lunes, 10 de octubre de 2022

**Casilda después de su fracaso vivido.

 Casilda, después de una larga huida, de un matrimonio fallido,

Por un mal vivir que su esposo le daba.
Decidió separarse y huir a Francia.
Aquí, en esta cafetería, escucha una conversación de otra pareja y hablan de ese amor tan bonito que ellos tienen.
Ella los mira de reojo y recuerda aquellos tiempos donde pudo ser feliz, pues solo lo fue en su noviazgo con su marido.
Ella suspira mientras sostiene una taza de café, y en sus piernas sostiene un libro, que ni lo mira siquiera.
Pronto recibirá una visita de un primo de Clara, una buena amiga, que se vino hace muchos años a vivir aquí.
Bueno, él ya viene bien informado por su prima, que le ha dado una foto suya.
Él, sus intenciones son enamorarla, pues le ha gustado mucho en la foto.
Casilda tenía muchas dudas en esta cita, pues pensó que no saldría nada bien; se levantó para marcharse y en ese instante apareció ese hombre fornido y fuerte y además tan guapo que casi se les caen hasta las braguitas al suelo. 
Se le aflojaron las piernas y se tuvo que sentar.
Su corazón latía a mil por hora.
 Él se le acercó mirándola a los ojos y dijo: "¿Qué tal estás?".
Ella no pudo ni contestar, pues no sabía qué parte de sus anchas espaldas mirar. 
Creyó desmayarse; él la cogió del hombro y dijo: "¿Estás bien?".
—¡Sí, perdona por un instante, creí que subí al cielo porque me había muerto! ¡Eres un ángel, ¿verdad?!
—Bueno, más o menos soy bombero, jajajá. 
Ella miró sus bíceps y parecían que iban a explotar. 
—Podemos pasear —dijo ella. —¿Claro que sí?
Así pasearon por la playa y él le respondió: "¿Sabes? Estoy enamorado de ti desde hace un año".  
¡Ajá, y cómo es eso!
Pues mi prima me dio una foto tuya, y me enamoré de ti.
 
Pasearon durante horas y se contaron todos sus aciertos y desdenes. 
Sobre las nueve, él le dijo: "¿Quieres comer?".
Ufffff, ella miró para arriba, que todo el cielo estaba lleno de estrellas, y con esos moritos deliciosos, le dijo:¿si me muero de hambre.? 

Allí, frente a ellos, en el paseo de la playa, estaba un gran restaurante de lujo. Entraron y, nada más entrar, todo iluminado, con unas lámparas superlujosas, y de pronto apareció el chef: "¿Van a cenar?". Él contestó: "¡Sí, por favor!". 
¡Por aquí, señor y señora!  
Se sentaron en una gran mesa de cristal, y ella le dijo a él: "¿Me excusas? Necesito ir al baño".
Un camarero que atento estaba le dijo: ¡Por aquí, señorita!
Ella entró en el baño, que era más grande que toda su casa, alucinando y soplando por el acontecimiento.
Pues ella era una mujer modesta y sencilla; jamás había visto tanto lujo junto ni en películas.
Entonces pensó: "UFF": "Yo no tengo dinero solo para el autobús, no sé qué hacer". 
Estuvo un ratito asimilando aquello y salió bien maquillada, aunque era tan bonita que no le hacía falta. 
Ella se sentó a su lado y le dijo bajito, e inclinando su cabeza hacia él: "Oye, ¿cómo te llamas?". ¡Juan!, ¡Juan, no tengo dinero para pagar esta cena! 
Él, casi rozándole con los labios, le susurró: "No te preocupes, que fregaremos todos los platos para pagarlo.
Ella soltó una carcajada, jajajá. ¡Perdón! —dijo ella.
El, como la vio tan preocupada por aquello, decidió tomar las riendas de la comanda.  
Aunque de todo lo más caro, él les iba preguntando si les gustaba o no, así que en dos minutos la mesa estaba llenita de deliciosos platos y el mejor vino.  
Bueno, se pusieron las botas comiendo y charlaron y rieron; fue una velada maravillosa. Tomó el mejor de los postres, y fue como una gran princesa; quedó coladita por él.
De pronto sonó una romántica melodía y él le dijo: "¿Vamos?". Se levantaron y entraron en otro salón contiguo; era una preciosa discoteca, y en esa penumbra bailaron varias canciones durante una hora más o menos?  
Ya ella se encontraba cansada, pues fue un día muy largo para ella. Él le dijo: "¿Estás cansada, verdad?". ¡Sí, bastante!
¿Quieres que nos vayamos? —¡Sí, por favor!
Ella pensaba que tendría que coger el tranvía de la una más, ya se temía lo peor; era demasiado tarde. 
Y al salir se asustó mucho; jamás estuvo tan de noche por las calles. 
Él, cuando se levantó, dijo a un señor que estaba en el fondo del restaurante: "¿Adiós, papá, ya hablamos?". ¡Vale!, a esto casi con señas, pues todavía había personas en él.   
Ella se quedó con la boca abierta, pues esa cena valdría más de mil euros.
Se sentaron por un instante en un banco del paseo; él le dijo: "¿Casilda, no te voy a dejar marchar ya tan tarde?". Así que te propongo que nos vayamos a mi casa, ¿vale? Pues te veo agotadísima. 
Ella dijo: "¡Gracias, estoy que me caigo de sueño!".
La tuvo que coger de la cintura, y a ella le parecía volar; no se dio ni cuenta, cuando de pronto ya estaba en una gran cama descansando.
Pues el mismo restaurante tenía un hotel de él.

De madrugada se hacía un pis y abrió la puerta, y allí descansaba aquel armario ropero... Hizo un pis y se volvió a su cama y ya hasta el día siguiente. 
Desayunaron y desde entonces jamás se separaron y fueron felices para siempre.
Enrique Nieto Rubio.
Derechos reservados.  

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