viernes, 7 de agosto de 2020

**Si te sientes sola y triste.

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Soledad, de Enricostro.

Si te sientes sola y triste,
No te olvides de mi querer.
que siempre estaré contigo,
aunque no me puedas ver. 
*
Pues sí, energía somos,
y vivimos en este mundo,
que aún separados los dos,
Somos un solo rumbo.
*
Si te sientes afligida,
Y no encuentras solución.
Háblame tú, querida.
que yo soy tu canción.
*
pues sabes que en esta vida,
 si tienes un corazón,
Este late como el mío.
Y siempre al mismo son.
*
Si no encuentra pasión,
y te aflige tu soñar,
Cuenta con mi canción.
Que yo te sabré guiar.
*
si amores quieres tener,
Y no encuentran la pasión.
Ten por seguro, mi niña,
Que yo te daré lo mejor. 
*
Si besos quieres tener,
 y no encuentras un sentir,
Dímelo tú, pues,
Que yo te haré sonreír.
-
Y si frío tienes en las noches,
porque vives en soledad,
Cuenta conmigo, chiquilla.
Que yo te haré resoplar.
*
pues muchos son mis secretos,
Muchos sueños de pasión,
Muchos viajes en las estrellas,
Y muchas noches de amor.
-
Que aunque tú no lo creas,
Para ti tengo lo mejor.
Besos, abrazos y tientas.
con caricias y mucho amor.
*
Que si sexo quieres tener,
y pasiones para gozar,
Vuela alto, alma mía,
que allí me encontrarás.
*
¿Que solo caricias quieres?
y un poquito de cariño,
Piensa, amiga, pues.
Que yo soy como un niño.
*
Que si quieres, yo te quiero.
y si me das tu mano,
Uff, esa mano.
 Sentirá mis gemidos.
y con ella la mía,
 te colmarán de suspiros.
*
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados de autor.
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**Si me esperas en el cielo.



Si me esperas en el cielo,
Espérame sentada.
Pues ahí solo van los ángeles.
Y personas de buena tinta.
*
Si me esperas en el cielo,
Y ves que tardo demasiado.
Es que bajé a los infiernos.
Para ver si habías bajado.
*
No porque hubieras pecado,
Que eso lo sé muy bien.
Si no por haberme amado,
Que yo te amé también.
*
Si me esperas en el cielo,
Y estás junto a él.
No le cuentes nuestros secretos.
Que lo mismo ya lo sabe él.
*
Y si ves que ya no llego,
Seguro no llegaré.
Pues mis pecados son cuantiosos.
Por amar a otra mujer.
*
Y si al Diosito lo ves,
Y le quieres comentar,
Lo mismo él se reblandece.
Y me manda a mí llamar.
*
Para estar allí contigo,
Y podernos mucho amar.
Que no sé cómo es el cielo.
Y si se aman por allí.
*
Pero si es tan bonito,
Ven y dímelo a mí.
Siempre que tú marches antes,
Pues yo no me quiero morir.
*
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados de autor.
R.M.DOYR.P.OO.98

**Dicen que tu estas con otro.

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Dicen que tú estás con otro.
Y que te ríes de mí.
Yo les digo que son envidiosos.
Que tú te mueres por mí.
*
Dice, dicen que te han visto bailar.
con un chico con bigote.
Y que le besas en los labios.
¿Y qué le susurras al oído?
Palabras, que son de cantos.
*
Yo le digo que no puede ser.
Que tú solo piensas en mí.
Que tu querer es sincero,
Y solo vives para mí.
Que seguro que es otra.
Y se parece mucho a ti.
*
Dicen que te has casado.
Que ya te has olvidado de mí.
Que vas a tener un niño.
Y que me olvide de ti.
*
Yo le digo que no puede ser.
Que este amor es de los dos.
Y si un niño llegas a tener,
Que este sea por amor.
Pero que solo sea conmigo.
O moriré de dolor.
*
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor.


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**Abraham, un escultor de grandes obras de mármol.

 


Una mancha de semen sobre la Afrodita de Cnido
Abraham, un escultor de grandes obras de mármol.
Un día, se empeñó en que quería hacer a la mujer perfecta. 
A tamaño real, 
Buscó a las mejores modelos, y fueron muchas. 
Pero a ninguna la veía perfecta.
De cada una de las modelos, fue creando primero en barro. 
Y después, en yeso, de una, le sacó la cara, la mujer más bella del mundo; de otra, el torso, y así fue, día tras día, formando a la mujer perfecta.
Era un encargo de un multimillonario, que le pagó una gran suma de dinero.
Conforme pasaban los meses, su inquietud fue aumentando por esta mujer, que en el fondo no existía en la tierra.
Pasaban los meses y, estancado, no podía seguir; los taladros se les rompían, hasta que terminó dejando la obra a medio hacer.
Su cabello no encontraba pose para él, y se agobiaba, y llegó a un punto estresante.
Le devolvió todo su dinero a este hombre, diciéndole que le era imposible hacerla.
Sus temblores, cada vez más grandes y largos, terminaron con su botella en la puerta del taller.
Abraham soñaba cada noche con ella y hasta le hablaba; incluso hacían el amor, llegándose a enamorar locamente.
Se despertaba cada noche asustado y con muchos sudores; su obsesión era tan grande que apenas si dormía. 
Y se asomaba a verla, aunque la tenía con unas sábanas por encima.
Un día de primavera, se fue al parque a pasear muy relajado y extraño, con una paz tremenda y alegre; no sabía por qué, pero lo estaba.
Se cruzó con una preciosa mujer, con sus cabellos negros ondulados al azote del viento, que los acariciaba.
Ella lo miró de reojo, como diciendo: ¡Este es un loco! ¡Y aligeró el paso!
Abraham se quedó mirándola fijamente y se fue girando conforme ella iba pasando.
Firmando en su mente esos cabellos preciosos que llevaba, pero él no dijo ni palabra.
Se volvió inmediatamente hasta su taller, la descubrió y comprobó que su obra ya estaba completa, con esos cabellos vistos por él.
Él, sin darse cuenta, cada noche se levantaba y la fue formando inconscientemente.
Realmente era tan hermosa, que no fue capaz de deshacerse de ella, y en su pequeño jardín, que daba a la espalda de la puerta principal, allí en su centro, la puso y todos los días se sentaba frente a ella y le hablaba.
Todas las personas que la veían se quedaban enamoradas de esta estatua de mármol puro, blanco como la leche.
Y todos le hacían fotos, y terminó por hacerse muy famoso, aunque nadie pensaba que él era su escultor.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos de autor. 

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