgado en la pared.
Ella dijo: "Bueno, ¿qué deseas tomar?"
¡Un brandy, por favor!
Ella le señaló dónde estaba el bar y dijo: "Sírvete lo que desees que vuelvo ahora; los zapatos me están matando".
Así se fue a la ducha, y se dio una ducha rápida, y se puso un precioso camisón transparente, sin más.
Salió que cuando él vio ese hermoso cuerpo que se transparentaba detrás de las luces, se sintió frenético de pasión, que no se pudo aguantar, se puso de pie y comenzaron a besarse apasionadamente, que acto seguido, terminaron en el dormitorio.
Haciendo el amor locamente, que en esta penumbra, de las lámparas de la mesita, les duró hasta las cuatro de la madrugada, en que, ya agotados, quedaron abrasados el resto de la noche.
Desde entonces, ya jamás se separaron y él la pintó decenas de veces y consiguió vender infinidad de cuadros, que ella le ayudaba también.
Y desde entonces, fueron de lo más felices del mundo, y
Todas las Navidades repiten Aquellos maravillosos años y Siempre enamorados.

Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.

YD.YD.DODO.A.OO.98.













































































































'

lunes, 7 de diciembre de 2020

**Penumbra de Silvia Regina.

 ▓▒░ ░▒▓ ▓▒░ ░▒▓ ▓▒░ ░▒▓ ▓▒░ ░▒▓ ▓▒░ ░▒▓ ▓▒░ ░▒▓ ▓▒░ 


Mi amor, que en un instante a mi lado te encuentras... haciéndome creer que para siempre te has de quedar; más repentinamente impávida me dejas, pues frente a mis ojos, como fugaz neblina, inmediatamente y sin dudar, te vuelves a disipar.
 
Me encuentro en la fría penumbra, musitando tu nombre, como el más bello de los versos; con la vana esperanza de que pronto tus pasos a mí regresarán… Esperando en la loca ilusión de escucharte decir que me amas, y que mío para siempre serás.
 
Quizás no te das cuenta de que el tiempo y la distancia, como acérrimos enemigos, muy pronto contra nosotros se tornarán; pues el calendario nunca se detiene, y transcurre sin compasión e indiferente... Despojándonos de la magia que contiene la vida.
 
En esta soledad que cala mi alma contrita, mi corazón exhausto una y otra vez se ha vuelto a preguntar: ¿Cuándo llegaré a vislumbrar el bendito día en que, cansado de visitar otros puertos, en el mío te comprometas? ¿Y las velas, desistir de izar?
Terminar con esta impía distancia es mi deseo, que como paupérrimos esclavos, en este infierno, confinados, nos ha llegado a retener; y tiempo es lo que a Dios imploro, porque amarte sin medida, en cuerpo y alma, es lo que ansío realizar.
 
Un lustro, paciente, he esperado, y mi amor permanece incorrupto; así pues, mi bien amado, si el sentimiento que me profesas es verdadero... no distraigas tus pasos; no interrumpas más nuestro encuentro, porque ambos nos vamos a perder.
"Pues el tiempo y la distancia son fieros; y sin que tú repares, nos están robando la vida y la ilusión".

Silvia Regina Cossío Cámara
Safe Creative
Andrés Alfredo Orellana

**De tu paraiso hacia mi infierno de Silvia Regina.

 


Distinguido caballero, de brillante armadura; 
hombre vanidoso frente a sus magistrales letras… 
que camina altivo, exclamando palabras al viento, 
como siniestras carnadas, a peces en la corriente; 
el presente mensaje…pretendo puedas encontrar.
Cinco años por ti, acepté vivir en densas tinieblas; 
siempre disculpándote...recurrí a la autoflagelación; 
por lo que la distancia, brindarte me obstaculizaba; 
alternando siempre, con mil y una historias ilusorias, 
para ofrecer al corazón, la más calamitosa apología.
Mi cándido espíritu, a tu vera ansiaba perpetuarse; 
más tú, con cruel abatimiento has llegado a vociferar, 
que no me amas más… ¡No soy la mujer que mereces! 
Pues a mi lado, la felicidad es solamente un ensueño… 
y por ello, una dulce damisela raudo deberás encontrar.
 
Cada quien posee una forma única de relacionarse… 
así como de recibir y aceptar lo que con amor le brindan.. 
Y lamento honestamente, que todo lo que contigo fui; 
no haya sido suficiente, para nuestras vidas compartir. 
Más cada etapa tiene su encanto; incluyendo la separación. 
Mi existencia no ha florecido fácilmente; está colmada 
de victorias y derrotas; de bendiciones y desesperanzas; 
de alegría y tristezas, de compañía y largos aislamientos. 
Por eso comprendo, que siempre hay ciclos que cerrar; 
así pues, hoy…te dejo libre ¡Vuela lejos y alto mi amor! 
Adiós vida de mi vida, mil gracias por bien amarme… 
por mantener candente este loco y exhausto corazón; 
por los días y noches, en que al cielo junto a ti remonté; 
por el júbilo de volver a iluminarme y decir un te amo, 
pero sobre todo, por brindarle un nuevo sentido a mi vida. 
Con el alma contrita y toda mi humanidad fragmentada, 
admito amargamente la siniestra y fatídica derrota… 
Lágrimas humedecen mi rostro y respirar es ardua labor; 
más de tu "Paraíso hacia...mi infierno", hoy me destierro"; 
porque te amo, y llanamente anhelo que seas muy feliz.



Silvia Regina Cossío Cámara

*Andrés Alfredo Orellana Pineda*