martes, 15 de septiembre de 2020

**En el parque ( cuentos.)

  En el parque, cercano al zoológico, un anciano no de muchos años, descansaba de su corto paseo.

 Él se levantó feliz esa mañana, pues vendrían sus hijos, y nietos a almorzar este día. 


Y él, un poco cansado, se sentó como de costumbre en su banco favorito, pues tenía una fuente cercana y escuchaba el agua caer.

Él pensaba en voz baja, lo feliz que había sido siempre.

 Con su esposa en casa y esa familia maravillosa que Dios le ha regalado.


Era muy sensible y soñador. 

 En un banco.

Hacia frente, a él de pronto alzo la vista al frente y en aquel banco del otro lado del paseo, una preciosa niñita, de unos catorce años, lloraba amargamente.



 Él la miró y su mundo de felicidad, se derrumbó en ese instante; él no podía contener sus lágrimas, al verla llorar. Mientras su cara se entristecía, lloraba tanto, que era imposible no darse cuenta.


Ya no pudieron más, los dos; se miraban y lloraban. Había entre los dos una pared imaginaria, que les impedía ver lo demás.

 Ella se levantó y se acercó a él, diciéndole: "¿Por qué lloráis, señor? Él levantó la vista y le dijo: "¡Si yo era el hombre más feliz hace unos segundos, y ahora ya lo ves, soy lo más infeliz del mundo!"

 ¡Mundo!

¿Pero por qué, señor?

¡Por vos, mi querida niñita, por vos!


—¿Si lo mío no es nada, pues solo fue una pelea con mi novio, pues es un cretino, y maleducado, y así bajito, buen hombre, le diré que cortamos porque me negué a tener sexo con él, el muy capullo, y solo por eso lloramos —dijo la chica.

¿A la mierda que se vaya? Y este hombre dio una carcajada mientras la chica le besaba en la cara.

Ya se sentaron los dos juntos y estuvieron charlando de todo y se lo pasaron tan bien, que decidieron verse todos los días, aquí en estos bancos del parque.

La chica de los consejos que él le dio, se fue muy contenta, y él también.

Ya él se marchó a casa y le dijo a su mujer que había conocido a una chica en el parque, y que ahora son amigos, pero no sufras, que aún no somos novios, solo tiene catorce años, ja, ja, ja.


Ella le respondió: ¡Y qué tontito que eres!". Y le dio un arruchón en esos mofletes que él tenía.

Así que llegó su adorada familia y se besaron y lo pasaron maravillosamente, hasta llegada la tarde que se marcharon muy contentos.   


Al día siguiente, llegó y allí estaba la chica; él la vio y aligeró un poco más el paso, y se besaron en la cara como dos buenos amigos.

Ella le preguntó: "¿Que cómo fue ayer?". Él contestó: "¡Sí, fue maravilloso! Pues, ¿sabes?, tengo una de mis nietas que tiene tu edad". "¿No me digas??", Pues sí! ¿Y tú cómo te va con tu novio?".

Bueno, ayer vino a casa pidiéndome perdón, ¿y que no pasaría más.

 Abuelo, me pasa lo mismo que a ti, que soy muy sensible, y entre tú y yo, no me pude resistir, a su ternura y me ganó en el amor, pero no te creas, tomé precauciones, ¿sabes?


El hombre, tanto como lloró aquel día de antes, no paró de reír, jajajajajajajajajajajajaj. Le dio tal ataque de risa, que terminó levantándose y marchó para su casa, eso sí, sin antes darle un gran beso a esa niñita.

Ella se levantó gritándole: "Adiós, abuelo, adiós". Ja, ja, ja. 

¿Hasta mañana?

Así pasaron muchas semanas, hasta que un día ella le comentó: Abuelo Antonio, me voy a casar, ¿quieres ser mi padrino de boda?

¡Sí, claro, cómo no voy a serlo, si eres una chica maravillosa!

 Antonio, y tu mujer, que está invitada también, que tengo muchas ganas de conocerla, que tiene que ser maravillosa como tú. Te quiero, abuelo Antonio, ¿nos vemos, sí?



Así fue como se hicieron como de la familia, que quedaron para todo en esta vida, y después vinieron los niños, que él los bautizó también.




Bueno, hoy ya pasean las dos familias por el parque, y con ese precioso niñito que también se juntaron los hijos de ellos, para andar todos los días. FIN. 

Enrique Nieto Rubio.

Derechos reservados de autor.  

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